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Sourav Ganguly: El Capitán que Transformó el Cricket Indio

Sourav Ganguly, el capitán que cambió el carácter de India

En el vestuario indio siempre lo llamaron igual: Maharaj. El rey. Deep Dasgupta, antiguo wicketkeeper de la selección, sostiene que no era solo un apodo cariñoso para Sourav Ganguly. Era una declaración de principios. Y, con el tiempo, se convirtió en la identidad de todo un equipo.

En una conversación en The Great Indian Cricket Show de Doordarshan, Dasgupta repasó cómo el liderazgo de Ganguly alteró la mentalidad del cricket indio a comienzos de los 2000. No se trató únicamente de ganar más partidos. Se trató de cómo India decidió dejar de agachar la cabeza.

De absorber la bronca a devolver cada palabra

Antes de Ganguly, el guion era conocido. El rival lanzaba una frase, un gesto, un comentario punzante. India lo encajaba, lo guardaba por dentro y lo transformaba en motivación silenciosa. La respuesta llegaba con el bate o con la bola, pero rara vez con la boca.

Con Ganguly, ese libreto ardió.

“Bajo Ganguly, si alguien nos hacía sledging, empezamos a devolverlo”, recordó Dasgupta. “Antes decíamos: ‘Lo canalizo’. Y lo seguíamos canalizando, pero también respondíamos”. No era simple rebeldía. Era una nueva personalidad colectiva.

El propio Dasgupta lo explica a través de sus giras por Australia. En su primer viaje, el equipo todavía mantenía la agresividad bajo control, casi escondida. El fuego era interno. Para cuando llegó la histórica serie 2003-04, algo había cambiado de raíz.

“Entre mi primera gira y la última en Australia en 2003, se veía claramente ese cambio. Antes estaba todo controlado e interno. Pero en 2003, si alguien decía algo, se lo devolvíamos”, contó. La motivación seguía ahí, pero ya no vivía en silencio.

La actitud de Ganguly lo impregnaba todo. “Su apodo es Maharaj. Siempre tuvo esa idea de ‘soy el rey’. Y eso empezó a reflejarse también en el equipo”, añadió Dasgupta. India dejó de comportarse como invitada en los grandes escenarios. Empezó a actuar como igual. A veces, como dueño.

El legado en los números… y en la memoria

Las cifras respaldan el relato. Ganguly dirigió a India en 196 encuentros internacionales: 97 victorias, 79 derrotas, 15 empates. En Tests, el balance fue de 49 partidos como capitán, con 21 triunfos, 13 derrotas y 15 igualadas.

Pero su huella no se mide solo en porcentajes.

Bajo su mando llegaron algunos de los capítulos más recordados del cricket indio moderno: la mítica conquista de la Border-Gavaskar Trophy en 2001, el triunfo en Leeds en 2002, la victoria en Adelaide en 2003. Fuera de casa, en terrenos donde India solía sufrir, el equipo empezó a mirar a los ojos a las potencias tradicionales.

En formato ODI, el impacto fue igual de profundo. India alcanzó la final de la Copa del Mundo 2003 con Ganguly al frente. Antes, en Inglaterra, había levantado la NatWest Trophy en una final que quedó grabada por la imagen del capitán celebrando sin camiseta en el balcón del Lord’s, un gesto tan simbólico como cualquier estadística. También compartió con Sri Lanka la Champions Trophy de 2002, tras la final arruinada por la lluvia.

Todo ello formó parte de un mismo movimiento: un equipo que decidió dejar de pedir permiso.

De Maharaj a mentalidad

Cuando Dasgupta habla de ese periodo, no se limita a recordar resultados. Habla de un cambio de ADN. De un grupo que pasó de soportar el sledging a utilizarlo como combustible visible, no solo interno. De una selección que dejó de encogerse ante el ruido rival para generar el suyo propio.

El “soy el rey” de Ganguly nunca fue una frase oficial ni un eslogan de vestuario. Fue una postura. Un gesto de barbilla alzada que, con el tiempo, se convirtió en la norma para toda una generación de jugadores indios.

Años después, con otra camada y otros capitanes, esa agresividad expresiva sigue ahí. La pregunta ya no es si India responde cuando le hablan. Es hasta dónde puede llegar un equipo que aprendió, con Ganguly al frente, que en el campo nadie te concede el trono: tienes que ocuparlo.