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Andoni Iraola y su desafío en Liverpool: la resistencia ante Tottenham

La semana apenas ha comenzado y Andoni Iraola ya sabe que el calendario no perdona. Champions League, Premier League, ahora Carabao Cup ante Tottenham. Tres competiciones, un mismo problema: descubrir a contrarreloj qué futbolistas aguantan el ritmo y cuáles se caen cuando los partidos se apilan cada tres días.

El técnico de Liverpool lo asumió sin rodeos. No puede alinear siempre a los mismos. No si quiere llegar vivo a primavera. La cuestión ya no es solo quién es mejor, sino quién es más resistente.

“Hay jugadores que pueden jugar cada tres días sin problemas. Son muy robustos, su rendimiento no cambia demasiado”, explicó. El matiz, sin embargo, define su momento en Anfield: “Hay otros donde el riesgo es mayor y las prestaciones son diferentes. Tengo que aprender quién está listo para jugar cada tres días y quién necesita descanso para que su nivel no se vea afectado”.

Iraola pensaba tenerlo claro con algunos. Con otros, está descubriendo ahora, casi al mismo tiempo que ellos mismos, cómo responden a una temporada de élite con tres partidos por semana. Y el calendario no espera a nadie.

Un 0-0 que pesa más de lo que dice el marcador

El empate sin goles ante Fulham dejó una sensación incómoda en Anfield. No por el resultado aislado, sino por el contexto. Dos partidos de Premier en casa, dos empates. Solo es la tercera vez en 63 años que Liverpool no gana ninguno de sus dos primeros encuentros ligueros como local. No es una crisis, pero sí un aviso.

Venían de una noche muy convincente en Champions frente a Atlético de Madrid, con ritmo alto, agresividad y sensación de equipo grande. Tres días después, contra un Fulham frágil en el inicio de curso y que había encajado siete goles en sus tres primeros encuentros, el equipo pareció otro: plano, cansado, sin chispa.

Liverpool sigue invicto, pero seis puntos en cuatro jornadas saben a poco para un aspirante al título, sobre todo después de dejar escapar cuatro puntos en casa ante Nottingham Forest y Fulham, sumar otro empate en Newcastle y lograr su única victoria en Ipswich.

La fatiga no fue una excusa, fue una evidencia. El bloque se vio pesado física y mentalmente. Y en un club que se ha acostumbrado a competir al límite cada tres días, esa imagen encendió algunas alarmas.

Un tridente carísimo que aún no despega

La tarde también dejó bajo la lupa al nuevo tridente de lujo. Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz, 364 millones en ataque, compartieron por primera vez titularidad en un partido de Premier. Sobre el papel, intimidante. Sobre el césped, intermitente.

Las ocasiones existieron, pero ni el volumen ni la claridad estuvieron a la altura de la inversión. Isak tocó el balón solo 16 veces en 90 minutos, la segunda cifra más baja registrada para un jugador de campo de Liverpool… después de sus propios 14 toques ante Forest hace apenas dos semanas. Un dato que habla tanto del delantero como del funcionamiento ofensivo del equipo.

Wirtz, brillante contra Atlético, se pareció poco al futbolista que había deslumbrado en Europa a mitad de semana. Barcola e Isak dejaron destellos, sí, pero más como promesa que como realidad consolidada. Es una sociedad que necesitará tiempo, automatismos y, sobre todo, piernas frescas alrededor.

Y ahí vuelve el dilema de Iraola: ¿puede sostener este tridente cada tres días sin que se resienta su rendimiento? ¿O tendrá que dosificar incluso a sus grandes estrellas para evitar que se apaguen en noches como la de Fulham?

Fulham resiste y golpea la confianza

El partido se torció pronto por errores propios. Fulham rozó el 0-1 en una jugada que retrató la falta de lucidez local: malentendido entre Alisson y Ryan Gravenberch, remate de Gonzalo Garcia y despeje bajo palos de Jeremy Jacquet. Un susto completamente evitable.

El equipo de Álvaro Arbeloa, que llegaba con tres derrotas ligueras y presión creciente, encontró en Anfield el escenario ideal para recomponerse: orden, disciplina y un rival sin la energía habitual. Josh King obligó a intervenir a Alisson desde dentro del área, Antonee Robinson cabeceó desviado y Fulham se fue al descanso con la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de hacer más daño.

Liverpool respondió a ráfagas. Un cabezazo de Victor Munoz exigió una buena parada de Bernd Leno. Un volea de Barcola se perdió en un córner tras el desvío de Timothy Castagne. Nada continuado, nada arrollador.

Iraola movió el banquillo al descanso y a la hora de juego. Milos Kerkez entró por un Kostas Tsimikas muy flojo. Después llegaron Alexis Mac Allister y Cody Gakpo por Gravenberch y Munoz para intentar cambiar el ritmo. Más tarde, Rio Ngumoha y Jeremie Frimpong. Cinco cambios, muchas combinaciones, pocas soluciones.

Isak generó una buena ocasión que Leno atajó sin apuros. Dominik Szoboszlai probó desde media distancia con un disparo potente que también encontró respuesta en el portero visitante. En el añadido, Isak cabeceó fuera un córner que pudo maquillar la noche. Al otro lado, Fulham amenazó en el tramo final con King y Kevin, y se llevó un punto que sabe a alivio y a punto de inflexión.

Para Arbeloa, exjugador de Liverpool con 98 partidos entre 2007 y 2009, el empate supone su primer punto en Premier al mando de Fulham. Para Iraola, una piedra más en un arranque liguero que no termina de despegar.

El peso de la historia y el riesgo de la rotación

En medio de este escenario, asoma la Carabao Cup. Y no un sorteo amable. En lugar de un rival de divisiones inferiores, Liverpool se cruza con Tottenham en Anfield. Un duelo grande en una ronda temprana. Una prueba incómoda para la política de rotaciones.

La tradición del club en la League Cup invita a tomarse el torneo en serio. Liverpool domina la historia de la competición con 10 títulos. El primero llegó en 1980-81 y abrió una racha de cuatro coronas consecutivas que se cerró en 1984. Después hubo que esperar más de una década hasta el quinto, con el doblete de Steve McManaman en Wembley ante Bolton en 1995.

Con el cambio de siglo, el trofeo volvió a entrar con frecuencia en las vitrinas de Anfield. En 2001, bajo Gerard Houllier, llegó el sexto. En 2003, otra vez con Houllier, el séptimo, derrotando a Manchester United en la final. En 2012, Kenny Dalglish sumó el siguiente tras una agónica tanda de penaltis frente a Cardiff City.

La última etapa dorada en el torneo lleva el sello de Jurgen Klopp. En 2022, Liverpool se impuso a Chelsea en una inolvidable tanda de penaltis que terminó 11-10. Y en 2024, otra vez ante el club de Stamford Bridge, el alemán levantó la décima y, de momento, última League Cup del club.

Ese peso histórico choca con la realidad física del vestuario. El cuerpo pide rotar. La grada, tras el 0-0 con Fulham y el inicio titubeante en liga, podría reclamar un once fuerte para recuperar sensaciones. Tottenham no atraviesa su mejor momento, pero sigue siendo un rival de Premier. Cualquier experimento tiene más riesgo.

Iraola lo sabe. Cada decisión tendrá lectura: si rota mucho y cae eliminado, se hablará de falta de ambición. Si apuesta por los titulares y el equipo vuelve a acusar el cansancio en liga, se le reprochará no haber protegido a sus hombres.

Aprender rápido o quedarse atrás

Lo que deja este tramo inicial de temporada es una certeza: Liverpool debe adaptarse rápido a vivir entre semana y fin de semana sin perder identidad ni piernas. Con al menos siete partidos más garantizados en la Champions y la Carabao Cup sumándose ya a la ecuación, el margen de error se estrecha.

Iraola está en pleno proceso de descubrimiento. Quién es realmente “robusto”. Quién se cae al tercer partido. Qué piezas encajan mejor juntas cuando el equipo no vuela, sino que sufre. Qué noches piden jerarquía y qué noches piden oxígeno.

El calendario no espera. La League Cup siempre ha sido terreno fértil para Liverpool. Ahora, con Tottenham en el horizonte inmediato y la Premier reclamando puntos, la pregunta es inevitable: ¿será Iraola capaz de llevar al club hacia la undécima copa… sin romper a su equipo por el camino?