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Muchova y Mensik conquistan el US Open de dobles mixto

Karolina Muchova y Jakub Mensik se llevaron el título de dobles mixto del US Open como se ganan las historias que se recuerdan: salvando dos puntos de partido, aguantando bajo los focos y cerrando con un cañonazo. Un ace a 131 mph del checo en el tercer punto de campeonato puso el broche a un 6-3, 1-6 y 10-6 ante Belinda Bencic y Flavio Cobolli y les entregó, además del trofeo, un premio de un millón de dólares.

No es solo su primer Grand Slam. Es también la culminación de un pequeño milagro deportivo.

Hace poco más de seis semanas, Muchova perdía la final de Wimbledon ante su compatriota Linda Noskova. Después, parón obligado: una “pequeña cirugía” y ausencia total de competición. Hoy, con 30 años, reaparece en uno de los escenarios más ruidosos del tenis y se marcha con un título mayor bajo el brazo.

A su lado, un debutante absoluto en la modalidad. Mensik, semifinalista este año en Roland Garros en individuales, jamás había jugado dobles mixto. No le hizo falta experiencia. Le bastó con su servicio. En la final, cuando la tensión podía encoger el brazo de cualquiera, el suyo se hizo más grande.

De los puntos de partido al título

El camino hasta el trofeo tuvo poco de cómodo. Muchova y Mensik ya habían coqueteado con la eliminación en semifinales, cuando se vieron contra las cuerdas ante Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, y Andrey Rublev. Ahí también sobrevivieron a puntos de partido antes de imponerse 5-4 (8-6), 3-5 y 11-9 en un formato comprimido que no perdona desconexiones.

La otra semifinal siguió el mismo guion de tensión: super tie-break a 10 puntos. Bencic y Cobolli se impusieron 10-5 a Elina Svitolina y Gael Monfils, dejando a la pareja ucraniano-francesa sin la opción de convertirse en el primer matrimonio campeón de dobles mixto de Grand Slam desde 1939. No habrá revancha: Monfils se retirará al final de la temporada.

En la final, el duelo fue un vaivén. Muchova y Mensik se llevaron el primer set con autoridad, 6-3, pero se desmoronaron en el segundo, 1-6, ante una Bencic agresiva y un Cobolli muy suelto desde el fondo. Todo quedó reducido al super tie-break. Allí emergió de nuevo el servicio de Mensik, que marcó la diferencia cuando el partido ardía.

El último punto fue una declaración de intenciones. Tercer punto de campeonato. Silencio en la pista. Y un misil a 131 mph, inalcanzable, directo a la historia compartida de una pareja improvisada.

Una pareja que se entiende… hasta con el color

El título tiene, además, un toque de complicidad. Muchova y Mensik saltaron a la pista con equipaciones granate a juego. Una decisión pactada, no sin antes una escena curiosa: ella tuvo que explicarle a su compañero de 20 años qué era exactamente ese color.

Sobre la pista, el entendimiento fue mucho más rápido. Mensik lo resumió con naturalidad tras el triunfo: lo importante, dijo, no fue solo el título, sino la calidad de los partidos que disputaron y la cantidad de variantes que se atrevieron a probar. Esa sensación de haber experimentado, de haber ampliado recursos, les deja algo más que un trofeo: un impulso de confianza para el resto del torneo.

No es un detalle menor: los ocho semifinalistas del dobles mixto disputarán también el cuadro principal individual del US Open, que arranca el domingo. La semana de exhibición se ha convertido, para muchos, en un banco de pruebas de lujo sobre las grandes pistas.

Un formato acelerado que ya no pasa desapercibido

Este “nuevo” dobles mixto del US Open no convence a todos. Hay quien no digiere que un título de Grand Slam se decida en menos de 48 horas, con partidos comprimidos y super tie-breaks que concentran la tensión en un puñado de puntos.

Pero el torneo ha ganado algo indiscutible: visibilidad. El dobles mixto ha dejado de ser un entretenimiento para quienes compran entradas de acceso general. Las semifinales y la final se han jugado en sesión nocturna, bajo los focos, con gradas llenas y una audiencia televisiva muy superior a la de la vieja fórmula.

La apuesta tiene consecuencias. Incluso con la introducción de una fase previa específica este año, los doblistas puros siguen contando con pocas plazas en un cuadro cada vez más pensado para atraer a las grandes figuras del individual. Los que entran, sin embargo, juegan por un premio cinco veces superior al de la etapa anterior. Y el bote para los dobles masculino y femenino, todavía territorio de especialistas, también ha crecido hasta equipararse al del mixto.

Los jugadores de individuales, por su parte, disfrutan del formato. Les permite tomar contacto temprano con las pistas principales, medir sensaciones, probarse bajo presión real sin el desgaste de un cinco sets. Pero el dobles mixto nunca será su prioridad absoluta. Iga Swiatek, Frances Tiafoe y Daniil Medvedev se borraron a última hora: los dos primeros, para descansar tras una gira exigente; el ruso, porque necesitaba más partidos de preparación en individuales antes del gran reto en Nueva York.

La organización, sin embargo, mira más arriba. Si la United States Tennis Association consigue juntar parejas del calibre de Serena Williams con Carlos Alcaraz, o Aryna Sabalenka con Novak Djokovic, dará por cumplida su misión: convertir el dobles mixto en un escaparate de estrellas, no en un torneo de nicho.

Fan Week: nueve días de espectáculo antes del primer saque

Todo forma parte de una Fan Week que ya no es un simple aperitivo, sino un festival alrededor del tenis. Roger Federer se subió a la pista en una exhibición junto a Andre Agassi, John McEnroe y Andy Roddick. Amanda Anisimova y Alexandra Eala participaron en el evento “Stars of the Open” el jueves por la noche. Y antes de que se golpeara una sola bola oficial, The Lumineers ya habían encendido el Louis Armstrong Stadium con un concierto el viernes anterior.

Nueve días de ruido, luces y nombres propios antes de que el cuadro principal dé el pistoletazo de salida.

En medio de ese torbellino, una pareja checa, uno recién operada, el otro novato en la modalidad, se abre paso entre puntos de partido salvados y tie-breaks al límite para levantar un Grand Slam. El nuevo US Open quiere historias rápidas, intensas, hechas para la televisión global.

Muchova y Mensik acaban de escribir una de las primeras. La pregunta es quién se atreverá a seguirles el ritmo.