Pacífico sin LeBron: la nueva era de la división
LeBron James ya no está. La frase que parecía impensable durante años en el Pacífico es ahora el punto de partida de una división que se sacude jerarquías, busca nuevos jefes y se aferra a sus estrellas para no quedarse atrás en un Oeste cada vez más cruel.
Los Lakers siguen teniendo a Luka Dončić. Los Warriors, a Stephen Curry. Los Suns, a un Devin Booker en plenitud y un proyecto que por fin tiene forma. Los Clippers rompen con la era Kawhi Leonard y miran al futuro. Los Kings, en cambio, parecen vivir en pausa. El paisaje ha cambiado, y mucho.
Golden State Warriors: el reloj de Curry no se detiene
La lesión de Jimmy Butler, que cortó su temporada, pesó como una losa. Golden State cerró con 37-45, entró al play-in y ahí se acabó todo. Demasiado castigo para otro curso sólido de Stephen Curry, pero así funciona hoy el Oeste: o compites al máximo, o te pasan por encima.
El verano no trajo el aluvión de veteranos que la franquicia habría deseado. Las llegadas de Yaxel Lendeborg, Georges Niang y Brandon Williams son más apuesta que certeza, mientras se marchan Seth Curry, Quinten Post y Pat Spencer. Nada que cambie el mapa de poder de la noche a la mañana.
La gran ficha es Lendeborg. Un ala de 23 años, campeón universitario con Michigan, con carácter y recursos técnicos suficientes como para entrar en una rotación que necesita piernas frescas y personalidad. No es un salvador, pero sí el tipo de energía que este vestuario echaba en falta.
El plan es claro: exprimir al máximo los años de élite que le quedan a Curry y confiar en que Butler regrese bien de la cirugía de rodilla. Si el escolta vuelve a un nivel cercano al All-Star y Steph ofrece una campaña de calibre All-NBA, Golden State tiene argumentos para volver, al menos, a la postemporada. No es el círculo íntimo de candidatos al título, pero sí un equipo que nadie querrá ver en una serie larga.
LA Clippers: adiós Kawhi, hola nueva era
Con Kawhi Leonard más sano que en mucho tiempo, los Clippers firmaron un 42-40 que los llevó al play-in. Paradójicamente, ese fue el último capítulo de su etapa con la franquicia. El verano marcó el corte definitivo.
Leonard salió rumbo a Toronto. También se marcharon Nicolas Batum, Bogdan Bogdanović, John Collins y Bennedict Mathurin. A cambio, llegó una oleada de caras nuevas: Johni Broome, Gradey Dick, Rui Hachimura, Brandon Ingram, Nick Martinelli, Baba Miller, Max Strus y, sobre todo, Keaton Wagler, elegido en primera ronda tras brillar en Illinois.
Wagler es el símbolo del cambio. Un combo guard con talento, capaz de manejar el balón, anotar y generar, pero que ahora debe demostrar que su juego universitario aguanta el salto a la NBA. No es un proceso sencillo para nadie, menos aún en un equipo que intenta cambiar de piel sin dejar de competir.
Para no cargar todo sobre sus hombros, la gerencia rodeó al perímetro con experiencia y puntos: Ingram, Hachimura y Strus dan profundidad, tiro y tamaño. Aun así, el reto es feroz. El Oeste vuelve a presentarse pesado en la parte alta y con al menos media docena de equipos mejorados.
La buena noticia: los Clippers tendrán por fin una temporada completa para ver cómo encaja Darius Garland con Wagler. Ese backcourt, si cuaja, puede convertirse en la imagen de una nueva dirección a largo plazo. Un proyecto distinto, menos dependiente de una sola superestrella y más de un núcleo que crezca junto.
Los Angeles Lakers: sin LeBron, con Luka como faro
Los Lakers ya vivieron el susto el año pasado: lesiones de Luka Dončić y Austin Reaves, dudas, ajustes… y aun así cerraron con un sólido 53-29 y alcanzaron la segunda ronda de playoffs. Ahora, sin LeBron James, la transición que se venía anunciando se convierte en realidad.
El verano fue un carrusel. Llegaron Cameron Carr, Quentin Grimes, Jaden Hardy, Walker Kessler, Kevon Looney, Sandro Mamukelashvili, Collin Sexton, Matisse Thybulle y Ziaire Williams. Se fueron Deandre Ayton, Rui Hachimura, Jaxson Hayes, el propio LeBron, Luke Kennard, Maxi Kleber, Marcus Smart y Nick Smith Jr.
La ecuación es clara: Luka, en solitario como superestrella, es suficiente para mantener a los Lakers en el escaparate nacional, llenar noches de televisión y sostenerlos en la pelea por los playoffs. Pero la diferencia entre un buen equipo y un aspirante serio la marcará su entorno.
Ahí entran Reaves y, sobre todo, Kessler. Ambos asegurados con extensiones importantes, con el pívot llegando vía sign-and-trade desde Utah. Si Kessler se mantiene sano, los Lakers por fin tendrán un cinco puro con manos suaves para recibir los pases en el pick and roll de Dončić y manos firmes para proteger el aro y dominar el rebote.
Alrededor, nombres como Sexton pueden dar chispa desde el perímetro, mientras Thybulle ofrece defensa élite en el exterior y Looney aporta oficio en la pintura. No es una constelación de estrellas, pero sí una plantilla con piezas funcionales alrededor de un genio ofensivo.
La dinastía LeBron se cierra. La era Luka, en Los Ángeles, empieza sin red.
Phoenix Suns: de sorpresa agradable a proyecto sólido
Pocos esperaban que los Suns aguantaran el golpe. Sin Kevin Durant ni Bradley Beal, el equipo no solo sobrevivió: firmó un 45-37 y se metió en playoffs, convirtiéndose en una de las historias más refrescantes de la liga.
Lejos de conformarse, la franquicia siguió construyendo. Bajo el mando del GM Brian Gregory y del técnico Jordan Ott, llegados en la limpieza de la temporada pasada, Phoenix ha trazado una hoja de ruta reconocible. Y, por ahora, ganadora.
Este verano blindó a cuatro jugadores que vienen de su mejor año: Dillon Brooks, Collin Gillespie, Mark Williams y Jordan Goodwin. Extensiones que no solo premian rendimiento, sino que aseguran un núcleo estable alrededor de Devin Booker en sus temporadas de máximo esplendor.
Al mismo tiempo, los Suns añadieron peso ofensivo y tiro. Miles Bridges, un anotador contrastado de 20 puntos por noche, aterriza para darle a Booker un socio fiable. Luke Kennard llega para ocupar el rol de especialista desde el triple que deja libre Grayson Allen, con la misma puntería y un perfil similar. Y Koa Peat, novato de físico poderoso, se suma a la rotación interior con la misión de aportar músculo desde el primer día.
El giro iniciado la campaña pasada no muestra señales de marcha atrás. Phoenix ya no vive de promesas, sino de decisiones firmes. Y cada movimiento parece pensado para que Booker no desperdicie ni un año de su prime.
Sacramento Kings: quietos en el ojo de la tormenta
Mientras el resto de la división se mueve, Sacramento parece elegir la calma. Tras un duro 22-60 y fuera de playoffs, cualquiera habría apostado por una revolución inmediata. No llegó.
Las incorporaciones —Darius Acuff Jr., Alex Karaban, Emanuel Sharp y Ben Simmons— son interesantes, pero no suponen un cambio de rumbo radical. Las salidas de Devin Carter, DeMar DeRozan, Drew Eubanks, Killian Hayes, Doug McDermott y Russell Westbrook sí cierran etapas, pero no abren todavía una nueva identidad clara.
La dependencia de Zach LaVine seguirá siendo absoluta. Volverá a cargar con buena parte del peso ofensivo, quizá por última vez: entra en el último año de su contrato. Lo mismo ocurre con De’Andre Hunter, un alero sólido en ambos lados de la pista que llega tras su paso por Cleveland y que puede ser tanto pieza de futuro como moneda de cambio.
El punto de inflexión está en otra parte: la decisión sobre el futuro de LaVine y Domantas Sabonis. Extenderlos, traspasarlos o dejarlos ir marcará el camino de la franquicia para los próximos años. Por ahora, los Kings parecen dispuestos a esperar hasta 2027 para un rediseño profundo.
En una división que ya ha dado el paso de romper con viejos ídolos y abrazar nuevas caras, Sacramento corre el riesgo de quedarse mirando. La pregunta es cuánto tiempo más puede permitírselo.




