Tercer Test Rothesay: Inglaterra busca 130 carreras para ganar
En Edgbaston, un Test que parecía condenado al olvido se encendió de golpe. Y el fósforo lo encendió un debutante de 21 años: Razaullah.
Pakistán, que había sido derribado por 133 en la primera entrada y se había asomado al abismo con 0-2 en la segunda, terminó dejando a Inglaterra un objetivo incómodo: 130 carreras para cerrar la serie con un 3-0. Nada está hecho todavía.
De la resistencia al huracán
El día arrancó con Pakistán 55-2, todavía 268 por detrás. El guion pedía un derrumbe rápido; el equipo de Shan Masood decidió reescribirlo.
Masood y Azan Awais consolidaron con una serenidad desconocida en esta gira. Su asociación de 125 por el tercer wicket fue un ejercicio de paciencia y selección de golpe. Awais, con apenas 21 años, jugó con limpieza hacia el lado off hasta que un desliz por la pierna ante el off-spin de Dan Lawrence le costó el wicket por 59.
Masood, educado en Inglaterra y probablemente en su último Test en el país, parecía destinado a un centenar simbólico. Se quedó en 95, víctima de un momento de pura inspiración defensiva: una atrapada a una mano de Lawrence en el gully tras un envío de Gus Atkinson. Un golpe duro, pero no definitivo.
Babar Azam aportó clase y autoridad con 76. Sus drives y cortes devolvieron algo de dignidad a una alineación que había sido superada durante toda la serie. Sin embargo, cuando Inglaterra cambió al plan de bola corta alrededor del té, el capitán empezó a incomodarse. Un bouncer de Josh Tongue lo sacó del camino y, con él, pareció desvanecerse la resistencia paquistaní.
En ese momento, el Test apuntaba a un final en tres días. Entonces apareció Razaullah.
‘Razball’ en Edgbaston
Pakistán estaba 318-8, aún dos carreras por detrás, con más de dos horas de juego por delante. La lógica decía que el final se acercaba. Razaullah decidió ignorar la lógica.
Entró como número nueve y desató un vendaval: 81 carreras de 63 bolas, con nueve seis. Nueve. Igualó el récord de Ben Stokes de más seis en una entrada de Test en suelo inglés y también el de Tim Southee para un debutante en Test. Y lo hizo a puro golpe limpio, sin disimulos.
Lo que empezó como un contraataque alegre se transformó en una entrada que cambió el partido. El joven se asoció con Muhammad Abbas para un octavo wicket de 121 carreras que dejó a Inglaterra desorientada. Abbas aportó 42, con dos seis propios y una colección de golpes poco ortodoxos, incluidos reverse-sweeps ante Lawrence y un par de latigazos sobre cow corner a Ollie Robinson.
Atkinson fue lanzado hacia la zona en obras de Edgbaston en un over de tres seis consecutivos. Jofra Archer recibió dos golpes seguidos por encima de su cabeza. El público en la Hollies Stand, adormecido en los dos primeros días, despertó de golpe.
Mientras la luz caía sobre Birmingham, la pareja parecía capaz de llegar al cierre. Tongue, sin embargo, logró que Abbas empujara a punto. El estadio contuvo el aliento: ¿se acababa el espectáculo?
No todavía. Razaullah, decidido a exprimir cada bola, conectó su noveno seis ante Lawrence, igualando el récord y arrancando rugidos de las gradas. Sobrevivió a un lbw gracias a la revisión, para después, en un último intento de avanzar, quedar stumped ante el mismo Lawrence. Se marchó entre una ovación cerrada, convertido en nuevo ídolo inesperado del cricket paquistaní.
Pakistán cerró en 449. Una cifra impensable tras el 133 del primer día.
Pakistán se mira al espejo y responde
La gira había sido un despropósito. En Edgbaston, al menos por un día, Pakistán recordó quién es.
Por primera vez en la serie superó los 200 y las 51 overs en una entrada. Masood manejó la situación con calma, Awais dejó claro que hay talento joven en la reserva, Babar exhibió destellos de su jerarquía. No fue una exhibición perfecta, pero sí una respuesta de carácter.
Lo que elevó la jornada, sin embargo, fue el descaro de la cola. Razaullah y Abbas no solo alargaron la entrada; ridiculizaron los planes de Inglaterra, forzaron errores, sacaron de quicio a los rápidos y pusieron a prueba, de verdad, a un ataque que hasta ahora había mandado sin oposición.
Inglaterra, entre el desconcierto y el control perdido
Hasta la llegada de Razaullah, Inglaterra había cumplido. Tongue, con 4-42 en la primera entrada, había abierto la serie con la pelota. El plan de bola corta contra Babar funcionó. Las atrapadas fueron seguras, la disciplina de longitud, aceptable.
Luego llegó el caos.
Con Razaullah y Abbas en pleno asalto, Inglaterra perdió el hilo. Los campos se dispersaron para los bouncers, los lanzadores oscilaron entre la insistencia en la bola corta y la incapacidad para apuntar a los stumps. Cuando lo hicieron, se toparon con defensa firme o con otro golpe descomunal.
La decisión de Joe Root de entregar el segundo nuevo balón a Lawrence en lugar de Robinson, que atraviesa el mejor momento de su carrera, dejó perplejos a muchos. Archer mostró abiertamente su frustración por el castigo recibido. Root incluso abandonó brevemente el campo. Para el tramo final, Atkinson terminó lanzando bouncers a Razaullah con ocho hombres en la frontera. Una imagen elocuente.
Los wickets finales fueron un alivio más emocional que estratégico. Inglaterra dejó el campo con gesto serio, consciente de que había dejado escapar el control, aunque todavía con el marcador global de la serie a su favor y un objetivo manejable por delante.
Un sábado con filo
Inglaterra, con 453 en su primera entrada —Harry Brook 75, Jamie Smith 69, Lawrence 65, Emilio Gay 60, Robinson 50, y Razaullah 4-148 con la bola— sigue siendo clara favorita. Necesita solo 130 para completar la barrida por 3-0.
Pero Pakistán, al fin, tiene algo que defender. Tiene runs, tiene orgullo recuperado y tiene un debutante que ha encendido el vestuario y la grada.
El sábado no será un trámite. Será un examen. ¿Mantendrá Inglaterra la calma en una persecución corta pero traicionera? ¿O el eco de los seis de Razaullah seguirá resonando en Edgbaston lo suficiente como para forzar un último giro en esta serie?




