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El boom de audiencia de Team USA en el Mundial FIBA femenino

El dato es contundente: 1,2 millones de espectadores de media para la final del FIBA Women’s World Cup entre Estados Unidos y Francia, emitida el domingo a través de HBO Max, TNT y truTV. Un 97-79 sobre la pista y un marcador aún más abultado en los despachos: un aumento del 158% respecto a la final de 2022 y un salto descomunal del 750% en comparación con la de 2018.

No es un simple repunte. Es un cambio de escala.

Un fin de semana de récords

La semifinal del sábado ante España ya había encendido las alarmas —en el buen sentido—: 938.000 espectadores de media. Suficiente para convertirla en el cuarto partido más visto en la historia del torneo. Veinticuatro horas después, la final frente a Francia se colocaba directamente como el tercer encuentro con mayor audiencia de todos los tiempos en el Mundial FIBA femenino.

Por delante solo quedaron dos partidos… del propio Team USA en esta misma edición. Primero, el casi tropiezo ante Italia, con 1,3 millones de espectadores. Después, el último duelo de la fase de grupos frente a Czechia, que igualó los 1,2 millones de la final.

Sobre el papel, podría parecer una paradoja: más ojos en la fase de grupos que en la semifinal y la final. Más tensión, más nivel, menos audiencia. Pero el calendario manda.

El peso de la NFL y del U.S. Open

La final se jugó en mitad del huracán del Week 1 de la NFL. Pleno domingo, jornada regular arrancando, todos los focos repartidos entre varios estadios. Cualquier otro evento deportivo que caiga en esa franja sabe a lo que se expone. El Mundial FIBA femenino no fue la excepción.

A esa competencia se sumó el U.S. Open de tenis, también con un atractivo añadido para el público estadounidense: presencia de un jugador local, Ben Shelton, en la final. Dos grandes ventanas deportivas superpuestas sobre el partido que debía coronar a la mejor selección del mundo.

El sábado no había NFL, pero sí una parrilla cargada de college football. Otro gigante. Otra marea de partidos en directo compitiendo por el mismo espectador.

No sorprendió que varios periodistas y analistas criticaran la programación del torneo. El tramo decisivo del Mundial, colocado de frente al deporte rey en Estados Unidos, parecía condenado a rendir por debajo de su verdadero potencial de audiencia.

Un millón largo en “territorio enemigo”

Y, aun así, la selección estadounidense superó el millón de espectadores de media en pleno domingo de NFL. Eso, en sí mismo, es una declaración de fuerza.

Habla del crecimiento del baloncesto femenino. Habla de un público que ya no solo aparece en las grandes citas olímpicas, sino que también responde en un Mundial con un calendario poco amable. Y habla, sobre todo, de nombres propios que arrastran miradas como pocas veces se había visto en este deporte.

Caitlin Clark se ha convertido en el gran imán. A su alrededor, figuras como Paige Bueckers y Angel Reese completan un núcleo joven que, más que una generación, parece un proyecto de era. Este Mundial ha sido apenas un adelanto: una muestra de lo que pueden ofrecer dentro de la pista y, al mismo tiempo, del impacto que generan fuera de ella.

La audiencia no miente. Con ellas, el techo parece cada vez más alto.

París 2028 ya está en el horizonte

El Mundial FIBA femenino deja números históricos en un contexto hostil, con la NFL y el U.S. Open compitiendo directamente por el mando a distancia. Si a pesar de todo eso el torneo firma las mejores audiencias de su historia con Team USA como epicentro, la pregunta ya no es si el baloncesto femenino puede seguir creciendo, sino hasta dónde.

El gran examen llegará en París 2028. Juegos Olímpicos, escenario global, estas mismas estrellas en el punto álgido de sus carreras. Si un domingo de NFL no ha logrado frenar el interés por esta selección, ¿qué pasará cuando tengan el mayor escaparate deportivo del planeta solo para ellas?