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Alexander Zverev conquista el US Open 2024

Nueva York volvió a ser territorio de Alexander Zverev. Y, una vez más, el tenis masculino estadounidense se quedó mirando desde la barrera cómo se le escapa un Grand Slam que persigue desde hace más de dos décadas.

El alemán conquistó su segundo grande y alargó la sequía de los hombres de Estados Unidos al imponerse a Ben Shelton por 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2 en la final del US Open, este domingo, en una Arthur Ashe encendida y desesperada por ver un campeón local por primera vez desde 2003.

Zverev, del trauma de 2020 a la consagración

La historia de Zverev en Nueva York tenía una herida abierta. Aquella final de 2020, perdida ante Dominic Thiem tras ir dos sets arriba y rozar el título a dos puntos de distancia, le persiguió durante años. Ese fantasma ya no existe.

Este 2024 ha cambiado su carrera. Primero, el desahogo en Roland Garros, donde por fin levantó su primer Grand Slam. Ahora, el título en Flushing Meadows, el mismo escenario donde se le escapó todo. Esta vez no titubeó.

Llegaba como primer cabeza de serie en un grande por primera vez en su vida, condición que heredó cuando Jannik Sinner, número uno del mundo, se retiró del torneo por una lesión de rodilla. Zverev asumió el cartel de favorito y lo sostuvo con un tenis serio, calculado, casi quirúrgico en los momentos calientes.

Shelton, la ilusión de un país que no quiere esperar más

Enfrente estaba Shelton, 23 años, número 8 del cuadro, la nueva cara del tenis estadounidense. El jugador que había hecho soñar a la grada durante dos semanas. El que eliminó al vigente campeón Carlos Alcaraz en un maratón de cinco sets que terminó a las 3:33 de la madrugada, el partido más tardío en la historia del US Open.

Shelton no solo jugaba por sí mismo. Luchaba por convertirse en el primer campeón estadounidense desde Andy Roddick en 2003 y, además, en el primer jugador negro en ganar el título masculino en Nueva York desde Arthur Ashe en 1968. El peso simbólico era enorme. La noche lo sabía. El estadio también.

El recibimiento lo dejó claro: la Arthur Ashe se puso en pie, rugió cuando Shelton salió del túnel. Pero el ruido se apagó pronto.

Un inicio nervioso que marcó el guion

El estadounidense sacó primero. Perdió los dos primeros puntos. Cerró el juego con una doble falta. Golpe directo a la atmósfera. Zverev no perdonó. Tomó el quiebre inicial y ya no soltó la ventaja en todo el set, que, irónicamente, terminó con otra doble falta de Shelton. Dos regalos en los momentos clave. Demasiado caro ante un número uno.

El alemán, fiel a su estilo metódico, empezó también a manejar otro partido: el del ambiente. Su ritual de saques —bote tras bote, a veces diez, otras doce, en ocasiones cerca de veinte— congeló el ruido. Cada punto previo al servicio se convertía en una pausa larga, incómoda para una grada que quería empujar a su héroe.

Las normas del tenis exigen silencio mientras el jugador se prepara para sacar y durante el punto. Ese tempo lento, casi obsesivo, favoreció a Zverev. El público intentó romperlo celebrando algunos fallos de primer servicio, gesto que obligó al juez de silla a intervenir. No bastó. El alemán, que ya había avisado antes del partido que disfruta con ambientes hostiles, jugó con la calma de quien no se deja intimidar.

Un ‘tie-break’ perfecto

Shelton reaccionó en el segundo set. Ajustó su saque, encontró más primeros, conectó con la grada. El partido se equilibró. El público volvió a creer. Pero el desempate fue otra historia.

Ahí apareció el Zverev más contundente. Primer punto: resto largo de Shelton. Segundo: passing shot espectacular del alemán. Tercero: un peloteo de 16 golpes que terminó del lado de Zverev. 3-0. El aire se escapó de la Arthur Ashe.

Luego llegaron los misiles. Un servicio a 147 millas por hora, otro a 124, inalcanzables para Shelton. El estadounidense solo pudo maquillar hasta el 5-2 y poner un resto en juego por primera vez en el ‘tie-break’, pero Zverev también se llevó ese punto. Cerró el desempate con otro saque a 139 millas. Implacable. 2-0 en sets.

Shelton, eso sí, no se fue sin pelear.

Orgullo de Shelton y sentencia final

En el tercer set, el estadounidense por fin encontró la recompensa a su agresividad. Ajustó mejor las devoluciones, arriesgó con la derecha, subió a la red con decisión. Zverev, por primera vez en la noche, cedió terreno. Shelton se llevó el set 7-5 y encendió de nuevo el estadio. La gente se levantó. La sensación era clara: había partido.

Pero la reacción se quedó ahí.

El alemán volvió del descanso del cuarto set con otra cara. Recuperó la precisión, alargó los intercambios, castigó los errores de Shelton, que no logró sostener el nivel ni el porcentaje de primeros saques. Zverev quebró, se afirmó en su servicio y manejó el tramo final con la frialdad de un campeón ya hecho. El 6-2 definitivo selló la noche.

Shelton, que llegaba con un 0-5 en el cara a cara ante Zverev, logró por primera vez en mucho tiempo arrancarle más de un set, pero sigue sin conocer la victoria frente al alemán. El 0-6 en el historial duele, aunque su recorrido en este US Open deja claro que, con 23 años, tendrá más oportunidades.

La pregunta es otra: ¿cuánto más está dispuesto a esperar el tenis masculino estadounidense para volver a celebrar un campeón de Grand Slam?