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Moses Itauma cae en su primera pelea por el título mundial: Hrgovic remonta

Moses Itauma se estrella en su primera noche por el título mundial: Hrgovic firma una remontada brutal

La primera derrota siempre duele. Pero cuando llega en una pelea por el título mundial IBF de los pesos pesados, duele el doble y hace ruido en todo el planeta boxístico. Moses Itauma, joya invicta del boxeo británico, vio cómo su 14-0 se convertía en 14-1 en una noche que empezó como coronación y terminó como advertencia.

Durante más de medio combate, el guion parecía escrito para la gloria. Con solo 21 años, Itauma mandaba sobre Filip Hrgovic, marcando el ritmo, ganando asaltos y acercándose a lo que muchos veían como su primer cinturón mundial. Se le veía suelto, rápido, confiado. Parecía un veterano ante un aspirante, no al revés.

Hasta que el depósito se vació.

A partir del ecuador, el británico empezó a mostrar signos claros de fatiga. Las manos regresaban tarde a la guardia, las combinaciones perdían precisión y las series se convertían en golpes amplios, desesperados, lanzados con más corazón que cabeza. Hrgovic, superviviente nato, olió sangre.

El croata, que venía con la cicatriz de haber perdido su anterior oportunidad por el mismo título IBF hace dos años ante Daniel Dubois, se negó a irse en silencio. Aguantó cuando Itauma brillaba, esperó su momento y, cuando el joven empezó a quedarse sin aire, apretó el acelerador.

El noveno asalto fue el punto de ruptura. Itauma terminó contra las cuerdas, literalmente, mientras Hrgovic descargaba una andanada de golpes. La presión ya no era solo deportiva, era física y mental. El árbitro se acercó, listo para intervenir. Al mismo tiempo, desde la esquina del británico voló la toalla blanca. Doble rendición técnica: la del tercer hombre en el ring y la de un equipo que decidió proteger a su boxeador antes de que la noche terminara en tragedia.

Victoria de remontada para Hrgovic. Derrota devastadora para Itauma. Silencio incrédulo en muchos salones y bares donde se veía la pelea.

Las redes sociales estallaron de inmediato. El veterano periodista Ariel Helwani escribió que estaba “en estado de shock”, subrayando que Itauma había ganado todos los asaltos hasta que “se vació por completo” y defendiendo la decisión de la esquina de tirar la toalla. Andreas Hale fue directo al diagnóstico: talento y pegada, sí; tanque de gasolina, no.

Las voces del ring tampoco se quedaron calladas. Chris Eubank Jr, siempre atento a las grandes noches, apuntó al corazón del problema: Itauma se quedó sin fondo a una edad en la que eso no debería suceder. Para él, es momento de replantear el tipo de preparación y de campamento. Shakur Stevenson, más conciliador pero igual de claro, vio en el tropiezo una lección: un joven con potencial de campeón que lanza cada golpe “a 100 mph”, algo tan espectacular como peligroso en el peso pesado, donde la gestión de energía es casi tan importante como la potencia.

Las imágenes posteriores a la pelea encendieron aún más las alarmas. En los vídeos que circularon en redes, se veía a Itauma incapaz de mantenerse en pie por sí mismo. Terminó abandonando el recinto en camilla, una escena que reforzó la sensación de que la decisión de la esquina llegó a tiempo, quizá incluso tarde.

Para Hrgovic, en cambio, la noche fue un giro radical en su historia reciente. Su récord se eleva ahora a 21-1 y, con este triunfo, recupera todo el impulso perdido tras aquella derrota ante Dubois por el mismo cinturón IBF. De golpe, vuelve a la primera fila del peso pesado. Y lo hace con un relato poderoso: el veterano que resiste el vendaval del joven prodigio y lo voltea cuando la pelea entra en la zona oscura del cansancio y la experiencia.

El horizonte se abre de nuevo para el croata. Un posible desquite con Daniel Dubois, ahora dueño del cinturón WBO en el peso pesado, asoma como una opción lógica y jugosa. Un combate de unificación que mezclaría revancha personal, oro mundial y un nuevo capítulo en una división que vive pendiente de cada sacudida.

Para Moses Itauma, la historia es distinta, pero no definitiva. Perdió su invicto, perdió su primera oportunidad mundialista y se marchó en camilla. Lo que no perdió, al menos según coinciden muchas voces, es el aura de futuro campeón. La pregunta ya no es solo cuánto talento tiene, sino cuánto aprenderá de una noche en la que lo tuvo todo en la mano… hasta que se quedó sin aire.