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Razaullah Khan sorprende en su debut y transforma el Test

En un Edgbaston gris y resignado a un trámite, un número 9 sin historial en la élite convirtió un día condenado al protocolo en una tarde de asombro. El debutante Razaullah Khan, 21 años, recién estrenado pasaporte y cero miedo, destrozó a Inglaterra a base de seisazos y encendió una de las reacciones más improbables que ha firmado Pakistán en un Test reciente.

De estar a un suspiro de otro derrumbe, a cerrar con 449 todo el equipo, una ventaja de 129 carreras y la obligación de jugar un cuarto día que nadie veía venir. Inglaterra necesitará 130 carreras el domingo para completar una barrida 3-0 en la serie, en el mismo escenario donde en 2024 ya había sellado un 3-0 ante West Indies.

De la crisis al pulso competitivo

El guion parecía escrito. Pakistán, barrido en Leeds y Lord’s, incapaz siquiera de alcanzar los 200 runs o de aguantar 50 overs en toda la serie. Una primera entrada de apenas 133 carreras, siete jugadores enviados de vuelta a casa, el seleccionador destituido y tres debutantes lanzados al fuego. Inglaterra, con 453 en su primera entrada y una renta de 320, olía otra victoria por entrada casi garantizada.

Pero el tercer Test dio un giro brusco. Desde el 0-2 con el que Pakistán había arrancado su segunda entrada el jueves, la remontada tomó forma el viernes: 397 carreras en 84 overs, las dos primeras asociaciones de cien de toda la gira y, sobre todo, un equipo que por fin encontró resistencia y orgullo con el bate.

El terreno se volvió amable con los bateadores, la pelota dejó de moverse lateralmente pese al cielo encapotado y la disciplina del ataque inglés se evaporó. La capitaneía de Joe Root quedó bajo lupa mientras Inglaterra, por primera vez en la serie, sudaba sin respuestas claras.

Masood y Babar marcan el camino

A la hora del almuerzo, el marcador ya contaba otra historia: 184-3, con una asociación de 125 carreras entre los zurdos Shan Masood y Azan Awais. Pakistán ya no sobrevivía; competía.

Awais, sólido y sereno, se fue por 59 tras una revisión que confirmó un leve desvío a las manos del guardameta. Su entrada, de 84 bolas, incluyó 10 boundaries y dio el primer gran ancla de la jornada.

Masood, ágil de pies y decidido al golpe, pareció por momentos imparable. Alcanzó su medio siglo en 81 bolas, sobrevivió a una caída en point y se quedó a solo cinco carreras de un centenar que habría sido icónico. Lo frenó una captura soberbia de Dan Lawrence, a ras de tobillo en slips, que dio a Gus Atkinson su primer wicket del partido.

El capitán Babar Azam también coqueteó con el ansiado tres dígitos, que se le resisten desde hace 20 Tests. Fluido, dominante, avanzó hasta 69 cuando Inglaterra le tendió una trampa a base de bouncers. Una primera captura invalidada porque el sustituto Theo Wylie tocó la cuerda dio un respiro momentáneo, pero Babar terminó marchándose por 76 justo antes del té, esta vez sí cazado tras una acción acrobática del guardameta Jordan Cox a lanzamiento de Josh Tongue.

Saud Shakeel, mientras tanto, sumaba pequeñas puñaladas, colocando la pelota justo fuera del alcance de los fielders y superando la barrera de las 2.000 carreras en Tests. Parecía dispuesto a estirar la resistencia, pero un bouncer de Jofra Archer le obligó a protegerse la cabeza y, en ese gesto defensivo, llegó su final por 29. Con su salida, el último bateador reconocido se marchaba con el marcador en 306-6.

Atkinson abre la puerta… y Razaullah la destroza

Inglaterra olió sangre. Atkinson, discreto hasta entonces en la serie, encadenó los wickets de Ghazi Ghori (312) y Mohammad Imran (318). Pakistán se quedaba a solo dos carreras de forzar a Inglaterra a batear de nuevo, con el 9 y el 10 en el crease y la sensación de que la resistencia se había agotado.

Entonces entró Razaullah Khan. Y el partido cambió de dimensión.

Con un estilo sin concesiones, el joven, que ya contaba con un siglo en primera clase, decidió que no había espacio para el miedo. Su primer seis no solo arrancó aplausos: dio a Pakistán la ventaja en el marcador. A partir de ahí, desató un espectáculo.

Golpeó nueve seisazos en total, igualando el récord de más seis en una entrada en Inglaterra, marca que compartía Ben Stokes desde los Ashes 2023 en Lord’s. Tres de esos seis llegaron en un mismo over ante Atkinson. Otro, el quinto de su cuenta, ante Archer, le dio un cincuenta relámpago en apenas 43 bolas. El siguiente, también contra Archer, llevó a Pakistán hasta los 400 runs.

A su lado, Mohammad Abbas se negó a ser mero acompañante. Firmó la mejor marca de su carrera con 42 carreras, adornadas con dos seis y cinco boundaries. Entre ambos construyeron una asociación para el noveno wicket de 121 carreras en 123 bolas, la más alta contra Inglaterra para esa posición desde 1984. No fue solo resistencia; fue una agresión calculada que dejó al ataque inglés descolocado y al estadio en pie.

Abbas se marchó primero, ovacionado, después de una entrada tan inesperada como valiosa. El público repitió el homenaje minutos después, cuando Razaullah fue stumped por 81 en 63 bolas, a instantes del final de la jornada. Se iba el debutante que había incendiado el Test y, de paso, había devuelto a Pakistán algo que parecía extraviado: descaro.

Un diamante en bruto y un domingo cargado de tensión

“Han descubierto una joya”, sentenció Michael Vaughan en la BBC, reflejando la sensación generalizada en Edgbaston. Ramiz Raja, desde la misma cadena, subrayó la actitud y el lenguaje corporal de un bateador que, a su juicio, encaja en todos los formatos.

Razaullah lo resumió sin artificios ante Sky Sports, en declaraciones traducidas: su plan era “llevarlo largo y profundo”, aprovechar que le lanzaban “en la zona” y disfrutar sin miedo. Lo consiguió. Y de qué manera.

Inglaterra, que se veía cerrando el Test con otra victoria por entrada, se encuentra ahora con un último día incómodo: 130 carreras por hacer, bajo la presión de no desperdiciar una ventaja inicial de 320. Pakistán, con una serie ya perdida pero con el orgullo recompuesto, ha convertido un trámite en una prueba de carácter.

El domingo dirá si la explosión de un debutante fue solo una chispa aislada o el primer aviso de que este equipo, golpeado y cuestionado, empieza a cambiar su narrativa.