El Senado impulsa la Protect College Sports Act
El Senado de Estados Unidos dio este martes un impulso decisivo a la Protect College Sports Act, el proyecto de ley respaldado por la NCAA que busca poner orden, desde Washington, al caos que sacude al deporte universitario.
La votación fue contundente: 74-24, muy por encima de los 60 votos necesarios para avanzar el texto. El calendario para la votación final sigue sin definirse, y el proyecto aún deberá superar el filtro de la Cámara de Representantes, pero el mensaje político ya quedó claro: el Congreso quiere meter mano en las reglas del juego.
Un intento de frenar el descontrol
En los últimos años, el modelo tradicional del deporte universitario se ha ido desmoronando a golpe de sentencia judicial y medidas cautelares dictadas en distintos estados. Normas que parecían inamovibles durante décadas han saltado por los aires: libertad casi total para cambiar de universidad, compensaciones directas de los centros a los deportistas, nuevas fórmulas de pago ligadas a su valor en el mercado.
En ese contexto irrumpe la Protect College Sports Act, que pretende fijar un estándar nacional en cuestiones clave: años de elegibilidad, frecuencia de los traspasos entre universidades, límites y estructura de la compensación económica y otros aspectos que hasta ahora se decidían en un mosaico de regulaciones estatales y normas internas de la NCAA.
El proyecto, además, blindaría jurídicamente a la NCAA al concederle una exención antimonopolio que la protegería de futuras demandas sobre estas reglas. Un estatus similar al que disfrutan ligas profesionales como la NFL o la NBA. Con una diferencia esencial: en esas ligas, las normas se negocian mediante convenios colectivos con los jugadores; en el deporte universitario, los atletas no tienen ese poder de negociación.
Cruz, Cantwell y el respaldo de la NCAA
El texto, presentado este año por el senador Ted Cruz, republicano por Texas, y la senadora Maria Cantwell, demócrata por Washington, ha logrado algo poco habitual en el clima político actual: apoyo bipartidista. La NCAA lleva años presionando al Congreso para conseguir una ley federal amplia que sustituya el actual rompecabezas de decisiones estatales, especialmente en fútbol americano y baloncesto masculino y femenino, donde se mueve la mayor parte del dinero.
El respaldo del estamento deportivo no se ha hecho esperar. El entrenador de Gonzaga, Mark Few, se alineó públicamente con los impulsores del proyecto. “Este proyecto de ley puede que no sea perfecto, pero es, con mucha diferencia, lo mejor que tenemos ahora mismo”, afirmó el lunes, flanqueado por Cruz y Cantwell. La frase resume el sentir de buena parte de los dirigentes: no es la solución ideal, pero es una tabla de salvación frente a un sistema que consideran ingobernable.
Un frente de oposición potente
La Protect College Sports Act, sin embargo, no avanza en silencio. Tiene enfrente a voces de peso, entre ellas el Congressional Black Caucus y la NAACP, preocupados por el impacto que la ley podría tener sobre los derechos y la capacidad de negociación de los atletas, muchos de ellos afroamericanos, que sostienen con su talento el multimillonario negocio del deporte universitario.
Uno de los críticos más duros ha sido el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut. “Este proyecto de ley protege los miles de millones de dólares que entrenadores y ejecutivos de la industria deportiva están ganando gracias a la supresión de la compensación para algunos de los atletas más valiosos del mundo”, denunció el lunes ante los medios. Y fue más allá: “Lo que se nos pide es que, básicamente, permitamos que universidades, conferencias y la NCAA coludan ilegalmente”.
La batalla no se libra solo en los pasillos del Capitolio. Se juega también en el gran escaparate mediático del deporte estadounidense. Cruz llevó su mensaje a ESPN, aprovechando el altavoz de “College GameDay”, el programa estrella de la previa del fútbol universitario, para defender el proyecto ante millones de aficionados. Murphy respondió en otro escenario de alto impacto: el podcast “Straight Shooter” de Stephen A. Smith, donde contraatacó la narrativa de que esta ley protege a los deportistas.
El choque está servido: de un lado, quienes ven en la Protect College Sports Act la última oportunidad para salvar un modelo universitario bajo asedio; del otro, quienes la interpretan como un cerrojo legal para mantener a los atletas fuera del reparto real del dinero. La pelota, ahora, bota en la Cámara de Representantes. Y cada día que pasa, el negocio del deporte universitario se parece un poco menos al juego amateur que decía ser.



