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Razaullah brilla en Edgbaston y desafía a Inglaterra

La tercera jornada en Edgbaston parecía encaminada a una resolución rutinaria. Inglaterra con la serie en el bolsillo, Pakistán contra las cuerdas, un tour hecho trizas. Y entonces apareció un debutante de 21 años, bateando en el número nueve, para convertir un trámite en un espectáculo y, de paso, darle al Test un pulso nuevo.

Razaullah, nombre que a partir de hoy se recordará en Birmingham, desató una ofensiva feroz: 81 carreras de 63 bolas, nueve seises y una grada que pasó del murmullo al rugido. Dejó a Inglaterra necesitando 130 para ganar el Test y completar el 3-0, pero también les recordó que el último paso puede ser el más incómodo.

De la agonía al desafío

El escenario, a media tarde, era simple: Pakistán, 318-8, aún dos por detrás, más de dos horas por jugar y la sensación de que el partido se deslizaba hacia una victoria plácida de Inglaterra. El guion cambió en cuanto Razaullah decidió que no había nada que perder.

Se plantó con una mezcla de descaro y limpieza técnica poco habitual en un debut. Cada swing tenía intención. Cada paso hacia adelante, una declaración. Sus nueve seises igualaron el récord de Ben Stokes de más máximos en una entrada de Test en suelo inglés. Para un jugador en su primer partido, la cifra entra directamente en territorio de culto.

No lo hizo solo. Encontró cómplice en Muhammad Abbas, otro de esos bateadores de la parte baja que, en teoría, están para acompañar. Entre ambos levantaron una octava asociación de 121 carreras. Abbas aportó 42 con dos seises que encendieron aún más a la Hollies Stand, mientras Inglaterra se desdibujaba a ojos vista.

La resistencia terminó de forma casi teatral: Razaullah, intentando seguir atacando, fue sorprendido stumped por Dan Lawrence. El debutante se marchó ovacionado, convertido en nueva estrella de Pakistán, y dejó sobre la mesa un reto claro: 130 para Inglaterra, con todo el peso de la expectativa sobre sus hombros.

Pakistán, de la vergüenza al orgullo

Hasta ese estallido final, el día ya había sido de reivindicación para Pakistán. Tras ser despedazados por 133 en la primera entrada y caer a 0-2 al inicio de la segunda, el riesgo de una humillación histórica en Birmingham era real. El viernes, en cambio, ofrecieron su primera actuación completa del tour: más de 200 carreras, más de 51 overs al bate, algo que no habían logrado en todo el verano.

Shan Masood y Azan Awais marcaron el tono. Desde el 55-2 nocturno, ampliaron su asociación por el tercer wicket hasta 125. Awais, con 21 años y maneras de futuro fijo, firmó 59 antes de caer de forma frustrante, desviando un suave toque por el lado de pierna ante el off-spin de Lawrence.

Masood, sereno, elegante, fue construyendo lo que parecía un siglo de despedida en el país donde fue al colegio. Se quedó en 95, víctima de un momento de pura inspiración defensiva: un gully volando, Lawrence capturando con una mano a la altura del pecho un envío de Gus Atkinson. Un golpe duro para Pakistán, pero no el definitivo.

Babar Azam añadió 76 de clase sobria, manejando el ritmo, escogiendo golpes, marcando la pauta. Inglaterra, al notar que la bola aún respondía, cambió a un plan de bolas cortas alrededor del té. El capitán, incómodo por primera vez en la jornada, terminó cayendo ante un bouncer de Josh Tongue. Fue la primera de cuatro pérdidas por 40 carreras que parecían anunciar el derrumbe final.

En ese punto, con la serie prácticamente decidida y el día deslizando hacia la rutina, el Test encontró por fin la tensión que había echado en falta.

Un Test de verdad… al fin

Edgbaston, adormecido durante los dos primeros días por la superioridad inglesa y la fragilidad visitante, despertó. La batalla entre bate y bola se equilibró. Los seises empezaron a volar hacia la Hollies Stand, que respondió con el ruido y el color que esta serie pedía a gritos.

Hasta que Razaullah y Abbas irrumpieron, Inglaterra no había lanzado mal. Habían mantenido la longitud cuando la bola se movía, habían recurrido a los bouncers en el momento justo, habían atrapado con seguridad. Pakistán, esta vez, respondió con paciencia, valentía y criterio.

Entonces, el partido cambió de tono. Atkinson fue castigado hacia la zona de obras de Edgbaston con tres seis en el mismo over. Jofra Archer recibió dos máximos consecutivos por encima de su cabeza. Lawrence, con el segundo nuevo balón en la mano, se vio de repente en el centro de un vendaval. Joe Root, que había manejado el ataque con relativa comodidad durante toda la serie, empezó a quedarse sin respuestas.

Incluso Abbas se sumó al festival: reverse-sweeps a Lawrence, dos seis a Ollie Robinson por cow corner. Para un equipo que venía de 133 y 0-2, aquello era poco menos que una liberación.

La luz caía, el ruido subía y la sensación era que la octava pareja llegaría intacta al cierre. Tongue, con un envío más recto, logró por fin que Abbas empujara a point. Un alivio momentáneo.

Inglaterra pierde el hilo

Lo que siguió fue una mezcla de caos y fascinación. Razaullah, ya instalado en modo leyenda instantánea, conectó su noveno seis ante Lawrence para igualar el récord de Stokes y de Tim Southee como debutante. Cuando el árbitro le dio out lbw, recurrió con éxito y arrancó una ovación enorme de la grada, que ya había elegido bando para el tramo final del día.

Inglaterra, mientras tanto, se descomponía. El campo se llenó de hombres en la frontera para los bouncers. Cuando los lanzadores intentaron volver a atacar los palos, fallaron por poco o se toparon con una defensa firme. Robinson, en el mejor momento de su carrera, se quedó sin el segundo nuevo balón, cedido a Lawrence en una decisión que dejará preguntas colgando sobre el criterio táctico.

Archer no ocultó su frustración ante el castigo. Root abandonó brevemente el campo, dejando la sensación de un equipo que, por primera vez en semanas, no mandaba. Al final, Inglaterra terminó con Atkinson tirando bouncers a Razaullah con ocho hombres en la cuerda, una imagen que resume mejor que ninguna el giro del día.

El final, cuando llegó el stumping sobre el joven número nueve, fue casi un suspiro de alivio. Inglaterra se marchó del campo agotada, algo tocada, pero todavía con el 3-0 al alcance de la mano.

Un sábado con filo

El marcador lo deja claro: Inglaterra 453, Pakistán 133 y 449. Faltan 130 carreras. Sobre el papel, un objetivo que este equipo debería manejar. En la práctica, después del vendaval de la tarde, nadie en Edgbaston se atreve a hablar de trámite.

Pakistán, en el último acto de una gira desastrosa, mostró al fin de qué está hecho. Encontró un prospecto serio en Awais, una despedida digna para Masood en suelo inglés, destellos de la clase eterna de Babar y, sobre todo, un nuevo héroe en Razaullah.

Inglaterra sigue en línea para el 3-0, sí. Pero después de lo que se vio el viernes, la verdadera pregunta es otra: ¿serán capaces de cerrar la serie con la misma autoridad con la que la dominaron, o este debutante de 21 años ha abierto una grieta que hará del último día algo mucho más incómodo de lo que nadie imaginaba?