Waterford gana la final y asegura su permanencia
Waterford viaja a la final de la Club Orange FAI Cup con Derry City con el pecho hinchado y el futuro despejado. No solo selló el billete para el domingo, también amarró su plaza en la Premier Division con un 3-2 vibrante ante Shelbourne que tuvo de todo: golazos, vaivenes y un héroe de área llamado Tommy Lonergan.
Sobre el papel, el riesgo de descenso era mínimo: Drogheda United necesitaba un giro de ocho goles para empujar a los de Waterford al play-off. Sobre el césped, no hubo lugar para la calculadora. Goles de Evan McLaughlin, Pádraig Amond y el propio Lonergan borraron cualquier sombra de duda y silenciaron el intento de rebelión local.
Un trueno de McInroy enciende el partido
El encuentro arrancó espeso, sin ritmo ni filo. En el minuto siete, todo cambió. Seán Moore rompió líneas, se plantó ante Stephen McMullan y el meta de Waterford evitó el 1-0 con una parada clave. Fue un aviso. El siguiente latigazo ya no tuvo respuesta.
Poco después, Shelbourne golpeó con la firma de su capitán, Kerr McInroy. La jugada nació en la izquierda: John Martin filtró para Daniel Kelly, John Mahon pareció neutralizar el peligro, pero el balón suelto cayó a James Norris. El lateral no se puso nervioso, levantó la cabeza y encontró a McInroy en la frontal. Control, cuerpo abierto y un disparo tenso, ajustado al lateral de la red, inalcanzable para McMullan. Un golazo para abrir la tarde.
Waterford quiso contestar a lo grande. Lonergan bajó un balón y lo dejó franco para Conan Noonan, que conectó una volea potente y bien dirigida. Eddie Beach respondió con reflejos de portero grande, volando para negar el empate. Del posible 1-1 se pasó a una nueva ocasión para los locales: Martin, completamente solo, cabeceó el centro de Norris… directo a las manos de McMullan. Oportunidad desperdiciada.
Shelbourne olió sangre. Moore dispuso de una opción inmejorable para doblar la ventaja tras un envío desde la derecha de Evan Caffrey. Con la defensa de Waterford descolocada y el arco abierto, el atacante curvó el disparo… fuera, rozando el poste. Esa falta de puntería iba a tener castigo.
El empate que cambia el guion
Cuando el público aún lamentaba las ocasiones falladas, Waterford encontró aire en una acción en apariencia inocente. Un centro de Jorgen Vollas generó un barullo en el área pequeña. Entre piernas y rebotes, apareció McLaughlin, más despierto que nadie, para empujar desde dos metros. Gol feo, sí. Pero gol que valía oro.
Shelbourne pudo recuperar la ventaja antes del descanso. Kelly se fabricó el espacio, recortó y puso un balón medido al segundo palo. Moore, con todo a favor, dudó un instante y dejó escapar otra ocasión clarísima. El castigo, esta vez, se haría esperar hasta la segunda parte.
Amond impone su ley en el aire
Seis minutos después de la reanudación, Waterford dio la vuelta definitiva al marcador. Un balón aparentemente inofensivo de Benny Couto por la banda terminó en los pies de Lonergan. El delantero giró, levantó la cabeza y colgó un centro perfecto al corazón del área. Allí apareció Pádraig Amond, especialista del juego aéreo, para rematar con un cabezazo poderoso que superó a Beach. 1-2 y el partido patas arriba.
La confianza cambió de bando. Mahon rozó el tercero con un espectacular cabezazo en plancha a centro de Vollas, obligando a Beach a una estirada a mano cambiada de mucho mérito. Shelbourne, desbordado, necesitaba una reacción inmediata.
John Russell movió el banquillo con decisión: dentro Mipo Odubeko y Seán Boyd, y un dibujo descarado con cuatro hombres arriba. El riesgo surtió efecto.
Lunney firma otro golazo y desata el caos final
En el ecuador del segundo tiempo, la apuesta ofensiva de Shelbourne encontró premio. Moore combinó con Jack Henry-Francis, que llegó a línea de fondo y tuvo la calma para mirar atrás. El pase raso encontró a JJ Lunney en la frontal. Control y caricia con el interior, ajustando el balón al rincón bajo. Otro tanto de bella factura para el 2-2 y un tramo final abierto a cualquier cosa.
Shelbourne olió el momento. Boyd, recién entrado, se lanzó a por el protagonismo cuando Kelly sacó un centro profundo desde la derecha. Con McMullan a media salida, el delantero no logró dirigir el cabezazo entre los tres palos. Otra ocasión que se escapaba.
El guardameta de Waterford volvió a sostener a los suyos poco después, bajando rápido al suelo para desviar un disparo de Odubeko desde unos 20 metros que buscaba el ángulo. El asedio local continuó. El trabajo de los suplentes Luke Heeney y Dean McMenamy abrió una ventana para Noah Mawene, que probó suerte con un disparo enroscado desde la frontal. El balón se marchó por encima del ángulo, rozando el sueño del 3-2 para los de casa.
Lonergan decide y se corona
Cuando el empate parecía escrito, apareció de nuevo el hombre del momento. Minuto 87. Joe Ashton, recién ingresado, encontró espacio por la banda y puso un centro tenso al segundo palo. Allí, casi escondido, Lonergan se zafó de su marca, se giró y conectó un cabezazo preciso, cruzado, imposible para Beach.
Gol. 2-3. Y un título personal: máximo goleador de la Premier Division con 16 tantos. La firma perfecta para una noche que consolida su temporada y empuja a Waterford hacia la final con una inyección de confianza difícil de medir.
Shelbourne se queda con el sabor amargo de las ocasiones perdidas y dos golazos para el recuerdo, los de McInroy y Lunney. Waterford, con la permanencia asegurada y la puntería afinada, llega al domingo con una pregunta clara sobre la mesa: ¿está listo para rematar el año con un trofeo?




