La nueva arma de Inglaterra: el wobble seam de Josh Tongue
La tarde en Edgbaston tuvo algo de laboratorio y algo de demolición. Inglaterra volvió a recurrir a su cuarteto de seamers y, otra vez, la combinación funcionó como un mecanismo afinado: Pakistán, 133 todo fuera, por quinta entrada consecutiva sin alcanzar siquiera los 200.
En el centro del experimento, Josh Tongue. No solo por sus cuatro wickets, sino por la forma en que los consiguió. El rápido inglés presentó en sociedad su “wobble seam”, una variante trabajada lejos del foco público, pulida en sesiones de entrenamiento y perfeccionada con la ayuda de Ollie Robinson. La primera vez que la probó en partido, cayó un wicket. Instantáneo. Letal.
“He hablado bastante con Robbo sobre ello”, explicó Tongue, que terminó con cuatro víctimas mientras los otros seis wickets se repartieron entre Robinson y Jofra Archer. Robinson, maestro de esa costura inestable a lo largo de la serie, ha sido el tutor; Tongue, el alumno aplicado que quiere ampliar su repertorio: “Probé un par de cosas en el entrenamiento el otro día. Era la primera vez que lo lanzaba en un partido y me dio un wicket, así que lo seguiré usando. Quiero tener más recursos bajo el brazo”.
El trabajo colectivo se notó desde el primer over. La bola se movía lateralmente, la superficie ofrecía vida y el cielo encapotado hacía el resto. Pakistán, que perdió el sorteo, se encontró atrapado en un escenario perfecto para los seamers ingleses y pagó cada error. Hubo algo más que condiciones: hubo disciplina, paciencia y una presión constante que no dio respiro.
Pese al dominio, el marcador no permite relajaciones. Inglaterra cerró la jornada con 156 por cuatro, 23 carreras por delante con seis wickets en mano. Una ventaja, sí, pero todavía lejos de ser definitiva. Tongue lo sabe y no se esconde: “La primera hora de mañana va a ser muy importante. Tenemos que pasar ese primer tramo”.
Del lado paquistaní, Saud Shakeel fue el que más aguantó la tormenta con un 43 que sostuvo, como pudo, una alineación de bateo que atraviesa una serie para el olvido. Cinco entradas, cinco veces por debajo de 200. Un patrón que ya no se puede maquillar.
“Al principio, cuando perdimos el sorteo, el pitch tenía algo de humedad y las condiciones nubladas ayudaron también a sus bowlers”, reconoció Shakeel. “Tuvimos algunas salidas blandas y no pudimos recuperarnos. Pero empezamos bien con la bola y, si podemos sacarlos rápido, tenemos una buena opción de volver al partido”.
Es un mensaje de resistencia más que de euforia. El propio Shakeel admite la realidad sin rodeos: “Estamos trabajando duro, no es que no lo intentemos. Hay mucho movimiento lateral y no estamos acostumbrados a enfrentarnos a eso, pero estamos haciendo lo mejor que podemos. No digo que nuestro grupo de bateo no haya sufrido, lo hemos aceptado. Las condiciones han sido difíciles. Los bowlers han estado por encima”.
Entre las sombras, Pakistán encontró al menos una chispa: Razaullah. Solo 21 años, apenas su noveno partido de primera clase, pero un impacto inmediato. Ritmo crudo, acción incómoda y la sensación de que cada bola podía traer algo. Se llevó los wickets de Emilio Gay —uno de los dos medio centuriones ingleses junto al invicto Harry Brook— y de Joe Root, nada menos.
Shakeel ya lo había visto una sola vez en el cricket doméstico, pero el veredicto fue claro: “Tiene ritmo puro y una acción difícil, y esperamos que siga lanzando así. Con los bowlers muy rápidos, aunque no hayan jugado mucho cricket de primera clase, no importa. Su talento en bruto y su velocidad son útiles, y lo vimos hoy”.
Mientras Inglaterra afila una nueva arma en su arsenal de seam y consolida una identidad basada en la agresión inteligente, Pakistán pelea contra un problema más profundo: una alineación de bateo que no termina de adaptarse al movimiento lateral ni a la intensidad de esta serie. La estadística de las cinco entradas no engaña.
La ecuación de mañana es sencilla y brutal. Si los seamers ingleses prolongan su dominio y el “wobble seam” de Tongue vuelve a encontrar el borde del bate, la brecha puede hacerse insalvable. Si, en cambio, Razaullah y compañía logran un golpe temprano y arrancan el corazón del medio orden inglés, Edgbaston puede despertar con un test match totalmente distinto.
La serie, y quizá la confianza de todo un grupo de bateo paquistaní, penden de esa primera hora.




