logo

Alex de Minaur cae en el US Open y pone en riesgo su lugar en el top 10

El brillo del inicio de temporada quedó muy lejos. En una pista secundaria de Flushing Meadows, Alex de Minaur vio cómo se desmoronaba su US Open y, con él, parte del impulso que lo había llevado al top 10. El número 7 del mundo cayó 6-4, 7-5, 6-2 ante el holandés Botic van de Zandschulp y cerró su peor curso de grand slams en tres años. Su puesto entre los diez mejores, de repente, ya no parece tan sólido.

“Mi nivel hoy no fue lo suficientemente bueno. Es bastante sencillo”, admitió el australiano, sin rodeos. Lo intentó todo: intensidad, actitud, lucha. Nada encajó. “La sensación de la bola en las cuerdas no estaba. Hice muchos errores, que no es mi estilo. Cuanto más lo intentaba, cuanto más me encendía, más errores no forzados cometía… fue un día duro en la oficina”.

Lo fue, y se notó desde el servicio, ese golpe bajo lupa desde hace meses. Siete dobles faltas, solo cuatro aces, once bolas de break concedidas y cinco rupturas sufridas. Un peaje demasiado alto ante un rival que, aunque no le había ganado nunca en cuatro enfrentamientos previos, llegaba con mejores sensaciones.

Un golpe estadístico y emocional

La derrota corta una racha de consistencia en los grandes: en sus últimos 13 majors solo había perdido tan pronto en dos ocasiones. Este año había alcanzado los cuartos de final en el Australian Open, pero se quedó en tercera ronda en Roland-Garros y en cuarta en Wimbledon. En Nueva York, donde venía de dos presencias consecutivas en cuartos, se marcha ahora en segunda ronda, su adiós más temprano en cinco años.

El contexto no ayuda. Desde febrero, De Minaur solo ha superado los cuartos de final en un torneo. Su caída en Wimbledon ante Flavio Cobolli ya le dejó tocado: entonces habló de lo que le dolía no dar la talla “en ese escenario”, algo que “le rompía por dentro”. En Washington intentó rebajar el dramatismo de aquella reacción, pero el tenis no le ha dado respiro desde entonces.

En la Arthur Ashe no jugó, pero la presión pesó igual. Van de Zandschulp, pegador pesado y de racha peligrosa, olió la fragilidad. Se llevó el primer set y, cuando el australiano dobló falta para quedar 4-3 abajo en el segundo, la noche empezó a torcerse del todo. Hubo un amago de giro: un passing de revés de De Minaur, tras tocar la cinta, le dio 15-40 en el juego siguiente. Igualó, se puso por delante, se aferró.

El esfuerzo no bastó. Con 5-5, perdió un juego de saque maratoniano tras salvar cuatro bolas de break y ceder en la quinta. El punto decisivo llegó tras un golpe desviado de Van de Zandschulp que cayó corto y arrastró al australiano a la red; el holandés se disculpó, pero De Minaur también dejó escapar una opción de defensa mejor. Dos sets abajo, y una estadística demoledora: nunca había remontado un 0-2 en 27 intentos.

Se ausentó unos minutos entre mangas, volvió con gesto de rabia, intentó subir el ritmo. En el tercer juego, un derechazo largo le costó el servicio. Tuvo dos pelotas de break en el juego siguiente, se esfumaron. Y cuando Van de Zandschulp le rompió otra vez, el duelo quedó prácticamente sentenciado. El número 7 del mundo, fuera. Y el top 10, tambaleándose.

Dane Sweeny, del anonimato al foco

Mientras De Minaur se despedía, otro australiano se ganaba el día y, quizá, un nuevo capítulo de su carrera. Dane Sweeny, 170 centímetros de pura tenacidad y número 123 del ranking, tumbó al italiano Lorenzo Musetti, doble semifinalista de grand slam, por 3-6, 6-1, 6-2, 6-2 en una de las grandes sorpresas del torneo. Es su primera victoria ante un top 20 y su estreno en tercera ronda de un major.

Nada ha sido sencillo para él. Hasta hace dos años, Sweeny atravesaba un bache tan profundo que decidió parar varios meses, justo cuando sentía que rozaba el salto a la élite. Volvió, siguió, esperó. Ahora recoge el premio: más de 400.000 dólares asegurados y un ranking virtual de número 109, el mejor de su carrera, antes de medirse a otro italiano sembrado, Luciano Darderi.

“Estoy muy agradecido de poder competir siquiera en grand slams. El viaje en el tenis es una montaña rusa”, explicó, aún empapado de la energía de la grada. Recordó esos meses sin resultados, la perseverancia casi ciega y esa sensación de que, por pura probabilidad, algún día la moneda giraría a su favor. “Ahora estoy aquí, y fue la mejor decisión volver tras esos dos meses”.

Su torneo, además, nació de una carambola. Sweeny iba a disputar la fase previa del US Open, pero varias bajas permitieron que Alexei Popyrin entrara directamente al cuadro principal. Ese movimiento liberó el wildcard recíproco de Tennis Australia, que terminó en manos de Sweeny. El australiano lo aprovechó desde el primer día, sumando su primera victoria de grand slam fuera de Melbourne Park cuando el francés Corentin Moutet se retiró lesionado de un brazo con 7-6 (7-4), 6-4, 3-0 en contra.

Ante Musetti, la suerte también jugó su parte. El italiano se desplomó físicamente tras el primer set, encorvado en la esquina, con gestos claros de malestar. Pidió un tiempo médico fuera de pista con 3-0 abajo en el tercer set, amagó con alguna reacción, pero nunca encontró continuidad. Sweeny no tuvo piedad: intensidad constante, golpes profundos, piernas incansables. Cada vez que Musetti recuperó un break, lo entregó de inmediato. En la cuarta manga, otro quiebre tempranero le condenó a remar a contracorriente sin fuerzas.

Kyrgios, sanción corta y tratamiento obligatorio

En una jornada ya cargada de noticias para el tenis australiano, el caso de Nick Kyrgios añadió un capítulo más. La International Tennis Integrity Agency anunció que el jugador aceptó una suspensión de un mes por consumo de cocaína fuera de competición, rebajada desde los tres meses iniciales tras comprometerse a entrar en un programa de tratamiento.

Kyrgios ya había pedido disculpas el mes pasado a su familia, amigos y aficionados por lo que calificó como un “gran error”, cuando se conoció su suspensión provisional. Admitió ante la ITIA haber consumido cocaína de forma social durante una noche de fiesta antes de competir en Mallorca. La sanción, oficialmente, terminó el jueves, condicionada a que complete el programa de tratamiento. Como parte del castigo, perdió el premio en metálico y los puntos de ranking obtenidos en el torneo de Mallorca.

Su antiguo compañero de dobles Stefanos Tsitsipas, con quien ha tenido sonados desencuentros, aseguró tras su victoria en primera ronda del US Open que la noticia no le sorprendía y que ya conocía la situación.

Más contrastes para Australia en Flushing Meadows

La sensación de jornada de extremos para el tenis australiano se completó con otros resultados. El clasificado Tristan Schoolkate llegó a soñar con otra gran sorpresa cuando se apuntó el primer set ante el finalista de Roland-Garros, Flavio Cobolli. Pero el italiano, quinto cabeza de serie, se recompuso para imponerse 3-6, 6-3, 6-4, 7-5.

Alexei Popyrin también se marchó con un sabor amargo. Arrancó con autoridad ante el zurdo chileno Alejandro Tabilo, 25º cabeza de serie, pero acabó cayendo 2-6, 7-6 (7-4), 7-6 (7-3), 6-2, incapaz de sostener el impulso del primer set.

En un cuadro salpicado de sorpresas, el tercer favorito Felix Auger-Aliassime se despidió en cuatro sets frente a Karen Khachanov. Coco Gauff, Iga Swiatek, Taylor Fritz y Naomi Osaka sí cumplieron con los pronósticos y avanzaron sin sobresaltos.

Australia se queda así con un solo representante en el cuadro individual del US Open, un wildcard de perfil bajo que ha decidido ignorar el guion y abrirse paso a golpes. Mientras De Minaur busca respuestas y Kyrgios encara un proceso de rehabilitación, es Dane Sweeny quien sostiene, contra todo pronóstico, la bandera en Nueva York. La pregunta es cuánto tiempo más podrá seguir desafiando la lógica en la ciudad que nunca perdona los descuidos.