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La sombra de Mohsin Naqvi en la final de la Women’s Asia Cup

El trofeo de la ACC Women’s Asia Cup 2026 todavía no se ha levantado… y ya está rodeado de tensión política y memoria reciente. En el centro de todo, otra vez, un mismo nombre: Mohsin Naqvi.

El presidente del Pakistan Cricket Board (PCB) y, a la vez, máximo dirigente de la Asian Cricket Council (ACC) tiene previsto asistir a la final del torneo el 13 de septiembre en Dubái, según informó Geo Super. No solo como invitado ilustre: se espera que sea el anfitrión del acto de clausura y, por cargo, el hombre encargado de entregar la copa a las campeonas.

Si el rival en ese podio es India, el escenario se vuelve explosivo.

Un recuerdo incómodo en Dubái

La última vez que Naqvi se plantó en una final de Asia Cup en Dubái, el cricket pasó a un segundo plano. Fue el 28 de septiembre de 2025, en el duelo decisivo del Men’s Asia Cup entre India y Pakistán.

El equipo liderado por Suryakumar Yadav ganó el título en el campo. Lo que vino después fue un pulso silencioso, pero demoledor. La ceremonia de premiación se retrasó más de una hora mientras se discutía quién entregaría el trofeo. La imagen final dio la vuelta al continente: los jugadores indios celebrando sin la copa en sus manos, y Naqvi abandonando el estadio con el trofeo.

La copa, a día de hoy, sigue sin llegar a India. Permanece en la oficina de la ACC en Dubái, convertida en símbolo de un desencuentro que va mucho más allá de un simple protocolo.

Todo ello ocurrió en un clima especialmente tenso. El torneo masculino se jugó tras el atentado de Pahalgam, y durante la competición Naqvi, entonces también ministro del Interior de Pakistán, había difundido mensajes antiindios en redes sociales. El contexto encendió aún más la polémica.

Un nuevo podio, la misma incógnita

Ahora el guion amenaza con repetirse, pero en clave femenina. Naqvi, como presidente de la ACC, es la figura con derecho institucional a entregar el trofeo en la Women’s Asia Cup, un torneo organizado por el propio organismo asiático.

Si Harmanpreet Kaur y sus jugadoras llegan a la final y se coronan campeonas el 13 de septiembre, el momento de la foto puede convertirse, otra vez, en un acto político en directo. ¿Aceptar o no aceptar la copa de manos de Naqvi?

La decisión, llegado el caso, recaerá en el vestuario indio. El BCCI, por ahora, guarda silencio absoluto sobre qué postura adoptaría el equipo femenino en un escenario similar al del año pasado. No hay señales públicas, ni líneas rojas declaradas. Solo un vacío que alimenta las especulaciones.

India arrasa en el campo, Pakistán sufre

Mientras tanto, en el césped, India ha hecho lo que mejor sabe: dominar. Invictas en un torneo de ocho selecciones, las jugadoras de Harmanpreet Kaur han firmado una fase inicial impecable.

Debutaron con triunfo ante Tailandia, siguieron con una victoria clara frente a Hong Kong y lanzaron un mensaje directo a Pakistán: siete wickets de diferencia tras derribar al equipo de Fatima Sana por solo 55 carreras en Dubái. Una paliza que sonó a aviso para cualquiera que sueñe con discutirles el título.

Con las semifinales ya aseguradas, el conjunto indio se mueve con la seguridad de quien sabe que llega en forma al tramo decisivo. El problema no está en el juego. Está en el podio que podría esperar al final.

Smriti Mandhana, récord en medio del ruido

En medio de este clima cargado, el torneo también ha dejado espacio para la historia. Smriti Mandhana ha firmado un hito mayúsculo: se ha convertido en la máxima anotadora de carreras en el cricket internacional femenino, superando a la legendaria Mithali Raj.

El dato no es menor. En cualquier otro contexto, el torneo giraría en torno a su récord y al impacto de una generación que ha llevado al cricket femenino indio a otra dimensión. Hoy, sin embargo, esa gesta comparte foco con un asunto que no se juega con bate ni pelota.

Un final que puede ir mucho más allá del resultado

Si India alcanza la final y levanta el trofeo, la imagen que recorra el mundo no será solo la de unas campeonas asiáticas. Será la fotografía de un apretón de manos… o de su ausencia.

Naqvi estará allí, con el peso de dos cargos y de un pasado reciente que todavía escuece en India. Las jugadoras, en caso de victoria, tendrán frente a sí algo más que una copa: un gesto cargado de significado político y deportivo.

El resultado del partido decidirá el título. El instante en el podio, si llega, dirá mucho más sobre el estado actual de la relación entre India, Pakistán y el cricket asiático. Y esa escena, en Dubái, puede convertirse en la imagen que marque a fuego esta edición de la Women’s Asia Cup.