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NWSL elimina la regla High Impact Player tras acuerdo histórico con el sindicato

La National Women’s Soccer League acaba de mover una pieza clave en el tablero de su futuro. La liga y la NWSL Players Association alcanzaron un acuerdo para desmontar los criterios restrictivos de la controvertida regla High Impact Player (HIP), lo que abre la puerta a que cualquier futbolista pueda acceder a los salarios más altos del campeonato.

No es un ajuste menor. Es un cambio de modelo.

De etiqueta de élite a categoría abierta

La regla HIP nació a finales del año pasado como respuesta a una fuga de talento hacia Europa, donde no existen topes salariales. Permitía a los clubes gastar 1 millón de dólares extra por encima del tope para retener o fichar estrellas. Para 2026, el límite salarial está fijado en 3,7 millones; con el mecanismo HIP, las franquicias podían llegar, en la práctica, a 4,7.

El problema estaba en quién podía entrar en esa categoría. La NWSL diseñó ocho criterios cerrados: desde minutos con la selección de Estados Unidos y presencia en listas del Balón de Oro, hasta apariciones en el Best XI de la liga o menciones en rankings mediáticos como el Top 100 de The Guardian o listados de “jugadoras más comercializables”.

Sobre el papel, un filtro de élite. En la práctica, un sistema que dejaba fuera a figuras tan evidentes como la dos veces MVP de la NWSL Sam Kerr o la estrella estadounidense Catarina Macario, mientras sí incluía a nombres como Trinity Rodman o Sophia Wilson. Unos 100 perfiles cumplían los requisitos iniciales.

El sindicato consideró que aquello no era solo una mala idea deportiva, sino una violación de la legislación laboral federal y del propio convenio colectivo. Presentó una queja formal. El pulso ya estaba abierto.

Un acuerdo que reescribe las reglas del dinero

El acuerdo anunciado este viernes borra de un plumazo los criterios de acceso. A partir del 1 de enero de 2027, cada club podrá designar como High Impact Player a cualquier futbolista, siempre que su salario suponga al menos el 12% del tope salarial base. La liga, eso sí, se reserva la facultad de fijar un máximo de jugadoras HIP por plantilla.

Es decir: ya no decide un algoritmo de premios, minutos internacionales o listas mediáticas. Decide el mercado interno de la propia liga. Decide cuánto está dispuesto a pagar un club.

La NWSL y el sindicato cerraron en total seis quejas, no solo la relativa a la regla HIP. Entre ellas, un caso clave: el rechazo por parte de la liga de una propuesta de contrato entre Washington Spirit y Trinity Rodman, y otro frente a la política de botas, que imponía qué marcas podían lucir las jugadoras en los partidos.

Meghann Burke, directora de la NWSLPA, subrayó que el acuerdo demuestra la capacidad del sindicato para hacer valer el convenio colectivo. Desde la liga, el vicepresidente ejecutivo Bill Ordower habló de una relación laboral madura, con desacuerdos inevitables en una competición que crece a toda velocidad, y defendió que el pacto aporta “claridad y certeza” a jugadoras, clubes y liga, protegiendo a la vez la integridad competitiva.

La “Rodman Rule”: de símbolo de fricción a punto de inflexión

La historia de esta norma no se entiende sin Trinity Rodman. Tanto, que en los pasillos se la bautizó como la “Rodman Rule”.

La cronología lo explica todo. En noviembre, antes de que existiera el mecanismo HIP, Washington Spirit intentó blindar a su estrella con un contrato que superaba el millón de dólares anuales de media. Una oferta rompedora para los estándares de la NWSL. La comisionada Jessica Berman la bloqueó, alegando que la estructura, muy cargada hacia los últimos años, violaba las reglas de la liga. El sindicato respondió con una queja contundente, calificando la decisión como una “flagrante violación” de los derechos de agencia libre de la jugadora.

Semanas después, la NWSL presentó la regla HIP. El mensaje era claro: habría una vía extraordinaria para pagar a las grandes estrellas. Y, ya con ese marco, Rodman firmó en enero un nuevo acuerdo récord, por encima de los 2 millones de dólares anuales.

Sin embargo, la queja del sindicato por el rechazo inicial del contrato no se cerró con esa firma. Quedó abierta como símbolo de algo más profundo: quién controla, en realidad, el valor de las jugadoras.

Mientras tanto, el mecanismo HIP empezó a utilizarse en silencio. La liga no obliga a los clubes a revelar qué contratos usan esa herramienta, pero varias futbolistas que cumplían los criterios originales han sido renovadas o fichadas bajo ese paraguas. Entre ellas, nombres como Lindsey Heaps en Denver, Barbra Banda en Orlando o Rose Lavelle en Gotham.

Más control, más transparencia

El acuerdo no deja a la liga sin poder de supervisión. La NWSL mantiene la capacidad de rechazar contratos que considere diseñados para burlar el tope salarial. La diferencia está en el cómo.

A partir de ahora, cualquier negativa deberá comunicarse al sindicato en un plazo máximo de 72 horas, con una explicación detallada. Además, la liga se compromete a proporcionar actualizaciones periódicas sobre el tope salarial y los ingresos a los clubes a lo largo del año.

Es un cambio importante. El control sigue ahí, pero bajo luz pública y con obligación de rendir cuentas. Menos margen para decisiones opacas, más presión para justificar cada veto.

Las botas también cuentan

El acuerdo también entra en un terreno que, a primera vista, puede parecer menor, pero que toca directamente el bolsillo de las jugadoras: las botas.

Durante esta temporada, varias futbolistas recibieron advertencias y multas por utilizar tacos de marcas que no eran patrocinadoras oficiales de la liga. Esa política chocaba de frente con contratos personales de patrocinio ya firmados.

El nuevo pacto obliga a la NWSL a respetar la mayoría de esos acuerdos previos y a retirar las sanciones impuestas. No solo se trata de libertad de elección de material; es, otra vez, una cuestión de quién decide sobre la carrera comercial de las jugadoras.

Un mensaje al vestuario… y al mercado global

La NWSL nació y creció bajo el paraguas de los topes salariales estrictos, con la eterna amenaza de Europa como destino dorado para las grandes figuras. Con la regla HIP revisada, la liga envía un mensaje doble.

Hacia dentro, a sus propias futbolistas: el techo salarial ya no está tan blindado para unas pocas elegidas por un algoritmo de méritos y listas mediáticas. Cualquier jugadora puede convertirse en High Impact Player si su club apuesta por ella.

Hacia fuera, al mercado internacional: la NWSL está dispuesta a pagar y a flexibilizar su marco normativo para no perder a sus estrellas en la próxima ola de ofertas europeas.

El pulso con el sindicato deja una conclusión nítida: el poder de negociación de las jugadoras ha crecido. Ahora falta ver cómo usarán los clubes esta nueva libertad. ¿Será una herramienta para construir plantillas más ambiciosas o un arma que agrande la brecha entre las franquicias más ricas y el resto? La respuesta se jugará, como siempre, en el terreno de juego… y en la mesa de negociaciones.