Matt Renshaw vuelve a brillar con un siglo desde el número seis
Matt Renshaw volvió a saborear un siglo internacional y lo hizo desde un lugar poco habitual para él: el número seis. En Harare, ante Zimbabwe, el zurdo firmó 109 de 94 bolas y lideró la victoria de Australia por 59 carreras en el primero de los tres ODI de la serie. Un regreso al protagonismo que llega, curiosamente, lejos de la nueva bola.
Era su primer siglo para Australia en cualquier formato desde 2017, cuando abrió la entrada y alcanzó los tres dígitos en Test ante Pakistán en el SCG. Desde entonces, un viaje largo: años fuera del equipo nacional, regreso reciente al cricket de Test y, ahora, un papel distinto en el formato de un día que empieza a encajar con su madurez.
El peso de no abrir
Renshaw no dudó en reconocerlo: quizá este siglo no habría llegado si hubiera salido de inicio.
“Más arriba en el orden me pongo un poco nervioso”, admitió con honestidad. Esa presión de ver la nueva bola, de marcar el tono desde la primera entrega, sigue siendo un examen distinto incluso para un bateador acostumbrado a abrir en Test.
En ODI, sin embargo, su historia es otra. Antes de Harare había disputado nueve partidos en la modalidad y en todos había caído más abajo en el orden. Esta vez, desde el seis, encontró un escenario hecho a su medida: campo más abierto, spinners en acción y la necesidad de sostener el ritmo sin precipitarse.
“Para mí, mi tempo cuando entro en los overs intermedios consiste en intentar encontrar los huecos, golpear donde no están los fielders”, explicó. Con la spin marcando ese tramo del juego, Renshaw se siente en casa. “Lo veo como mi fortaleza. Entendí muy bien mi rol. Me lo hizo realmente sencillo”.
El resultado fue una entrada madura, calculada, que combinó paciencia y agresividad. No fue solo un gran marcador; fue la sensación de un bateador que por fin parece haber encontrado el molde exacto para su juego en el cricket de un día.
De Mackay a Harare, y rumbo a Sudáfrica
El siglo en Harare llega en un momento dulce para Renshaw. El mes pasado regresó al equipo de Test tras tres años de ausencia y volvió a su oficio clásico: abrir la entrada en la victoria por entrada de Australia ante Bangladesh en Mackay.
Allí, de nuevo como opener, respondió en el formato largo. En Harare, transformó su rol. Dos papeles distintos, un mismo mensaje: está preparado para pelear por un sitio estable en todas las modalidades.
Los seleccionadores también lo han leído así. Renshaw figura en la lista de Australia para la próxima serie de Test contra Sudáfrica, una gira siempre exigente, siempre reveladora. El calendario es claro: Durban del 9 al 13 de octubre, Gqeberha del 18 al 22 y Cape Town del 27 al 31.
Tres plazas históricas, tres exámenes para un bateador que acaba de recordar al mundo que aún tiene siglos en el bate.
Antes, eso sí, queda trabajo en Harare. El siguiente ODI ante Zimbabwe se disputará el viernes, en el mismo escenario donde Renshaw se reencontró con los tres dígitos. Ahora la incógnita es otra: ¿seguirá construyendo su futuro en el medio orden o volverá a abrir la puerta de la apertura?




