Usyk rechaza trilogía con Fury mientras Joshua se estanca
Oleksandr Usyk tiene claro su próximo capítulo. Y, de momento, no incluye a Tyson Fury.
Mientras el esperado combate íntegramente británico entre Fury y Anthony Joshua sigue empantanado por una disputa sobre la sede, el ucraniano ha respondido con frialdad a la llamada pública del “Gypsy King” para una tercera pelea.
El lunes, ante el bloqueo en las negociaciones con Joshua, Fury recurrió a sus redes sociales para anunciar que buscaba nuevo rival. Y apuntó directamente al hombre que le arrebató la corona absoluta del peso pesado: Usyk, vencedor a los puntos en sus dos enfrentamientos de 2024.
La respuesta llegó rápido y sin rodeos. En declaraciones a Sky Sports News, Sergey Lapin, mánager de Usyk, fue tajante: “Usyk no es el plan B de Tyson”. Un golpe directo al orgullo del británico, que pretendía reabrir una rivalidad que ya le dejó dos derrotas en el récord.
Lapin incluso le señaló una vía alternativa: “Si Fury necesita un oponente, debería visitar la plataforma Ready to Fight. Allí pueden ayudarle a encontrar un rival digno”. Mensaje claro: si no hay oferta seria, no hay pelea.
El equipo del ucraniano insiste en que su boxeador está dispuesto a afrontar grandes retos, pero solo cuando vienen acompañados de propuestas formales, no de vídeos incendiarios en redes sociales. “Las intenciones serias se respaldan con una oferta concreta, no con declaraciones en la prensa”, remató Lapin.
Usyk, de 39 años, anunció en junio que dejaba vacantes los tres cinturones del peso pesado que todavía conservaba, aunque dejó claro que no se retiraba. En las últimas semanas, su nombre se ha vinculado con un posible duelo ante Deontay Wilder, otro ex campeón mundial con pegada devastadora.
El ucraniano, invicto como profesional con un impecable 25-0, ya sabe lo que es arruinar planes británicos. Encadenó dos victorias sobre Anthony Joshua en 2021 y 2022 para consolidarse en la élite. Curiosamente, en el último año ha pasado a formar parte del equipo de entrenamiento del propio Joshua, una relación que añade más picante al actual embrollo del peso pesado.
Porque, mientras tanto, el supuesto gran choque entre Fury y Joshua sigue sin fecha ni lugar. Ambos han firmado contratos individuales para un combate previsto inicialmente para noviembre, pero el desacuerdo sobre la sede mantiene el evento en el aire. Se ha especulado con Nueva York como posible escenario, aunque el promotor de Joshua, Eddie Hearn, insiste en que tanto él como su boxeador quieren que el combate se celebre en Londres.
Fury, en cambio, acusa a Joshua de intentar esquivar una pelea que lleva más de una década cocinándose. Y utiliza precisamente el vínculo de Usyk con el campamento de “AJ” para meter presión. En un vídeo publicado en Instagram, el británico se dirigió al ucraniano: “Oleksandr, tú eres su entrenador y su sensei y sabes que es débil de mente… y que nunca pelearía con el Gypsy King, cosa que tú sí tuviste el valor de hacer dos veces”.
El campeón derrotado no rehúye el reconocimiento: “Te dieron las decisiones la última vez, justo para ti. Buena suerte, hagámoslo otra vez. Volvamos a hacerlo en noviembre”. Fury cerró su mensaje dejando la pelota, al menos de cara al público, en el tejado de Usyk: “La pelota está ahora en tu campo… ¿quieres pelear conmigo este año, 2026, o lo dejas ya? Dímelo porque ahora estoy buscando nuevo oponente”.
La contestación del entorno de Usyk, sin embargo, dibuja otro panorama. No hay urgencia por rescatar una trilogía que, deportivamente, parece ya resuelta. El ucraniano ha conquistado el estatus de campeón indiscutido, ha dejado vacantes sus cinturones por decisión propia y explora ahora desafíos distintos, mientras Fury pelea más con los contratos y las sedes que con rivales reales.
El peso pesado vive un momento extraño: grandes nombres, grandes historias, pero demasiadas peleas soñadas que se quedan en anuncios y vídeos virales. Usyk ya hizo su parte sobre el ring. La pregunta ahora es si Fury y Joshua conseguirán, de una vez, que la próxima gran noche del boxeo se decida con guantes, y no con cláusulas.




