El tropiezo de Djokovic en Basilea que complica su camino a Turín
El regreso sorpresa de Novak Djokovic a Basilea apuntaba a ser un simple trámite de un campeón acostumbrado a dominar los ATP 500. Terminó convertido en una advertencia. El serbio cayó en su segundo partido ante Jan-Lennard Struff, en un duelo apretado, tenso, que se decidió por detalles… y por errores impropios del número de grandeza de Djokovic.
Los tres sets llegaron al 5-5. Nada de paliza, nada de desconexión total. Pero en el desempate del set definitivo, cuando históricamente Djokovic ha impuesto jerarquía y nervio frío, esta vez se derrumbó. Encadenó fallos que no suelen formar parte de su repertorio y le entregó a Struff su primera victoria ante él en su noveno enfrentamiento directo.
Un golpe inesperado. Y con consecuencias.
Un ATP 500 que de pronto sí importa
A estas alturas de su carrera, Djokovic no vive pendiente de los ATP 500. Sus objetivos, por costumbre y por estatus, se miden en Grand Slams y grandes títulos. Sin embargo, él mismo ha repetido que, juegue donde juegue, entra a pista para ganar. En Basilea no solo buscaba el trofeo: perseguía algo muy concreto, muy inmediato. Asegurar su presencia en las ATP Finals de Turín.
Llegó a Suiza situado en el puesto 12 de la Race to Turin, con solo ocho billetes disponibles. Un escenario radicalmente distinto al de otros años, cuando a estas alturas ya solía tener su clasificación cerrada, incluso en temporadas en las que luego optaba por no jugar el torneo, como ocurrió en las dos últimas ediciones.
En Basilea necesitaba una semana larga, de semifinales o final, que le diera margen para no jugarse todo a una carta en el Masters 1000 de París. No la tuvo. La derrota ante Struff le obliga ahora a exactamente lo que quería evitar: depender casi por completo de lo que haga en Bercy.
Con la actualización en directo de la clasificación, Djokovic figura ahora 11º en la Race, con Alexander Zverev, Carlos Alcaraz y Ben Shelton ya con su plaza asegurada. También Jannik Sinner está matemáticamente clasificado, pero la lesión de rodilla que le ha puesto fin a la temporada abre una puerta inesperada para el resto.
Cinco plazas del cuadro principal siguen vacantes. Hasta diez jugadores, Djokovic incluido, se mueven todavía en ese embudo.
Medvedev, Fils y un pelotón comprimido
La foto de la carrera a Turín se ha ido aclarando por arriba. Por puntos y por dinámica, Daniil Medvedev y Arthur Fils parten con una ventaja real sobre el resto, todavía en liza en los ATP 500 de esta semana. Si confirman su condición, dos de los cinco billetes restantes deberían llevar su nombre. Quedarían tres plazas para un grupo amplio y nervioso.
En el extremo más lejano aparece Jakub Mensik, que prácticamente necesitaría ganar el título en París para colarse entre los ocho elegidos. No es imposible, pero se parece mucho a una quimera.
El caso más llamativo es el de Flavio Cobolli. Sobre el papel, el italiano debería estar peleando por clasificarse y jugar las Finals en casa, arropado por el público de Turín. La realidad es más cruel: una lesión sufrida en su duelo ante Matteo Berrettini lo dejó roto y entre lágrimas en la pista. Nadie sabe si podrá volver a competir esta temporada. Su nombre sigue en la ecuación, su cuerpo no tanto.
Si se mantiene a Cobolli en la pelea, las tres plazas que quedarían tras Medvedev y Fils se las disputarían Cobolli, Frances Tiafoe, Rafael Jodar, Alex de Minaur, Djokovic, Taylor Fritz y Tommy Paul. Solo tres de ellos siguen vivos esta semana en los ATP 500: Fritz continúa en Basilea, mientras De Minaur y Paul compiten en Viena. El cruce entre Fritz y Fils asoma como un partido con carga extra: el resultado puede reordenar el mapa de Turín.
Entre Tiafoe, el lesionado Cobolli y los otros cinco aspirantes apenas hay 500 puntos de diferencia. Djokovic está justo en medio de ese grupo: por detrás de Jodar y De Minaur, por delante de Fritz y Paul. Lo que ocurra en estos días tendrá peso, pero hay un dato que juega a favor del serbio: su destino sigue dependiendo principalmente de lo que haga él mismo.
París como examen final
La ecuación es simple y brutal. Si Djokovic vuelve a caer pronto en París, ni la baja de Sinner ni las dudas físicas de Cobolli le salvarán. Se quedará fuera de las ATP Finals por primera vez desde 2017.
Para tener opciones reales, necesitará al menos alcanzar las semifinales en Bercy y, al mismo tiempo, que varios de sus rivales directos tropiecen antes de lo previsto. Incluso así, nada le garantiza la plaza. El margen de error es mínimo. Cada ronda contará.
Si el siete veces campeón del torneo parisino alcanza la final, el panorama cambia. Con un resultado así, lo más probable es que esté en Turín, con la posibilidad de ir a por un octavo título que alargaría un récord ya de por sí histórico. Si va un paso más allá y levanta el trofeo en París, no habrá cuentas que hacer: sumaría el título número 103 de su carrera y sellaría el billete sin mirar el marcador de nadie más.
Djokovic ya demostró a comienzos de octubre en Beijing que todavía puede firmar una semana de tenis en la que se convierta, otra vez, en el mejor jugador del cuadro de principio a fin. Para regresar a Turín, quizá tenga que repetir exactamente eso: una de esas semanas en las que el resto vuelve a mirar y se pregunta cuánto tiempo más va a durar este pulso con el tiempo.




