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Surrey supera un final dramático y avanza al eliminatorio contra Hampshire

El Kia Oval contuvo la respiración hasta la última bola. Surrey, al borde del abismo, necesitaba una carrera para seguir con vida en la Metro Bank One-Day Cup. Al bate, las últimas dos, Kate Coppack y Dani Gregory. Una pierna bye, a la carrera, al límite, bastó para tumbar a Somerset y asegurar un lugar en el eliminatorio del miércoles contra Hampshire.

Un final caótico para un partido que nunca se dejó domar.

La obra maestra de Holland y Luff

Somerset había dejado sobre la mesa un total que olía a sentencia: 295/7. No fue casualidad. Fue el resultado de una sociedad de récord entre Niamh Holland y Sophie Luff, que se adueñaron del Oval con una tercera puerta de 196 carreras.

El inicio visitante fue nervioso. Bex Odgers cayó limpia ante Sune Luus, Emma Corney fue derribada por Alice Monaghan, y el tablero marcaba problemas. Entonces aparecieron Luff y Holland, y el guion cambió de golpe.

Luff arrancó con calma, casi en silencio, hasta que encontró su ritmo. Dos golpes elegantes por cobertura abrieron la válvula, y un castigo a un full toss de Dani Gregory la llevó al medio siglo. Clásica, compacta, sin estridencias, pero implacable una vez asentada.

Holland fue otra cosa. Más feroz, más frontal. A los 21 años, jugó como si el escenario le perteneciera. Un brutal pull para seis fue la postal de su entrada, pero su verdadero dominio se vio en los cortes y drives hacia la valla de point cada vez que la bola se escapaba ancha. Alcanzó los tres dígitos sin ofrecer prácticamente una opción. Solo después del centenar llegaron dos vidas, mientras el resto de las compañeras iban cayendo a su alrededor.

Los últimos compases del innings fueron un golpe de autoridad: 19 carreras en la última over para elevar el total a un 295 que sonaba a montaña.

Dunkley cae, Surrey tambalea

Para perseguir casi 300, Surrey necesitaba un inicio firme. Sophia Dunkley pareció dispuesta a ofrecerlo. Cuatro límites tempranos marcaron territorio, y Somerset ya había dejado caer una oportunidad cuando Alex Griffiths dejó escapar un sencillo.

La misma Griffiths, sin embargo, no tardó en redimirse. Una seamer tensa, Dunkley intentando el ramp, y los palos hechos añicos. Golpe psicológico enorme. Rachel King también prometió más de lo que acabó dando, atrapada lbw por Liv Barnes tras un inicio prometedor.

Surrey, de repente, se encontró en esa zona gris donde el marcador no se ha ido, pero la confianza empieza a resbalar.

Luus resiste, Griffiths responde

Monaghan y Luus trataron de recomponer la persecución. Las dos tuvieron fortuna: una vida en backward point para Monaghan, otra en midwicket para Luus. Parecía el respiro que las locales necesitaban.

Monaghan, sin embargo, no lo aprovechó. Intentó castigar un full toss y solo encontró la garganta de midwicket. Otra entrada que se apagaba justo cuando amenazaba con encenderse.

Luus, en cambio, sí logró imponer su clase. Un drive elevado que se quedó a poco de la cuerda, un sweep a Chloe Skelton para seis, y un medio siglo en 46 bolas que devolvía la esperanza a Surrey. Pero el partido tenía otro giro preparado.

Nada más volver de las bebidas, Griffiths cambió el tono del duelo. Primero derribó a Alice Davidson-Richards. Después, atrapó el gran premio: la ex capitana sudafricana, cazada de forma brillante por Katie Jones, de pie detrás del wicket, con una toma hacia la pierna que encendió a Somerset. La carrera de Luus, 54 vitales, se detenía justo cuando parecía lista para decidirlo todo.

Chathli y Franklin, la rebelión del sexto wicket

Con la presión creciendo, Kira Chathli y Phoebe Franklin se negaron a entregar el partido. Su sociedad por la sexta puerta, 95 carreras en 81 bolas, cambió de nuevo la sensación en el estadio.

Atacaron con criterio. Golpes calculados, rotación constante, y un asalto clave: 13 carreras en una sola over de Lola Harris que inclinó la balanza. Chathli alcanzó su medio siglo, un 51 cargado de nervio competitivo, mientras Franklin aportaba un 46 que marcaba su mejor registro en la competición.

Somerset, que parecía tenerlo bajo control tras la ráfaga de Griffiths, volvía a sentir el peso del marcador.

Hasta que intervino Skelton.

La lanzadora cortó la asociación con una over que valió oro: dos wickets, entre ellos el de Chathli, y un nuevo vuelco en la narrativa. Surrey otra vez contra las cuerdas.

El cinco-fer de Griffiths y el drama final

Griffiths regresó para completar una actuación de carrera. Se llevó a Franklin por 46, firmando su mejor marca personal con la bola: cinco wickets por 54 carreras. Un cinco-fer que, durante unos minutos, pareció definitivo.

Para empeorar las cosas para Surrey, Kalea Moore se lesionó el isquiotibial, pidió corredora y cayó en la siguiente bola, sellando la quinta víctima de Griffiths. El Oval se quedó helado. El objetivo, tan cerca, volvía a parecer lejano.

Quedaba la cola. Y quedaba fe.

Coppack y Gregory, la última pareja, tuvieron que caminar por la delgada línea entre el riesgo y la supervivencia. Cada bola pesaba. Cada carrera arrancada al campo valía un mundo.

En la última over, Coppack encontró un cuatro vital que cambió el cálculo. De pronto, el partido ya no era un imposible, sino una prueba de nervios. Y en la bola final, con la ecuación reducida a una sola carrera, llegó la jugada que decidiría la temporada inmediata de Surrey: una pierna bye, una carrera a la desesperada, y la línea cruzada por un suspiro.

Somerset, tras el festival de Holland (130) y Luff (108) y el espectáculo de Griffiths con la bola, se quedó sin premio. Surrey, tras sobrevivir a cada giro del relato, se ganó el derecho a seguir peleando.

El miércoles espera Hampshire. Después de una noche como esta, la pregunta es sencilla: ¿quién se atreve ahora a apostar contra el carácter de Surrey?