logo

Ryan Garcia y Conor Benn: Rueda de prensa surrealista en Las Vegas

En un rincón del T-Mobile Arena, a dos días de jugarse un título mundial, el boxeo se mezcló con el teatro más surrealista. Ryan Garcia entró en escena decidido a ser protagonista de algo más que una pelea; Conor Benn, al otro lado, eligió el papel contrario: hielo puro.

Garcia, campeón mundial WBC del peso wélter, defendió su cinturón con palabras, gestos y hasta con comida. A los pocos minutos de sentarse, metió la mano en una bolsa, sacó un huevo duro, lo peló con parsimonia y se lo comió entero delante de todos. Ni se inmutó. Luego remató con una frase cargada de veneno: explicó que su rival “tiene mucha familiaridad con los huevos”, mientras Nigel Benn, padre de Conor, negaba con la cabeza.

El dardo no era gratuito. Benn dio positivo por clomifeno en 2022 y el WBC consideró que un consumo elevado de huevos podía ser una explicación razonable. El campeón aprovechó el pasado de su rival y lo convirtió en sketch. Incluso se permitió criticar el punto de cocción: dijo que el huevo estaba algo seco y que le iría bien un poco de miel. El ambiente, ya extraño, rozó lo grotesco.

Al otro lado de la mesa, Benn, 29 años, se mantuvo en su papel de hombre de negocios: serio, directo, casi frío. Habló de dar “valor por el dinero” a los aficionados, rehusó morder el anzuelo de los insultos y dejó pasar la mayoría de las provocaciones. Llevaba un chaleco antibalas de estilo táctico que nadie supo explicar, pero ni eso rompió su compostura.

—Todo el hablar, tuitear, escribir y retransmitir se ha acabado. Estoy listo para pelear— soltó, sin subir el tono.

Un campeón convertido en personaje

La semana de combate había sido sorprendentemente silenciosa para los estándares de Las Vegas. Hasta que apareció el verdadero Ryan Garcia. El estadounidense, uno de los grandes fenómenos de redes sociales del boxeo, con más de 13 millones de seguidores en Instagram y reciente invitado en Monday Night Raw de la WWE, decidió que la rueda de prensa sería su ring previo.

Saltaba de la broma a la amenaza, del chiste al insulto, como si cambiara de guardia en el cuadrilátero. Se burló del pelo del mánager de Benn, Keith Connolly. Atacó el corte de peso del británico. Se encendió cuando recordó que Benn había cuestionado su herencia mexicana. Dijo que eso le había “encendido el fuego”. Benn respondió en un perfecto español aprendido durante los 12 años que pasó viviendo en Mallorca. El intercambio, por un momento, pareció más una batalla de identidades que una previa de título mundial.

La puesta en escena no terminó ahí. Entre el público, un hombre con barba postiza pidió turno para hacer una pregunta. Cuando se la concedieron, se quitó el disfraz: era Teofimo Lopez, campeón mundial WBA ‘Super’ del peso wélter. El pabellón estalló en gritos. Más teatro, más ruido, más gasolina sobre un combate que ya no necesita ayuda para vender entradas.

Un pasado manchado para ambos

El juego con el huevo tenía doble filo. Garcia también arrastra su propia sombra. Cumplió una sanción por dopaje tras dar positivo por ostarina después de su pelea de 2024 ante Devin Haney. Tanto él como Benn han negado siempre haber consumido sustancias prohibidas de forma consciente, pero el historial de ambos convierte cualquier gesto en un mensaje. Cada bocado al huevo sonaba a acusación.

Los organizadores, conscientes de hasta dónde puede escalar la provocación, intervinieron antes del cara a cara final. Seguridad confiscó otro huevo que Garcia llevaba escondido en el bolsillo, evitando una posible repetición de la escena del año pasado, cuando Chris Eubank Jr abofeteó a Benn con uno en plena presentación.

Esta vez no hubo empujones ni amagos de pelea. En su presentación conjunta en Nueva York, en julio, tuvieron que separarles. En Las Vegas, no. Mientras Garcia seguía hablando sin freno, Benn se limitó a llevarse un dedo a los labios, pedir silencio con una sonrisa, girarse y abandonar el escenario. Ni una palabra más.

El peso, otro frente abierto

La cuestión del peso se coló en la conversación con la misma intensidad que las pullas personales. Benn no da el límite del wélter —10 st 7 lb, unos 66,7 kg— desde hace más de cuatro años. Sus dos combates recientes ante Chris Eubank Jr fueron en el peso medio. Garcia insistió en que su rival podría rehidratarse “a lo que quisiera” tras el pesaje del viernes, pero dejó caer la duda: ¿se recuperará su cerebro de un corte tan agresivo?

Benn respondió seco, sin adornos:

—Que se preocupe de sí mismo. Bastantes problemas tiene ya. Yo no me fijo en él, solo en mi trabajo, y no recorto esquinas. Mañana veremos quién da el peso.

Un público dividido, un protagonista claro

La rueda de prensa se celebró dentro del propio T-Mobile Arena, con una sección acotada para los aficionados. No era una marea humana al estilo de las noches de Saul “Canelo” Alvarez ni el desembarco masivo que en su día protagonizaban los seguidores de Ricky Hatton, pero las colas se formaron más de una hora antes de que se abrieran las puertas. Pequeños grupos de británicos hicieron ruido, cantaron, marcaron presencia. Garcia, como era de esperar, recibió una ovación potente, aunque no unánime: tantos vítores como abucheos.

En medio de ese ambiente, el campeón dejó entrever por un momento que todo formaba parte del guion.

—Todo esto es ruido. He hecho mi trabajo y soy el mejor boxeador. Esto es divertido, pero sabemos lo que hay que hacer— dijo, casi en tono de confesión.

Duró poco. En cuanto Benn abandonó el escenario, Garcia volvió a activar el interruptor del showman. Se quedó sobre la tarima, flexionando músculos, gritando, animando a la grada, estirando el espectáculo hasta el último foco.

El cinturón WBC del peso wélter se pondrá en juego el sábado. Uno llega con el traje de villano perfecto, otro con la pose del profesional que no se deja arrastrar. Entre huevos, barbas postizas y chalecos antibalas, lo único que falta por saber es si, cuando suene la campana, el combate estará a la altura del circo que lo ha precedido.