Stephen Fleming y su obsesión por ganar a los Aussies
Stephen Fleming llega con una idea fija: “ganar a los Aussies”. No lo esconde, ni quiere hacerlo. El nuevo seleccionador de Test de Inglaterra se presentó ante los medios por primera vez desde su nombramiento en julio y dejó claro que comparte la “obsesión” inglesa con los Ashes.
Un neozelandés con cuentas pendientes
Fleming, leyenda de New Zealand y ahora al mando del equipo rojo, se define a sí mismo como parte del “primo pequeño” de Australia. Un primo que lleva años mirando hacia arriba con una mezcla de admiración y rabia competitiva. En sus 14 Tests como jugador frente a los australianos nunca logró una victoria. Esa herida sigue abierta.
Ahora aterriza en un país que no gana una serie de Ashes desde 2015 y que aún digiere el 4-1 encajado el pasado invierno en Australia. El próximo verano, en suelo inglés, llega otra oportunidad. Para muchos, quizá demasiada obsesión con un solo rival. Fleming no lo ve así.
“¿Inglaterra está demasiado obsesionada con ganar a Australia? No, porque yo también lo estoy. New Zealand también lo está, nos encanta”, dijo a BBC Sport. “Queremos ganar a los Aussies. Estamos muy ligados al rendimiento de Inglaterra. Tenemos un deseo profundo de ganar a Australia en todo, como el primo pequeño. Estamos conectados, y estoy increíblemente emocionado de ser parte de esto”.
El discurso no es impostado. Fleming habla como alguien que jamás pensó tener esta opción: “No crees que vayas a tener esa oportunidad. Tenerla y formar parte de ello… no puedo esperar”.
Del caos a la estructura
Fleming toma el relevo de su excompañero Brendon McCullum, despedido este verano tras una etapa tan revolucionaria como irregular en el Test cricket. McCullum continúa al frente del equipo de bola blanca, pero su Inglaterra de rojo solo ganó dos de sus últimos diez Tests, incluyendo la paliza en Australia.
Durante esa etapa, el equipo fue acusado de no adaptarse a las condiciones, de ignorar matices del juego largo y de vivir atrapado en una idea de “marca” antes que en la realidad del día a día. Fleming, amigo íntimo y socio comercial de McCullum, definió con una frase la diferencia entre ambos: “Yo apuesto por el favorito y él por la cuota más larga posible”.
Ahí está el cambio de tono. Menos ruleta, más porcentajes. Menos salto al vacío, más cálculo frío.
Preguntado por si un equipo de Test necesita una “marca” reconocible, fue tajante: “No lo creo. Lo mejor que puede hacer un equipo es saber jugar las condiciones y las situaciones”. Y ahí sí dejó una pista de lo que quiere construir: “Me encantaría que la gente dijera que estamos bien planificados, que hay disciplina y una estructura básica muy sólida en lo que hacemos, pero también un poco de chispa”.
Nada de etiquetas vacías. Ni “Bazball”. Ni “Flemball”, como ya se había sugerido con sorna. Fleming lo despachó como “una condición médica”.
Orden, estándares y noches largas
La última etapa de McCullum quedó manchada por episodios extradeportivos: salidas nocturnas, alcohol, investigaciones. Cambió el entrenador, pero los problemas no desaparecieron del todo.
Este viernes, la policía de Derbyshire cerró una investigación sobre el lanzador Brydon Carse tras una acusación de agresión el mes pasado. No habrá cargos, pero el jugador se enfrenta ahora a una investigación del Cricket Regulator. Sigue disponible para la selección, aunque no ha entrado en ninguna convocatoria desde el incidente.
Fleming no citó nombres, pero sí envió un mensaje claro: “Hay estándares. Elegimos principalmente por carreras y wickets, pero sería una tontería no decir también que hay estándares que deben cumplirse”.
“Hay que comportarse de acuerdo con tu posición. Estamos en una posición muy privilegiada, y se trata de entender ese privilegio y lo que conlleva. No puede ser algo conveniente. No puedes hacer lo correcto solo cuando te conviene y dejar de hacerlo cuando no te conviene”, remarcó. “Tienes que vivirlo cada día. Si podemos crear algo que quieras vivir cada día y mejorarlo, eso es muy poderoso”.
En un vestuario que en los últimos 12 meses ha vivido más de un sobresalto fuera del campo, la palabra “estándares” pesa. Y no suena a declaración decorativa.
Un líder sereno, con humor afilado
En Old Trafford, Fleming presenció la victoria de Inglaterra ante Sri Lanka en el tercer T20 del sábado. Durante la semana, se movió por varios condados y se reunió con Ben Stokes durante el empate de Durham ante Worcestershire. Trabajo de campo, llamadas, primeras impresiones.
Él mismo se permitió una broma para describir la avalancha de contactos desde que asumió el cargo: dijo que tenía una “fractura por estrés en la oreja izquierda” por tantas llamadas. También recordó cómo a veces se presentaba disfrazado en el vestuario de Chennai Super Kings para destensar el ambiente. El humor está ahí, pero debajo se intuye una figura distinta a la de McCullum.
En su primera comparecencia se mostró tranquilo, medido, con una autoridad natural que Inglaterra parece necesitar tras un periodo caótico dentro y fuera del campo. Entre bastidores, en la relación Fleming-McCullum ya se habla de un papel de “hermano mayor” para el nuevo seleccionador de Test. Más adulto, menos improvisación.
Respeto absoluto a la decisión de Stokes
Uno de los nombres inevitables era Ben Stokes. El excapitán de Test se retiró del cricket internacional en julio y comparte pasado con Fleming en Chennai Super Kings en la Indian Premier League. Pocos entrenadores tendrían más legitimidad para intentar convencerle de volver. Fleming ni se lo plantea.
“Estaba en un gran momento, muy feliz, disfrutando su tiempo con Durham”, explicó. “Tiene un buen invierno planeado con la familia y está muy en paz con su decisión. Cuando un jugador toma esa decisión de retirarse, respeto esa decisión al 100%”.
Y remató: “Intentar darle la vuelta y cuestionarla está mal. Sé cuánto trabajo hay detrás de ese tipo de decisión, y la respeto”.
Mensaje nítido: no habrá campaña para recuperar a Stokes. El nuevo ciclo empieza con los que están.
Un proyecto más maduro… y obligado a ganar
Casi dos meses después de su nombramiento, Fleming empieza a dibujar el contorno de su Inglaterra. No lo hace a base de eslóganes, sino de conceptos: planificación, disciplina, estructura sólida, respeto por el World Test Championship, un torneo al que anteriores equipos ingleses no siempre dieron el peso que merece.
También explicó por qué no estuvo en la serie contra Pakistan: compromisos familiares y comerciales ya cerrados antes de aceptar el cargo. Lo dijo sin dramatismos, sin rodeos.
Su Inglaterra, si se cumple lo visto en este estreno público, será menos volcánica que la de McCullum. Más asegurada, más madura, más equilibrada. Quizá, sí, menos divertida para el espectador que disfrutaba del caos creativo. Pero el entretenimiento tiene un límite cuando los resultados no acompañan.
El punto de partida ya está marcado en rojo en el calendario: gira por South Africa en diciembre. Menos ruido, más victorias. Y, en el horizonte, ese verano de Ashes en casa donde Fleming, el “primo pequeño” que nunca pudo con Australia como jugador, quiere ajustar cuentas desde el banquillo.



