Varun Chakravarthy: el spinner que desafía el tiempo
Para un jugador que debutó con la selección a los 29 años, Varun Chakravarthy entiende el tiempo de otra manera. A los 35, su último año parece condensar una carrera entera: campeón del T20 World Cup en casa siendo el máximo wicket-taker de India —empatado en lo más alto con 14 wickets—, una campaña de IPL jugada con microfracturas en la mano izquierda y en un dedo del pie, y la primera lesión muscular de su vida, que lo obligó a semanas de rehabilitación.
Y, sin embargo, cuando se le pregunta en qué punto está de su recorrido, responde con una sencillez que descoloca. Él siente que apenas va por la primera mitad de su carrera. Empezó tarde, sí, pero no se ve cerca del final. Nada de discursos épicos ni planes a cinco años. En un formato tan volátil como el T20, prefiere perseguir la siguiente pequeña mejora antes que el siguiente gran hito.
Totalmente recuperado de la lesión de grado 2 en el isquiotibial izquierdo que sufrió en la serie T20I contra Inglaterra, el spinner de Tamil Nadu regresa justo a tiempo para un tramo exigente: tres T20I ante Afganistán, un histórico partido internacional ante Japón y los Asian Games en Aichi-Nagoya, donde India, vigente campeona, entra directamente en cuartos de final.
Aprender a convivir con un tipo de dolor nuevo
Hasta este verano, el dolor siempre había llegado de la misma forma para Chakravarthy: golpes, impactos, mala suerte. Lo que se rompe al chocar, no lo que se desgarra por dentro. Una lesión muscular era territorio desconocido.
Él mismo lo resume así: todas sus dolencias anteriores habían sido por impacto o accidentes en el campo. Esta vez fue distinto. La recuperación lo llevó al BCCI Centre of Excellence en Bengaluru, donde reconstruir la confianza resultó tan importante como recuperar la fuerza. Días largos, rutina implacable. Mucho trabajo de carrera, mucha fuerza. Ningún atajo.
Para un lanzador cuya arma depende tanto del ritmo como del engaño, volver no consiste solo en recibir el alta médica. Se trata de confiar otra vez en el cuerpo para soltar toda la imaginación que lo hace tan difícil de descifrar. La seguridad no vuelve de un día para otro. Primero hay dudas. Después, cuando el cuerpo responde, el juego se abre y el bowler vuelve a expresarse con libertad.
Chakravarthy, lejos de ver esos parones como tiempo perdido, los convierte en laboratorio. Cuando estás fuera, explica, puedes afilar habilidades que la competición continua no te permite tocar. No hay viajes, no hay partidos cada dos días. Hay espacio para revisar, corregir, añadir algo nuevo al repertorio.
El misterio empieza en los pies
Cuando se habla de mystery spin, casi todo el mundo mira a las muñecas, a los dedos, al punto de suelta. Chakravarthy empieza mucho antes: en los pies.
Su vínculo con ASICS hoy tiene una cara comercial, pero la relación es anterior al contrato. Ya había cambiado a ese calzado alrededor de 2022, bastante antes de firmar el acuerdo en enero de 2026. Lo interesante no es la marca, sino la forma quirúrgica con la que analiza algo tan aparentemente simple como unas zapatillas.
Para él, el zapato es el gran equipamiento del lanzador. El bateador tiene un arsenal: bates, guantes, protectores. El bowler, en cambio, vive sobre su calzado. Y como spinner, sabe que el pie cambia con el tiempo: se ensancha, se deforma ligeramente por la cantidad de pivotes tras el aterrizaje. Por eso insiste en una puntera amplia, que deje espacio al movimiento, y en un talón bien contenido, con buen soporte. Si, además, el conjunto es ligero, ya tiene la base de su “caja de herramientas”.
Hay algo muy reconocible en esa mirada: el exarquitecto que se transformó en élite del cricket sin perder el ojo analítico. Todo es proceso, todo es detalle. Cada pequeño ajuste suma una fracción de ventaja.
Japón, la Villa y la curiosidad como motor
Los Asian Games, que arrancan el 19 de septiembre, le ofrecen algo que ni siquiera los grandes torneos ICC pueden darle: una villa deportiva compartida con atletas de decenas de disciplinas. Para Chakravarthy, esa convivencia es casi tan atractiva como los propios partidos.
Será su primera vez en Japón. Primera vez también en unos Juegos de este tipo. Hasta ahora, su calendario internacional se ha movido entre torneos ICC y ACC. Esta vez, el mapa cambia.
Lo que más le intriga no son los estadios, sino las rutinas. Quiere ver cómo se prepara un velocista de 100 metros, cómo organiza su día un profesional del bádminton, qué hace diferente un atleta de otra disciplina en las horas previas a competir. En un calendario de cricket cada vez más saturado, esas oportunidades de cruzar mundos deportivos son rarísimas.
Ese espíritu abierto puede terminar siendo una ventaja dentro del campo. Los terrenos de juego en Korogi Sports Park no se parecerán demasiado a las superficies indias que él conoce de memoria. El propio Chakravarthy asume que la clave del ataque estará menos en el plan previo y más en la capacidad de adaptarse sobre la marcha.
Para un hombre que llegó tarde al cricket y aún se siente en la primera mitad de su carrera, no deja de ser coherente: el misterio de su spin empieza en los pies, pero la verdadera incógnita está en cuánto más puede crecer cuando el resto del mundo cree que ya ha llegado tarde.




