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Pierre Sage asume el desafío en Crystal Palace

Pierre Sage aterrizó en Crystal Palace sabiendo perfectamente dónde se metía. No llegó engañado al sur de Londres. Venía a ocupar el lugar de Oliver Glasner, el técnico que había llevado al club a la etapa más exitosa de su historia reciente, y lo hacía en medio de un verano agitado, dos derrotas iniciales ante Everton y Manchester City y un vestuario con medio escaparate en la ventana de fichajes.

El francés, sin embargo, no ha perdido la calma. Ni cuando el ruido en torno a las salidas de sus campeones de la Conference League crecía cada día. Ismaïla Sarr y Jean-Philippe Mateta se quedaron en Selhurst Park pese al interés serio de Liverpool y Aston Villa. A la vez, el club cerró cuatro incorporaciones tras perder, en uno de los culebrones del último día, a Malick Fofana, que eligió Sunderland. Un arranque de mandato con todo el manual de caos típico del Palace.

Sage, lejos de quejarse, se encogió de hombros. Sabía dónde venía.

Cristal Palace y el arte de llegar tarde al mercado

La fama del club en los veranos recientes es clara: mucho trabajo a última hora, demasiadas decisiones en el alambre. Diez fichajes en el último día de mercado en las tres últimas ventanas estivales. Una forma de operar que a Glasner nunca le convenció, hasta el punto de hacer pública su incomodidad antes de marcharse a Nottingham Forest, llevándose con él a Daniel Muñoz.

Sage no ha seguido ese camino. No monta escándalos en rueda de prensa, aunque internamente sí se le atribuye cierta frustración por no haber encontrado un sustituto del nivel de Maxence Lacroix, traspasado a Chelsea en julio. Ahí estaba el primer gran pulso del verano.

Su objetivo prioritario tenía nombre y apellido: Ismaëlo Ganiou, el central de 21 años de Lens, pieza clave en el equipo que, bajo el propio Sage, ganó la Coupe de France y acabó segundo en la Ligue 1 la pasada temporada. El encaje era perfecto, futbolística y emocionalmente. Lens, sin embargo, se cerró en banda. No quería soltar a una de sus joyas y blindó al jugador con un nuevo contrato a principios de agosto. Palace tuvo que girar el timón.

Los siguientes movimientos tampoco salieron según el guion. El acuerdo por Joel Ordóñez, de Club Brugge, se vino abajo al no estar el ecuatoriano recuperado de una fractura en el pie. Las tentativas por Chrislain Matsima, de Augsburg, y Raphaël Le Guen, de Brest, también se evaporaron. Al final, llegaron Axel Disasi y el joven Honest Ahanor, este último cedido, para intentar tapar el agujero que dejó Lacroix.

La pregunta sigue flotando en el aire: ¿se ha reemplazado de verdad el liderazgo del francés en la zaga o solo se ha maquillado la herida?

Fofana, llamadas perdidas y un consuelo chileno

El otro gran frente del verano estuvo en ataque. Tras no conseguir a Mamadou Sangaré, también de Lens, que eligió Brentford, Sage empujó con fuerza por Malick Fofana, al que conocía bien de su etapa en Lyon. El técnico se implicó personalmente: llamadas directas al delantero belga en pleno cierre de mercado, presión constante, un último intento para vestirlo de rojo y azul.

No bastó. Fofana eligió otro camino.

Sage, pese al golpe, defendió el esfuerzo del club. “Luchamos mucho y a veces no se puede hacer más. Al final, elige el jugador”, vino a decir. El consuelo llegó en forma de talento sudamericano: Dario Osorio, atacante chileno procedente de Midtjylland, aterrizó cedido con obligación de compra el próximo verano por 26 millones de libras. Un precio de estrella para un futbolista que, eso sí, suele partir desde la banda derecha, una zona ya muy poblada.

El frente ofensivo, en todo caso, no queda precisamente desnudo. Además de Osorio, han llegado Dwight McNeil y Evann Guessand —este último fuera de la lista para la Europa League— y, sobre todo, se ha retenido a Sarr. Una batería de recursos que da margen a Sage, incluso sin Mateta, que vio truncado su deseo de salir por una lesión en los isquiotibiales que lo mantendrá fuera otras tres semanas.

Centro del campo blindado y caja fuerte cerrada

En la medular, las señales también han sido claras. El regreso de Ben Chilwell y la incorporación de Quinten Timber añaden profundidad y alternativas. No son fichajes de escaparate, pero sí piezas que dan aire a un equipo que va a tener que competir en varios frentes.

Más significativo aún fue el pulso ganado en los despachos por Adam Wharton. Crystal Palace rechazó ofertas de clubes no revelados oficialmente, aunque en el entorno se apuntó a Manchester City y Chelsea como pretendientes serios. El club aguantó, y Sage subrayó que el centrocampista está alineado con esa decisión. Un mensaje potente: en un verano de ventas importantes, no todo está en venta.

Los números, sin embargo, cuentan otra historia. Tras romper su récord de gasto dos veces en enero con Jørgen Strand Larsen y Brennan Johnson —este último utilizado en un intercambio con Everton para traer a McNeil—, el balance del mercado estival deja casi 40 millones de libras de beneficio. Solo Aston Villa presenta un superávit mayor en la categoría. En los últimos cinco años, incluso Hull y Coventry, desde la Championship, han invertido más que los 90 millones netos del Palace.

No es el perfil de un club que se comporte como un nuevo rico. Es otra cosa. Más contenida. Más calculada.

La lección de la brasserie familiar

Sage no se esconde detrás de excusas. Tampoco se presenta como un mártir. Cuando le preguntan si está frustrado con el mercado, recurre a su infancia en Belley, en la región de Ain, al este de Francia. Sus padres tenían una brasserie. Él creció viendo cómo algunos días el local se llenaba y otros no entraba casi nadie.

“Nosotros no somos un banco. Hacemos con lo que tenemos”, explicó. En su cabeza, el fútbol funciona igual: no siempre hay clientes, no siempre hay fichajes, no siempre se gana. Hay que gestionar lo que hay en la mesa.

Ese pragmatismo, casi de restaurador acostumbrado a trabajar con el género disponible, marca su discurso. No hay reproches públicos a la directiva, ni lamentos por las oportunidades perdidas. Solo una aceptación firme: este es el grupo, con este grupo hay que competir.

Un viaje a Craven Cottage con bajas pesadas

Ahora llega Fulham. Un desplazamiento corto, pero incómodo, y con dos ausencias que pesan. Sarr y Mateta no estarán. El delantero francés, por lesión; el extremo senegalés, por una mezcla de problemas físicos y ruido de mercado que le ha pasado factura. Su agente incluso emitió un comunicado criticando el trato recibido por el jugador durante el interés de Liverpool.

Sage confía en recuperar a Sarr para el duelo de la próxima semana ante Ipswich, aunque avisa: el futbolista “necesita tiempo”. Tiempo para sanar el aductor, pero también para limpiar la cabeza después de un verano en el que estuvo cerca de un salto mayúsculo.

Mientras tanto, el técnico francés se aferra a lo que tiene: un vestuario tocado por las salidas, reforzado a trompicones, con jóvenes por pulir y veteranos a los que pide un paso adelante. No es el escenario idílico para quien sucede a un entrenador campeón y admirado. Es, simplemente, la realidad de Crystal Palace.

La cuestión es otra: ¿será suficiente este cóctel de sobriedad económica, fe en el grupo y calma en la tormenta para sostener el legado de Glasner en una Premier cada vez más salvaje? La respuesta empezará a escribirse, sin red, en Craven Cottage.