Nikita Tszyu y Ben Mahoney: Una pelea épica y la revancha inevitable
Nikita Tszyu sobrevive a su “jefe final” Mahoney… y abre la puerta a una revancha inevitable
En la Costa Dorada no hubo coronación. Hubo dudas, abucheos y una noche que cambió el rumbo de dos carreras.
Nikita Tszyu llegó al Gold Coast Convention and Exhibition Centre con un plan claro: superar a su “jefe final” Ben Mahoney, limpiar el camino hacia una serie de megapeleas y, sobre todo, colocarse a tiro del campeón IBF del superwelter, Josh Kelly. Salió con la mano en alto, sí. Pero también con el futuro en el aire.
Tras 12 asaltos salvajes, la eliminatoria mundial se resolvió con una decisión dividida que encendió al público local: 117-111 para Tszyu, 115-113 para Mahoney y 114-114. Una tarjeta para cada lado y un empate en el tercero. Matemáticas frías para una noche caliente.
Lo más llamativo llegó después del veredicto. El propio Tszyu, número 5 del mundo, miró a las cámaras de Main Event y desnudó la realidad.
“Le di la pelea a Ben. Fue una pelea dura. Le di quizá una o dos rondas más. Fue cerrada, pero pensé que él la había ganado”, admitió.
Mahoney, ovacionado, coincidió: “Creo que gané esa pelea. Pensé que terminé muy fuerte. Creo que me llevé esos dos últimos asaltos… Todo el respeto para Nikita, es un guerrero”.
El público no necesitó micrófono para dejar clara su opinión. La bronca fue inmediata. El héroe de casa, el no favorito, había dado la pelea de su vida. Y no le alcanzó.
Una guerra de 12 asaltos
El combate arrancó con Mahoney decidido a romper el guion. Desde el primer asalto se plantó en el centro del ring, soltó manos pesadas y se alimentó de los cánticos de “Benny, Benny, Benny” que caían desde las gradas. Tszyu, más calculador, empezó a invertir en el cuerpo del de Queensland, consciente de que la noche prometía ser larga.
En el segundo asalto hasta el árbitro acabó en la lona tras un resbalón, arranque de sonrisa en el rostro de Tszyu, pero la tregua duró un suspiro. Los dos volvieron a intercambiar golpes sin concesiones.
El tercer asalto marcó un punto de inflexión. Un choque de cabezas abrió una herida en el ojo de Tszyu. Sangre, visión comprometida y un nuevo problema para el favorito, que aun así cerró el round con un derechazo pleno al rostro de Mahoney que le dio aire en las tarjetas y, sobre todo, en la confianza.
Desde ahí, el menor de los Tszyu empezó a tomar cierta iniciativa. No dominó a placer, pero sí encontró mejores ángulos, castigó el torso y comenzó a frenar el ímpetu del local. La pelea, sin embargo, nunca se rompió. Cada vez que parecía que Nikita encontraba una brecha, Mahoney respondía con combinaciones duras arriba.
En el noveno, un golpe bajo de Mahoney forzó una pausa y una advertencia del árbitro. Tszyu aprovechó esos segundos para recomponerse. Mahoney, en cambio, salió del parón con la mirada de quien sabe que el reloj corre en su contra.
En la esquina del de Queensland, Josh Arnold le lanzó una frase que lo resumía todo: “Tienes cuatro asaltos para cambiar tu vida”. El mensaje surtió efecto. Mahoney apretó el acelerador, se vació en intercambios y buscó girar la pelea en la recta final.
En el undécimo, un resbalón de Mahoney le dejó expuesto y Tszyu no perdonó: ráfaga al cuerpo, más castigo, más desgaste. El último asalto fue pura épica. Arnold le recordó a su pupilo por qué estaba ahí: “Esto es por tu hija”. Mahoney levantó los brazos, pidió ruido al público y se lanzó a por todo.
No le alcanzó en las tarjetas. Pero sí para ganarse algo que no se compra: respeto.
“Dos guerreros en la Costa Dorada”, resumió el comentarista Ben Damon. “Una pelea de eliminatoria mundial a la altura de su cartel”.
El excampeón Danny Green se rindió ante ambos: “Pelea sobresaliente. Ben Mahoney, quítate el sombrero… eres un boxeador de clase mundial y lo has demostrado otra vez. Nikita… has conquistado esos 12 asaltos contra un rival de nivel mundial. El futuro es muy brillante”.
Y, sin embargo, la frase que flotó en el aire fue otra. La de Damon: “Creo que necesitamos una revancha”. Green asintió: “Para mí sería justo para ambos”.
La IBF tiene ya un aspirante oficial. Pero el público, y buena parte del mundillo, quiere ver esta historia una vez más.
Mazoudier sobrevive al susto y mantiene vivo el sueño Charlo
Antes del drama de Tszyu–Mahoney, la velada ya había dejado un aviso serio sobre los riesgos de mirar demasiado lejos.
Koen Mazoudier, con una cita pendiente ante Jermall Charlo, se jugó mucho más que una pelea al aceptar a Sam Beck como rival. El australiano de 30 años se encontró con un examen brutal a diez asaltos que por momentos amenazó con dinamitar su gran oportunidad.
El resultado final: victoria por decisión mayoritaria para Mazoudier, con tarjetas de 95-95, 97-93 y 96-94.
“Es un riesgo enorme para Mazoudier, pero una pelea increíble. Quitaos el sombrero”, soltó Ben Damon. Danny Green completó el elogio: “Actuación fenomenal de ambos”.
Las cifras explican el castigo: 526 golpes conectados entre los dos, más de 150 de ellos al cuerpo de Beck. Una paliza compartida.
Mazoudier pagó un precio alto. Para el tercer asalto ya lucía el ojo hinchado por manos pesadas de Beck. En el sexto, el underdog le voló el protector bucal con un uppercut perfecto seguido de un zurdazo que Green calificó sin dudar: “Dos de los mejores golpes de la pelea”.
Mazoudier y Charlo ya debían haberse enfrentado en la cartelera de Tim Tszyu vs Errol Spence, cancelada cuando al estadounidense le denegaron el visado. El australiano sabe que, si quiere aprovechar esa segunda oportunidad, tendrá que mostrar otra cara.
“Necesito estar mucho mejor que eso contra Charlo, fue una actuación pobre”, reconoció sin rodeos. Y lanzó el desafío: “Nos fallaron, se suponía que iban a venir aquí. Me encantan las historias de no favorito. Volvamos a su patio trasero y quitémoselo”.
El riesgo no le costó la pelea. Pero le dejó una advertencia grabada en el rostro.
Kirra Ruston y un récord que mete miedo
Si la pelea estelar se decidió por centímetros, lo de Kirra Ruston fue lo contrario: una declaración de intenciones en apenas un asalto.
El australiano aplastó a Saundre Simmons con otra demostración de poder para prolongar un registro que ya asusta: diez combates, diez victorias por TKO.
Tras un inicio cauteloso, Ruston olió la sangre a falta de un minuto para el final del primer asalto. Un gancho de derecha demoledor mandó a Simmons a la lona. El bermudeño se levantó, pero solo para recibir una lluvia de golpes que lo dejó clavado en las cuerdas hasta que el árbitro detuvo la pelea.
“¡Un asalto total!”, explotó Damon. “Es algo especial”.
Simmons protestó con furia, convencido de que podía seguir, aunque Green apuntó que aún estaba “medio tambaleante” mientras hablaba con el árbitro.
Ruston, lejos de la euforia descontrolada, lanzó otro mensaje: quiere más.
“No esperaba que fuera en el primer asalto. ¡Pónganme de nuevo ya, estoy listo! Si él quería seguir más tiempo, que le hubieran dejado seguir”, dijo.
En la mesa de Main Event, Pete Badel no dudó: espera verlo pronto peleando por un título mundial. Tiene 28 años, pegada devastadora y un estilo que enamora a las cadenas. Todo encaja.
Grach vuelve a tumbar a Pluto y descoloca a Danny Green
En el peso pesado, Brandon Grach e Ike “From” Pluto firmaron otra batalla de las que se quedan en la memoria.
Un mes después de que Grach aceptara a Pluto con solo 24 horas de aviso en la cartelera de Tim Tszyu vs Errol Spence y lo derrotara, el “Bull” repitió triunfo, esta vez por decisión dividida: 58-55, 56-57, 57-56.
La pelea fue dura, sucia por momentos, con Grach acabando ensangrentado tras una serie de golpes tardíos que le abrieron un corte sobre el ojo en el asalto final. El detalle que inclinó la balanza fue claro: un zurdazo demoledor en el segundo round que mandó a Pluto a la lona, la única caída de toda la contienda.
Lo curioso es que Danny Green veía otra cosa. “Ha conectado los golpes más limpios”, dijo sobre Pluto en los compases finales. Después del veredicto, dobló la apuesta: “Voy a decirlo, creo que Pluto fue el mejor boxeador esta noche”.
Los jueces no le siguieron. Grach, exhausto, se quedó con la victoria y con una frase que resume al rival: “Todo el mérito para Ike from Pluto, viene de otro planeta y pelea como si fuera de otro planeta”.
Rahim Mundine sigue invicto bajo la mirada de su padre… y de su viejo enemigo
En la cartelera preliminar, el apellido Mundine volvió a sonar fuerte.
Rahim Mundine, hijo de la leyenda del NRL y del boxeo Anthony, extendió su invicto a 4-0 con una victoria unánime sobre Jae Larsen. Las tarjetas (52-45, 49-46, 48-47) reflejaron una pelea en la que “The Dream” empezó mejor y se fue apagando físicamente en los últimos asaltos, aunque sin dejar escapar el triunfo.
Rahim, que soñó con una carrera en el rugby league hasta que una lesión de cadera lo empujó hacia el ring, tuvo un escenario muy particular: en primera fila, su padre… y Danny Green, el eterno rival de Anthony, ahora convertido en analista y consejero a pocos metros de distancia.
Fue apenas su segunda pelea televisada, tras la polémica victoria ante Lance McDonald en mayo. Pero cada aparición lo acerca un poco más a salir de la sombra del apellido y construir el suyo.
La sombra del hermano mayor
En paralelo a todo lo que ocurrió sobre el ring, la noche dejó un detalle que alimenta otra narrativa: la de los hermanos Tszyu.
Tim Tszyu, que viene de vencer a Errol Spence Jr en Sídney hace un mes, no estuvo en la Costa Dorada para la gran noche de Nikita. En redes sociales envió un mensaje de apoyo… selectivo.
“Buena suerte a los chicos que pelean. Con ganas de ver a Koen, Kira, Callum y Wells”, escribió en su historia de Instagram. Ni una mención a Nikita.
El menor de los Tszyu sí había estado en la última pelea de Tim, pese a los rumores de tensión entre ambos. El silencio del mayor añade una capa extra de intriga a una familia que domina el boxeo australiano… y que ahora parece caminar por sendas cada vez más separadas.
¿Y ahora qué para Nikita?
La noche estaba diseñada para que Nikita Tszyu saliera con una etiqueta clara: próximo retador mundial, futuro campeón, estrella en ascenso camino a Estados Unidos y a nombres como Keith Thurman. Su propio equipo ha hablado de título mundial en los próximos 12 meses.
La victoria, oficialmente, mantiene ese plan en pie. La realidad, en cambio, pide pausa.
Mahoney, invicto hasta hoy, rompió el libreto, llevó al límite al favorito y dejó a buena parte del público convencida de que había hecho lo suficiente para ganar. Tszyu, con el rostro marcado y la sinceridad de quien sabe que ha estado a un paso del abismo, lo reconoció abiertamente.
La eliminatoria IBF ya tiene resultado. Pero la pelea que todos quieren ver no es solo Tszyu contra Josh Kelly. Es Tszyu contra Mahoney, una vez más, sin dudas, sin interrogantes.
La pregunta, ahora, no es si Nikita está listo para el título mundial. La pregunta es otra: ¿se atreverá a cerrar primero la herida que dejó abierta esta noche en la Costa Dorada?




