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Aston Villa arranca la Champions con triunfo en Bélgica

Aston Villa sobrevive al asedio en Bélgica y arranca la Champions con un triunfo de carácter

Unai Emery pidió personalidad para debutar en la fase de liga de la Champions League. Su equipo le respondió con un partido de colmillo afilado, pegada y sufrimiento final en el Jan Breydel Stadium. Aston Villa se impuso 3-2 a Club Brugge en un estreno europeo que tuvo ritmo de eliminatoria más que de primera jornada.

Golpe inicial de Villa

El plan visitante quedó claro desde el primer minuto: ir arriba, morder y castigar cualquier duda belga. Villa salió con una agresividad ofensiva que descolocó a Brugge y el premio llegó muy pronto.

En el minuto 11, John McGinn apareció donde más duele. El capitán se soltó en la frontal, conectó con determinación y silenció por un instante a la grada local al firmar el 0-1. Inicio soñado, ventaja rápida y la sensación de que el partido se inclinaba hacia el lado inglés.

Pero el estadio reaccionó. Y el equipo también.

Ocho minutos después, el empuje de Brugge encontró recompensa. Jan Virgili filtró un pase preciso y Hugo Vetlesen, con calma dentro del área, igualó el marcador para el 1-1. El rugido de la afición devolvió el pulso al encuentro. El golpe para Villa era serio: ventaja perdida casi al instante.

Buendia y Jackson marcan la diferencia

Lejos de caer en el desconcierto, el conjunto de Emery volvió a asentarse. El balón empezó a pasar por los hombres de más criterio y la segunda estocada no tardó en llegar.

En el 22', Joao Gomes encontró el pase justo y Emiliano Buendia hizo el resto. Control, pausa y definición de futbolista que no se pone nervioso en Europa. El argentino devolvió la ventaja a los ingleses con el 1-2 y cambió de nuevo el clima del partido.

Villa olió la debilidad de Brugge y apretó. El dominio visitante se tradujo en una sensación constante de peligro, y justo antes del descanso apareció el fichaje del verano para dejar su sello.

Minuto 43. Nicolas Jackson atacó el espacio como manda el manual del nueve moderno y firmó su primer gol oficial con la camiseta de Villa. Un remate que valía algo más que el 1-3: confianza para él y un golpe psicológico durísimo para los belgas justo camino de vestuarios.

Villa se marchó al descanso con una ventaja de dos goles y una autoridad que hacía pensar en una segunda parte relativamente controlada. Pero la noche en Bélgica tenía reservado otro guion.

El penalti que encendió a Brugge

Tras el descanso, Brugge salió con orgullo herido. El equipo local adelantó líneas, apretó cada salida de balón y empezó a encerrar por momentos a Villa en su propio campo. El encuentro se volvió más físico, más directo, más incómodo para los ingleses.

La insistencia local encontró un punto de inflexión en el minuto 59. Nicolo Tresoldi ganó un balón aéreo y lo dejó para Joaquin Seys dentro del área. El intento de centro del jugador belga impactó en el brazo de Aaron Wan-Bissaka. El árbitro, amparado en la normativa actual de mano en la Champions League, señaló penalti.

Era la vida para Brugge.

Tresoldi asumió la responsabilidad desde los once metros. Miró a Zion Suzuki, esperó su movimiento y lo engañó con frialdad. 2-3 y media hora por delante con el estadio convertido en una caldera. El partido cambiaba de tono: de dominio visitante a ejercicio de resistencia.

Resistencia final y oficio inglés

A partir del 2-3, el duelo se jugó en el terreno emocional. Brugge, empujado por su público, se lanzó a por el empate con todo. Centros laterales, segundas jugadas, balones divididos. Cada acción dentro del área de Villa parecía definitiva.

El equipo de Emery, que había brillado en ataque en la primera parte, se vio obligado a mostrar otra cara: la del equipo que sabe sufrir. La zaga, con ayudas constantes, se multiplicó para cerrar espacios. Los mediocentros bajaron un escalón, taparon líneas de pase y ralentizaron el ritmo cada vez que pudieron.

Brugge apretó hasta el final. Villa se defendió con uñas y dientes.

Suzuki apenas tuvo margen para el respiro, pero el bloque inglés supo gestionar los últimos minutos sin cometer errores graves, despejando todo lo que caía en el área y manejando los tiempos cuando lograba recuperar el balón. Sin brillantez, pero con una solidez que en Europa vale puntos de oro.

El pitido final certificó un triunfo que dice mucho de este Aston Villa: sabe golpear, sabe reaccionar y, cuando toca, sabe aguantar.

Lo que viene

Con los primeros tres puntos en el bolsillo en la fase de liga de la Champions League, Villa regresa a Inglaterra con algo más que una victoria: la confirmación de que su propuesta también resiste en escenarios hostiles.

Ahora, el calendario no da tregua. Llega el turno de la Premier League y un duelo ante Nottingham Forest que pondrá a prueba la capacidad del equipo para cambiar el chip sin perder intensidad.

Para Club Brugge, el reto es distinto pero igual de urgente: recomponerse rápido tras una noche frustrante en Europa y buscar respuesta en la Belgian Pro League, donde les espera Antwerp. La reacción, para ellos, ya no es opcional.