Los nuevos Hawks: profundidad y defensa para no dejar escapar la oportunidad
Atlanta salió del último curso con una sensación amarga: 46-36, sexto del Este, 2-1 arriba ante New York en primera ronda… y eliminados. A un paso de algo grande, pero otra vez fuera demasiado pronto. Este verano, la franquicia no se ha escondido. Ha cambiado de era, ha doblado la apuesta por la defensa y ha rodeado a su nueva estrella con una rotación tan larga como competitiva.
Han llegado Luguentz Dort, Kingston Flemings, Zuby Ejiofor, Ryan Nembhard, Henri Veesaar y Aaron Wiggins. Nombres que no llenan titulares como un gran traspaso de superestrella, pero que encajan con una idea muy clara: un equipo duro atrás, versátil en el perímetro y con tiro exterior suficiente para castigar a cualquiera.
Jalen Johnson, la nueva cara de la franquicia
La temporada pasada confirmó lo que en Atlanta sospechaban: Jalen Johnson ya no es una promesa, es el eje del proyecto. All-Star por primera vez, incluido en el mejor quinteto de la liga, y unos números que hablan solos: 22,5 puntos, 10,3 rebotes, 7,9 asistencias y 1,2 robos por noche. Producción de estrella total, impacto en las dos orillas y una sensación constante de control del juego.
A su lado, Nickeil Alexander-Walker dio el salto que cambia carreras. Se llevó el premio a Jugador Más Mejorado con 20,8 puntos, 3,7 asistencias y 3,4 rebotes, tirando con una eficiencia de élite: 45,9% en tiros de campo, 39,9% en triples, 90,2% en libres. Un exterior que anota, crea y se ha ganado la confianza para decidir partidos.
Y todavía hay más puntos. CJ McCollum, el veterano que llegó en el traspaso de Trae Young, firmó 18,7 tantos de media y cambió el presente del equipo: con él en pista, Atlanta cerró la fase regular con un 27-14 que los catapultó del noveno al sexto lugar en el Este. Tres jugadores rondando los 20 puntos por partido. Tres focos ofensivos reales.
Una defensa de perímetro que muerde
La identidad se ve rápido: Dyson Daniels, Alexander-Walker y Dort forman un perímetro que presiona, roba y castiga errores. Quin Snyder quiere eso: una defensa que fuerce pérdidas y convierta cada recuperación en carrera. Ritmo alto, transición y una lluvia constante de triples. El objetivo es claro: acercarse a los 40 lanzamientos de tres por noche.
El posible quinteto inicial con McCollum, Alexander-Walker, Daniels, Johnson y Onyeka Okongwu (15,2 puntos, 7,6 rebotes, 3,1 asistencias) mezcla creación, tamaño y energía. Okongwu da presencia interior y movilidad, Johnson es el comodín total, y el resto aprieta líneas y abre la pista.
Y ahí entra en juego el verdadero lujo de estos Hawks: el banquillo. Si Snyder apuesta por ese cinco, se guarda a Dort, Wiggins, Jock Landale, Ejiofor, Flemings, Asa Newell, Buddy Hield, Corey Kispert y Ryan Nembhard. Un abanico de perfiles que le permite adaptar la rotación a cada rival y a cada emparejamiento. Más físico, más tiro, más tamaño o más manejo de balón, según lo pida el partido.
La base ya es sólida: el curso pasado acabaron 14º en eficiencia ofensiva y 10º en defensiva. Nada espectacular, pero sí el suelo de un equipo serio. Y con un dato que invita a pensar en algo mayor.
El dato que lo cambia todo
11,0. Esa es la cifra que define el salto de Atlanta tras el All-Star. Los Hawks fueron 11 puntos por 100 posesiones mejores después del parón que antes: de un -1,3 (19º de la liga) a un +9,7 (4º). Ningún equipo en los últimos 27 años había mejorado tanto en la segunda mitad de una temporada.
El calendario les ayudó. Solo ocho de sus 20 victorias tras el All-Star llegaron ante equipos con récord ganador. Pero el cambio no fue solo de rivales: fue de estructura, de jerarquías, de confianza. Con McCollum en la alineación, el equipo encontró orden, calma en finales apretados y un equilibrio que no tenía.
Y cuando llegaron los Playoffs, Atlanta dejó una señal que no conviene olvidar: ganó dos partidos a los Knicks, campeones posteriores, más victorias que sumaron el resto de rivales de New York en toda la postemporada (solo una). Se cayeron en primera ronda, sí, pero dejaron claro que no están tan lejos.
Aaron Wiggins, el tapado perfecto
Si hay un nombre que puede romper el guion esta temporada es el de Aaron Wiggins. En Oklahoma City fue pieza importante en el anillo de 2025 y en las Finales del Oeste de 2026, pero siempre desde un rol limitado. En cinco temporadas con los Thunder nunca pasó de los 24,2 minutos por partido, y solo una vez firmó dobles dígitos en anotación: 12,0 puntos en 2024-25.
Sus porcentajes, sin embargo, gritan que hay más ahí: 48,7% en tiros de campo y 38% en triples en su carrera. Un perfil ideal para lo que pide Snyder: un jugador que abre la pista, ataca espacios y castiga defensas que se hunden sobre Johnson o colapsan sobre las penetraciones de Alexander-Walker.
Atlanta fue un buen equipo de tres puntos el año pasado, pero necesita más eficiencia. Wiggins encaja justo en esa grieta. Si recibe más minutos en una rotación profunda, tiene todo para convertirse en el típico sexto hombre que cambia partidos desde la segunda unidad. No es el fichaje más ruidoso del verano, pero puede acabar siendo el más valioso.
Quin Snyder y el rompecabezas de la rotación
El primer gran reto del training camp está claro: elegir un quinteto titular y ordenar una rotación que tiene piezas de sobra. La estadística empuja hacia una base reconocible: el año pasado, McCollum, Alexander-Walker, Daniels, Johnson y Okongwu firmaron un balance de 20-10 y un net rating de +20,3 cuando compartieron pista. Dominio puro.
Ahora, a ese bloque se suman Dort y Wiggins, dos jugadores que pueden reclamar minutos importantes. Snyder deberá decidir quién encaja mejor desde el salto inicial y quién potencia más al equipo saliendo desde el banquillo. No es un problema, es un lujo… pero mal gestionado puede convertirse en ruido.
Los focos también apuntan al novato Kingston Flemings, elegido en el Draft en zona de lotería. El alero tendrá la oportunidad de aprender de cerca de McCollum y de probarse en pretemporada ante defensas NBA reales. Su curva de aprendizaje marcará cuánto puede aportar ya este año y cuánto habrá que esperar.
Detrás de Johnson, el puesto de ala-pívot suplente se presenta como otra batalla abierta. Mouhamed Gueye, Asa Newell y Zuby Ejiofor compiten por esos minutos. Tres perfiles distintos, tres caminos para dar descanso a la estrella interior del equipo sin que se desplome la energía ni la intensidad defensiva.
Un calendario con fechas subrayadas
El curso regular ofrecerá pruebas muy concretas del techo real de estos Hawks.
El 21 de octubre, en casa ante Orlando Magic, se abre fuego en un duelo directo por el poder en la Southeast Division. El año pasado, los cuatro primeros del grupo terminaron separados por solo tres partidos, y Hawks y Magic acabaron 1º y 2º. Partido de mensaje.
El 29 de noviembre llega la visita de New York Knicks. El recuerdo de la serie de 2026 sigue fresco: Atlanta se puso 1-0 y 2-1, y en ningún momento los Knicks parecían un futuro campeón. Tres victorias seguidas de New York después, un solo tropiezo en las siguientes tres rondas… y anillo. Noche de revancha emocional en Atlanta.
El 1 de febrero, todos los focos apuntarán a Washington. Será el primer regreso de Trae Young a la ciudad desde el traspaso. Más allá de lo deportivo, será un examen al cierre de una etapa y a la aceptación definitiva de la nueva cara de la franquicia.
Una semana más tarde, el 8 de febrero, Miami Heat visita Atlanta en un duelo que puede valer medio liderato de división. Llega justo antes del cierre del mercado el día 11, con todos los rumores encendidos y las direcciones deportivas tomando notas.
Y el 4 de abril, ya con la temporada entrando en la recta final, los Hawks se medirán a Philadelphia 76ers en el que será su octavo partido fuera de casa en una serie de 11. Un tramo durísimo que pondrá a prueba la profundidad de la plantilla y la solidez mental del grupo ante una de las plantillas más cargadas de estrellas de la liga.
Atlanta ya sabe lo que es rozar algo grande y soltarlo. Ahora tiene una estrella en pleno ascenso, un perímetro que defiende como pocos, tiro exterior por todas partes y un banquillo que obliga a su entrenador a tomar decisiones difíciles. La pregunta ya no es si los Hawks pueden competir. Es si están preparados para, esta vez, no dejar escapar la oportunidad.




