Un partido de cricket perdido por una impresora rota
En el norte de Irlanda, un partido de cricket se decidió lejos del césped, lejos del bate y de la pelota. Se decidió en una mesa, ante una impresora que se negó a trabajar.
Ballyspallen recibía a Eglinton en la North West Cricket Union Premier League. El encuentro seguía el guion habitual hasta que todo se torció por un detalle tan mínimo como decisivo.
Eglinton había sido eliminado por 159 carreras en 48.1 overs. Un total competitivo, pero ni mucho menos definitivo. Ballyspallen apenas había empezado su respuesta: 19 carreras en el marcador, solo dos overs disputados. Y entonces llegó la lluvia a Ballyspallen.
La interrupción abría un nuevo partido. Con overs a punto de perderse, los oficiales indicaron que había que recurrir al método Duckworth-Lewis-Stern (DLS) para recalcular el objetivo. Nada extraño en un día gris en Irlanda del Norte. El reglamento marcaba el camino. La tecnología debía hacer el resto.
Pero la tecnología falló.
La impresora encargada de sacar la hoja con los cálculos DLS no funcionó. Sin hoja, no había objetivo oficial para presentar a ambos equipos y a los árbitros. Sin hoja, no había forma reglamentaria de continuar.
Y ahí el reglamento del North West Cricket Union fue tajante: si el club local no puede producir la hoja DLS para los dos equipos y los umpires, concede el partido de inmediato. Sin matices. Sin espacio para el sentido común ni para el contexto deportivo del encuentro.
Eglinton, que ya había hecho su parte con el bate, fue declarado vencedor sin que se lanzara una sola bola más.
Las normas van más lejos. Exigen que el club anfitrión disponga de “un ordenador con el software necesario instalado, una impresora compatible y operativa con suficiente papel y tinta, y un operador competente”. Todo ello, “operativo” antes del inicio del partido, según añade la NWCU.
Ballyspallen incumplió ese último punto en el peor momento posible. Un fallo técnico, un detalle logístico, les arrebató la oportunidad de pelear por su quinta victoria en la Premier League. En lugar de eso, siguen anclados al fondo de la clasificación, derrotados no por un rival superior, sino por una impresora en silencio.
En una liga que se decide por runs, wickets y overs, Ballyspallen aprendió que también se puede perder por papel, tinta y un cable que no responde. ¿Quién volverá a mirar igual la mesa de puntuación después de esto?




