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Aday Mara brilla en su debut con España a pesar de la derrota ante Portugal

El pabellón se vino abajo en cuanto el speaker pronunció su nombre. Aday Mara, primer jugador en levantarse del banquillo, cruzó la mesa de anotadores entre una ovación cerrada. Con 21 años, el pívot ya puede tachar una línea de su lista de deseos: debutar con la absoluta de España. Un país enfermo de baloncesto que, sin disimulo, coloca buena parte del futuro de su selección sobre sus enormes hombros.

El marcador, sin embargo, no acompañó a la historia. España cayó por 95-89 ante Portugal en el clasificatorio para la Copa del Mundo FIBA 2027. El combinado de Sergio Scariolo se queda con un balance de 5-2 y 12 puntos en el Grupo I, de momento suficiente para mantenerse en la segunda plaza. La derrota dolió. La irrupción de Mara, no.

Un estreno con sello propio

El gigante de 2,21 terminó su primer partido oficial con la absoluta con 12 puntos (3/8 en tiros de campo), seis rebotes, dos asistencias, cuatro tapones y un notable 6/7 desde la línea de tiros libres en 19 minutos. Números sólidos. Sensaciones, todavía mejores.

Sus primeros puntos con España llegaron como mandan los cánones de un cinco moderno: bloque ciego, continuación agresiva y finalización entre tráfico. Mara marcó un slip screen, se abrió hueco, recibió en carrera y se abrió paso a base de cuerpo para dejar una bandeja que desató otro rugido en la grada. Una acción simple, pero simbólica. El primer destello de quien muchos ven como el heredero natural del linaje que encendieron Pau Gasol y Marc Gasol en la década dorada de la selección.

A partir de ahí, una colección de acciones que poco tenían que ver con el jugador que se vio hace apenas un mes en la Summer League. Era otro cuerpo. Otro ritmo. Otra determinación. Se movió con más ligereza, corrió la pista como si llevara años en este nivel y hasta se permitió un mate a una mano en transición, llegando desde atrás como un ala más.

Duelo de pívots y carácter NBA

España entendió rápido que tenía una ventaja interior y empezó a alimentar a Mara al poste. El joven pívot se fue una y otra vez contra Neemias Queta, referencia de Portugal y titular emergente la pasada temporada en unos Boston Celtics que sorprendieron a la liga. El choque fue físico, intenso, de los que marcan territorio.

Ambos se golpearon, se empujaron, pelearon cada posición en el rebote. La batalla fue subiendo de tono hasta que las palabras cruzadas obligaron a que los árbitros y compañeros intervinieran para separarlos. Nada fuera de lo normal entre interiores de élite, pero sí una señal clara: el novato de la NBA no se arruga ni ante un pívot consolidado ni en un partido con peso competitivo.

En defensa, la tarjeta de presentación de Mara resultó todavía más contundente. Su protección del aro se trasladó sin fisuras al escenario FIBA. Cada vez que un exterior portugués, más bajo y ligero, se atrevía a retarle en penetración, el desenlace era casi siempre el mismo: tapón directo o una bandeja forzada, lanzada desde un ángulo imposible, que ni siquiera rozaba el aro. Con ese radio de acción, si su condición física aguanta, tiene capacidad real para cambiar la geometría de cualquier defensa en estático simplemente flotando como corrector. En la NBA apenas hay un puñado de jugadores más altos que él.

España, a remolque… hasta que apareció Mara

Mientras el debutante se asentaba, España se vio obligada a remar desde pronto. Cerró el primer cuarto por detrás, 24-18, desajustada atrás y sin continuidad en ataque. La reacción llegó al inicio del segundo periodo con un parcial de 15-3 que devolvió el mando en el marcador y encendió al público. El duelo entró entonces en una dinámica de intercambio constante, con el tanteo oscilando de un lado a otro.

España firmó 27 puntos en ese segundo cuarto, pero se marchó al descanso aún a remolque, 47-41. Portugal castigó cada despiste y mantuvo la calma desde la línea de tres y el tiro libre. El partido pedía un golpe de efecto. Lo dio el más joven.

Tras el paso por vestuarios, España vivió sus mejores minutos. Mara, ya suelto, añadió a su repertorio la lectura de juego. Desde el poste, encontró un pase cruzado que terminó en triple y sirvió como chispa emocional. El equipo se desató, el ataque fluyó y el marcador dio un giro: 65-59 para España. La grada rugía, consciente de que estaba asistiendo a algo más que un simple partido de clasificación.

El tercer cuarto terminó con 30 puntos anotados por España y el choque empatado a 71. Todo quedaba abierto para los últimos diez minutos, con Mara convertido en protagonista silencioso de la remontada.

El golpe final de Portugal

Cuando el ambiente pedía un arreón definitivo, llegó el mazazo. Portugal arrancó el último cuarto con una autoridad que descolocó a España. Parcial duro, ventaja de dobles dígitos y sensación de ir siempre un segundo tarde en cada ayuda, en cada cierre, en cada decisión.

Esa salida lenta al último periodo terminó siendo una condena. España lo intentó a tirones, pero ya a contrarreloj. El ataque se secó: solo 18 puntos en el cuarto decisivo. Cada intento de recortar diferencias moría en un tiro precipitado o en una buena respuesta portuguesa. Mientras tanto, el tercer cuarto monstruoso de Mara quedó en contraste con un tramo final más discreto, condicionado por el guion del partido y la necesidad de buscar soluciones rápidas desde el perímetro.

No hubo épica. Hubo aprendizaje. Y, sobre todo, hubo un debut que deja mucha más ilusión que dudas.

Lo que ve Oklahoma City Thunder

Desde la distancia, en las oficinas de Oklahoma City Thunder, el informe del partido llega con un mensaje claro: motivos para el optimismo. Ante un pívot titular de la NBA, Mara no solo aguantó el tipo; mostró una versión mucho más cercana a lo que se espera de él en un contexto real, con presión, público y marcador en juego. Nada que ver con la atmósfera adormecida de la Summer League.

Su físico aguantó el ritmo, su movilidad fue otra y su impacto defensivo se vio desde el primer minuto. El trabajo con el nuevo preparador físico de la franquicia empieza a notarse: la diferencia de condición entre julio y este final de agosto es evidente. Y, quizá más importante, se vio un esbozo nítido de cuál puede ser su techo en un partido de alto voltaje.

En un verano plano para la NBA, con pocas noticias de peso, el clasificatorio de España ante Portugal ofreció algo distinto: la primera gran escena internacional de un pívot llamado a marcar una era. Si este es solo el primer capítulo de Aday Mara con la selección, la verdadera pregunta no es qué ha hecho hoy, sino hasta dónde puede llevar mañana a España y a Oklahoma City Thunder.