Último Test del verano inglés: Edgbaston y el caos de Pakistán
El último Test del verano inglés llega con abrigo, luces blancas y una imagen tan llamativa como nostálgica: Kevin Pietersen de nuevo con ropa de entrenamiento de Inglaterra, 12 años después. Ya no como estrella, sino como “specialist mentor” para la camada joven encabezada por Harry Brook, mezclando memes y experiencia de vestuario en un nuevo rol que dice mucho del momento de transición.
Pero el verdadero cierre de etapa está en Edgbaston, donde el miércoles arranca el tercer Test ante Pakistán. Un partido que suena a último esfuerzo antes de un respiro, tras un verano en el que la selección de Test ha sufrido una recalibración profunda. Y eso sin entrar aún en la gira de Pakistán, convertida en una hoguera de jugadores y en una investigación por “disciplina y conducta” que ha sacudido el vestuario visitante.
Nada de esto formaba parte del plan en marzo. El único punto que encaja con el guion original es el marcador: 2-0 arriba en esta segunda serie en casa, con la opción de un 3-0 limpio. Ben Stokes ya no está. Brendon McCullum ha sido encajonado en el rol de especialista de bola blanca. Y mientras el equipo espera la llegada de Stephen Fleming como nuevo seleccionador de Test, el grupo que vuelve a estar bajo la capitanía de Joe Root ha ido siendo “desprogramado” de algunos de los excesos de la era Bazball.
Un verano de bolas Dukes, noches largas y bates atados
Todo esto ha sucedido en un contexto agitado fuera del campo y brutal dentro de él. Incidentes de consumo de alcohol a altas horas han llenado titulares. Pero lo que de verdad ha marcado el cricket de Test ha sido la bola Dukes. El wobble seam ha dictado la ley. Ha caído un wicket cada 40 bolas de media. No se veía una cifra tan baja en Inglaterra desde la década de 1880. Y eso en el verano más caluroso desde los días de WG Grace. Un contraste casi absurdo.
Hace solo un año, los cinco Tests ante India se alargaron hasta el quinto día, los bateadores se desabrochaban el cinturón y los rápidos terminaban las jornadas con sangre en las botas. Ahora el relato es otro: Ollie Robinson ha cazado 23 víctimas a ocho carreras por wicket, casi sin despeinarse, y la única centena inglesa del verano sigue siendo el 113 de Ben Duckett en Trent Bridge.
Root quiso subrayar este contexto en la víspera del sorteo. No solo porque su propia media esta temporada ronda las 30 carreras y acumula un patrón preocupante de lbw. El último Test del verano suele ser el escaparate para ganarse un billete a las giras invernales, y el capitán quiso dejar claro a sus bateadores que el dominio de los bowlers pesará en la evaluación de cara a Sudáfrica, en diciembre.
Hay nombres que ya asoman en el horizonte. Jacob Bethell, cuando regrese tras su operación de rodilla, apretará aún más la competencia en el top siete. Pero a perfiles como Emilio Gay, Jordan Cox o Dan Lawrence se les ha pedido algo mucho más simple y a la vez más exigente: pensar solo en esta semana, en completar el 3-0, y en lo que el equipo necesita en cada momento. Root lo resumió con una frase que marca la nueva línea: “Se trata de entender que el juego es más grande que tú y tus logros individuales. Lo que importa es lo que haces colectivamente”.
Edgbaston en septiembre, un terreno nuevo
La gran incógnita es si aparecerá, por fin, una explosión tardía de carreras. El campo de Edgbaston luce marrón, con poca hierba, pero el aspecto engaña. Es la primera vez que el estadio alberga un Test en septiembre y se trata, además, del lanzamiento número 47 de 48 que se prepara este año. La bola ha seguido moviéndose en los últimos partidos del County Championship, con unas condiciones cada vez más otoñales que quizá influyan más que un terreno “cansado”.
El cambio de enfoque con el bate es claro: se busca más adaptabilidad, más matices, menos dogma. Ya no se trata de atacar por sistema, como en la primera ola Bazball, sino de leer situaciones y ajustar el riesgo. Y no es la única modificación. El regreso del psicólogo deportivo David Young a la estructura de Test también marca distancia con el régimen anterior. Young, pieza clave en el título mundial de 2019 y aún con contrato para 50 días al año, no era requerido por McCullum, que ejercía de psicólogo de facto dentro del vestuario.
Ahora su figura vuelve a tener peso. Aunque, viendo el desorden de la gira de Pakistán, cualquiera diría que allí necesitan aún más sus servicios.
Pakistán, del caos a la oportunidad
La última semana en el campamento paquistaní ha sido un terremoto: siete jugadores y dos entrenadores fuera, y el mismo número entrando. Incluso para los estándares de Pakistán, la palabra es caos. Un caos que hace que el desastre de Inglaterra en los últimos Ashes parezca un simple tropiezo.
El único consuelo para los visitantes es que, desde aquí, solo pueden ir hacia arriba. Root ha reconocido que su cuerpo técnico tiene poca información detallada sobre los recién llegados, lo que abre la puerta al factor sorpresa. Para Babar Azam, que se ha desmarcado con claridad de la remodelación a mitad de gira y de los problemas disciplinarios posteriores, este Test es una “oportunidad de oro” para que la nueva generación deje huella.
En ese grupo emergen Ubaid Shah y Razaullah, dos jóvenes seamers que deben aportar algo más de velocidad junto al siempre preciso Mohammad Abbas. En la parte alta del orden, Saim Ayub ofrece, además de su bate, una opción de spin ocasional que podría permitir a Pakistán igualar el ataque de cuatro rápidos de Inglaterra.
La pregunta es obvia y no admite medias tintas: ¿bastará todo esto para aguar el verano de reajuste inglés y convertir el 3-0 soñado en una nota desafinada en Edgbaston, o será el último capítulo de un cambio de rumbo que, contra todo pronóstico, ya va 2-0 arriba?




