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Stephen Fleming y su obsesión por ganar a los Aussies

Stephen Fleming llega con una idea fija: “ganar a los Aussies”. El nuevo seleccionador de Test de Inglaterra no se anduvo con rodeos en su primera comparecencia pública desde que fue nombrado en julio. Asumirá el mando en diciembre, en la gira por Sudáfrica, pero ya ha dejado claro cuál es el horizonte que le obsesiona: los Ashes del próximo verano en el Reino Unido.

Un neozelandés con la misma obsesión inglesa

Fleming, histórico excapitán de Nueva Zelanda, conoce bien lo que significa vivir a la sombra de Australia. Él mismo se definió como parte del “primo pequeño” del gran vecino. Y ese complejo, convertido en combustible competitivo, ahora lo comparte con Inglaterra.

Preguntado por si Inglaterra está demasiado obsesionada con vencer a Australia, respondió a BBC Sport sin titubeos: “No, porque yo también tengo esa obsesión. Nueva Zelanda la tiene, nos encanta”. Y desarrolló la idea con una sinceridad que encaja con su carácter: “Queremos ganar a los Aussies. Estamos muy vinculados a los resultados de Inglaterra. Tenemos un deseo profundo de ganar a Australia en todo, como primo pequeño. Estamos ligados, y estoy increíblemente emocionado de ser parte de esto”.

Fleming nunca ganó un Test a Australia en su etapa como jugador: 14 partidos, ninguna victoria. Esa espina sigue clavada. Los próximos Ashes en suelo inglés, con la oportunidad de vengar el 4-1 sufrido el pasado invierno en Australia, son algo más que una serie: son una cuenta personal pendiente.

“Uno no piensa que vaya a tener esa oportunidad. Tenerla y formar parte de ello… no puedo esperar”, confesó. Y añadió su objetivo de fondo: “Quiero ser mi mejor versión y tener un equipo que se represente a sí mismo de la mejor forma posible. Tengo una visión y es aspiracional. Será brillante”.

Del caos a la estructura

Fleming toma el relevo de Brendon McCullum, su amigo, socio en negocios y ahora, en cierto modo, contrapunto. McCullum fue destituido como seleccionador de Test este verano tras ganar solo dos de sus últimos diez partidos, incluido el duro correctivo en Australia. Sigue al frente del equipo de bola blanca, lo que obliga a una delicada convivencia de poder.

La comparación entre ambos la hizo el propio Fleming, con una frase que lo retrata: “Yo apostaré por el favorito y él apostará por la cuota más larga posible”. Durante la etapa de McCullum, Inglaterra vivió de esas apuestas a largo tiro: un cricket agresivo, a menudo brillante, pero también expuesto, incapaz de adaptarse a los matices del Test cricket y acusado de descuidar los detalles.

Fleming no compra la idea de una “marca” rígida de juego. “No lo creo. Lo más grande que puede hacer un equipo es saber jugar las condiciones y las situaciones”, explicó. Su ideal es otro: “Me encantaría que la gente dijera que estamos bien planificados, que hay disciplina y una estructura básica muy fuerte en lo que hacemos, pero también un poco de fantasía”.

En otras palabras: menos ruleta, más porcentajes. Menos dogma, más lectura del contexto.

Disciplina, privilegio y el eco de las noches largas

La etapa final de McCullum estuvo marcada por polémicas extradeportivas: salidas nocturnas, incidentes, sensación de falta de control. Ni siquiera el cambio de seleccionador apagó del todo ese ruido. El último capítulo lo protagonizó Brydon Carse.

La policía de Derbyshire cerró el viernes la investigación sobre una supuesta agresión del lanzador rápido el mes pasado. No habrá cargos, pero el caso pasa ahora al Cricket Regulator. Carse sigue siendo elegible para Inglaterra, aunque no ha entrado en ninguna convocatoria desde el incidente en Derby.

Fleming no citó nombres, pero sí marcó una línea. “Hay estándares”, advirtió. “Elegimos principalmente por carreras y wickets, pero creo que es una necedad no decir también que hay estándares que deben fijarse”.

Su mensaje fue nítido: “Tienes que comportarte de acuerdo con tu posición. Estamos en una situación muy privilegiada, y se trata de entender ese privilegio y lo que conlleva. No puede ser algo conveniente. No puedes hacer lo correcto solo cuando te conviene y, cuando no te conviene, no hacerlo”.

Y remató con una idea de cultura diaria, no de campaña puntual: “Tienes que vivirlo cada día. Si podemos crear algo que quieras vivir cada día y mejorarlo, eso es realmente poderoso”.

Para más de uno en el vestuario, esas palabras suenan a aviso.

Un líder sereno, con humor afilado

Fleming se ha movido estos días como un técnico que quiere ver, escuchar y tomar nota antes de tocar nada. Estuvo en Old Trafford en la victoria de Inglaterra ante Sri Lanka en el tercer T20 del sábado. A principios de semana visitó varios condados y se reunió con Ben Stokes durante el empate de Durham ante Worcestershire.

El neozelandés se mostró calmado, medido, con autoridad natural. Justo el tipo de figura que muchos en Inglaterra reclamaban tras meses de montaña rusa dentro y fuera del campo. Pero no todo fue rigidez. También dejó ver su lado más ligero: bromeó con que tiene “una fractura por estrés en la oreja izquierda” por la cantidad de llamadas que ha recibido desde que asumió el cargo, y recordó entre risas cómo a veces aparecía disfrazado en el entorno de Chennai Super Kings para relajar el ambiente.

Sobre Stokes, con quien coincidió precisamente en Chennai, fue firme y respetuoso. El all-rounder se retiró del cricket internacional en julio y Fleming no piensa presionarle para que dé marcha atrás. “Estaba en un gran momento, realmente feliz, disfrutando su tiempo con Durham”, relató. “Tiene un buen invierno planificado con la familia y está muy en paz con su decisión. Cuando un jugador toma esa decisión de retirarse, respeto esa decisión al 100%. Tratar de darle la vuelta y cuestionarla está mal. Sé todo lo que implica ese tipo de decisión, y la respeto”.

Adiós a la etiqueta de “Flemball”

En un entorno mediático que bautiza cualquier tendencia, el término “Flemball” no tardó en aparecer. Fleming lo despachó con ironía, calificándolo de “condición médica”. Más que un eslogan, lo que propone es una Inglaterra de Test que respete el World Test Championship, que recupere el peso del plan y del detalle, sin renunciar al talento ni al atrevimiento puntual.

Su relación con McCullum, descrita por algunos como la de un “hermano mayor”, puede ser clave para que el modelo de doble seleccionador funcione, algo que en Inglaterra no siempre ha salido bien. Esta vez, la sensación es distinta: tras la etapa libre y a veces caótica de McCullum, llega alguien percibido como el adulto en la sala.

Fleming ya explicó que se perdió la serie contra Pakistán por compromisos familiares y comerciales, pero a partir de ahora estará al frente de un proyecto que se juzgará por un criterio tan simple como implacable: ganar.

Menos fuegos artificiales, quizá. Menos romanticismo de apuestas imposibles. Si su Inglaterra es, como promete, más segura, madura y equilibrada, el veredicto no lo dictarán las etiquetas ni los discursos. Lo dictará el marcador, empezando en Sudáfrica en diciembre y, sobre todo, cuando vuelva a sonar la palabra que le obsesiona: Ashes.

Stephen Fleming y su obsesión por ganar a los Aussies