Arthur Ashe se rinde ante Serena y Venus Williams en el US Open
En Nueva York, algunas noches de tenis parecen otra cosa. Esta lo fue. Arthur Ashe Stadium se transformó en un coliseo cuando Serena y Venus Williams, 44 y 46 años, reaparecieron en el cuadro de dobles del US Open. Dos leyendas contra el tiempo, contra una nueva generación y, al final, contra el marcador: derrota por 6-3, 6-7(6) y 7-6(7) ante las cabezas de serie número 14, Hao-Ching Chan, de 32 años, y la australiana Maya Joint, de apenas 20.
Una entrada de combate
Minutos antes del primer pelotazo, el estadio no parecía preparado para tenis, sino para un combate. Humo, juego de luces, ambiente de velada de boxeo. Cuando las hermanas Williams cruzaron el túnel y pisaron la pista, medio Arthur Ashe levantó el móvil para grabar; la otra mitad se puso en pie para aplaudir. Ruido denso, de esos que se sienten en el pecho.
El show no se limitó a la pista. El sorteo inicial lo realizó el youtuber MrBeast, Jimmy Donaldson, una celebridad digital con 515 millones de seguidores. Un guiño a los tiempos que corren: iconos de ayer y de hoy compartiendo escenario en la catedral del tenis estadounidense.
El primer golpe, de las rivales
El arranque fue duro. Chan y Joint, serenas, eficientes, castigaron cada titubeo y se llevaron el primer set por 6-3. Pese al golpe, el público reaccionó como si hubiera asistido a una exhibición de gloria pasada: ovación en pie, respeto absoluto. No importaba el marcador, importaba quién estaba al otro lado de la red.
En cada buen saque, en cada resto ganador, el estadio rugía. Desde lo alto de las gradas caían gritos nítidos: “¡Come on, Williams sisters!”. El fervor llegó a tal punto que la organización tuvo que pedir silencio por megafonía para que el partido pudiera seguir su curso.
El rugido en el ‘tie-break’
El segundo set cambió el pulso del duelo. Serena y Venus ajustaron miradas y golpes. El parcial se enredó, se alargó, se tensó hasta desembocar en un ‘tie-break’ dramático. Cada punto ganado por la pareja estadounidense hacía vibrar Arthur Ashe. Cada error, un suspiro colectivo.
El desempate se convirtió en una batalla de nervios. Esta vez, el ruido empujó. Las hermanas se agarraron al set y lo cerraron 7-6(6). El estadio explotó. No era solo un set igualado; era la sensación de que, por un momento, el reloj se había detenido y las Williams volvían a mandar en Nueva York.
El último asalto
El tercer set se jugó ya en la tercera hora de partido, con piernas cargadas y emociones al límite. Chan y Joint empezaron a abrir hueco. Cada punto de las rivales generaba un coro de “¡oh!” en las gradas, mezcla de sorpresa y resistencia a aceptar lo inevitable.
Cuando el marcador se igualó a 5-5, el estadio volvió a encenderse. El público se agarró a la mínima opción de remontada. El 6-6 llevó el encuentro al super ‘tie-break’, un desenlace a cara o cruz que se jugó con la tensión flotando en el aire, casi visible.
El último desempate fue un puñetazo al estómago de la nostalgia. Puntos cortos, errores mínimos que pesan como piedras. Chan y Joint mantuvieron la calma y cerraron el duelo por 7-6(7). Silencio breve, apenas un parpadeo. Y luego, de nuevo, todo el mundo en pie.
Derrota en el marcador, victoria en la grada
La imagen final fue tan poderosa como cualquier título. Serena y Venus, vestidas a juego con zapatillas, falda y top blancos, se chocaron el puño, compartieron una risa cómplice y se marcharon entre una ovación que no distinguía entre triunfo y derrota. El público no las despidió; las celebró.
Para Serena, el encuentro tenía un matiz extra. Era una suerte de revancha personal: cuatro años después de alejarse del circuito, había regresado este verano al cuadro individual de Wimbledon y cayó precisamente ante Maya Joint. Esta noche en Nueva York no cambió ese resultado, pero sí le permitió mirar de frente a su nueva realidad competitiva, esta vez junto a su hermana de siempre.
Las dos habían vuelto a compartir pista el pasado agosto en Cincinnati, donde cayeron en su debut ante Marta Kostyuk y Peyton Stearns. El US Open ofrecía una segunda oportunidad de ajustar engranajes y volver a sentir el pulso del dobles en un gran escenario. El tenis no les dio el premio, el público sí.
Más allá de la pista
En este US Open, ambas ya habían tenido protagonismo. Venus se despidió del cuadro individual el domingo, derrotada por su compatriota Sofia Kenin. Serena, por su parte, ha acaparado atención dentro y fuera de la pista: en el torneo, por su regreso a la competición; fuera de él, por sus acuerdos comerciales con marcas como Heineken 0.0 y por hablar sin rodeos del uso de medicamentos para bajar de peso, con el objetivo declarado de combatir el estigma social.
La noche terminó con las hermanas Williams caminando hacia el vestuario entre aplausos prolongados, como si Arthur Ashe quisiera retenerlas un poco más. El marcador dirá que Chan y Joint avanzan en el torneo. La memoria colectiva, en cambio, guardará otra cosa: el recuerdo de dos campeonas de 14 Grand Slams en dobles volviendo a encender, una vez más, el corazón del US Open. Y la pregunta inevitable: ¿cuántas noches como esta le quedan todavía al tenis?




