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Ben Shelton avanza a cuartos de final del US Open tras vencer a Shapovalov

QUEENS, N.Y. — De madrugada, con el reloj acercándose a las 2:08 locales y Arthur Ashe todavía rugiendo, Ben Shelton dio otro golpe sobre la mesa del tenis estadounidense. Venció a Denis Shapovalov por 7-6(3), 6-7(5), 6-2, 6-4 y se metió en los cuartos de final del US Open, donde ya es uno de los cuatro estadounidenses que sueñan con romper una sequía que dura desde 2003, cuando Andy Roddick levantó el trofeo.

Un duelo que ya tiene historia

Shelton entró a la pista con una estadística que imponía: 4-0 en el cara a cara ante Shapovalov. El último precedente, este mismo año en Dallas, había sido un aviso de lo que se venía: triunfo del estadounidense en tres sets (4-6, 6-4, 7-6(4)). En Grand Slam, el recuerdo era aún más intenso: Wimbledon 2024, tercera ronda, cinco sets y otra batalla ganada por el zurdo de Florida.

El guion, esta vez en Nueva York, volvió a tener tensión y giros.

El primer set fue un pulso de nervios. Saques potentes, puntos cortos, pocas concesiones. El desempate decidió y ahí Shelton mostró colmillo: 7-3, golpe inicial y sensación de control. Pero Shapovalov, imprevisible y eléctrico, no estaba dispuesto a irse tan pronto.

En la segunda manga, el canadiense resistió cuando el partido parecía escapársele. Shelton llegó a sacar dos veces para cerrar el set. No pudo. El propio estadounidense lo reconoció después: «Ese segundo set fue duro. Estaba sacando para el set dos veces y terminé perdiéndolo cuando sentía que tenía el control. Tuve que resetear y reenfocarme». Shapovalov aprovechó la grieta, se llevó el tie-break por 7-5 y reabrió la noche.

El servicio como martillo

Ahí cambió todo. Lejos de hundirse, Shelton apretó los puños y subió una marcha. Su saque, siempre protagonista, se convirtió en martillo. Shapovalov bajó un punto la intensidad, dejó escapar un par de turnos de servicio clave y el estadounidense olió sangre. El tercer set se inclinó con claridad: 6-2, con Shelton mandando en los intercambios cortos y marcando el ritmo desde la línea de fondo.

El cuarto parcial se decidió muy pronto. Un quiebre temprano dio al ex jugador de Florida Gators el control del marcador y del ambiente. Con ventaja en el bolsillo, administró el set con madurez de veterano, sin precipitarse, sin regalar nada. Cerró 6-4 y, lo más importante para él, evitó otra guerra a cinco sets: «Era importante para mí ganar los dos siguientes y no estar aquí en una batalla a cinco. Estoy contento con cómo me recuperé», explicó.

La victoria, sellada en plena madrugada neoyorquina, confirmó una tendencia: Shelton sabe cómo ganar este tipo de duelos largos contra Shapovalov. Y, sobre todo, sabe sufrir sin perder el foco.

Camino exigente hasta los cuartos

Su recorrido hasta los cuartos de final no ha sido un paseo.

En primera ronda, bajo los focos del Arthur Ashe Stadium el lunes por la noche, se midió por primera vez a Tallon Griekspoor. Empezó mal. Muy mal. En apenas 28 minutos, el neerlandés se adueñó del primer set por un contundente 6-1. Shelton estaba 0-2 abajo de entrada y con dudas.

Entonces apareció el público y apareció su carácter. Tomó ventaja de 2-0 en el segundo set, se soltó con el saque y empezó a encadenar juegos. Con la grada empujando, dio la vuelta al partido y acabó firmando una remontada que marcó su estreno en el torneo.

En segunda ronda, el reto fue Hubert Hurkacz. Un jugador alto, gran sacador, incómodo. Shelton respondió con autoridad: se llevó el primer set en apenas 32 minutos, con un impresionante 85% de primeros saques dentro. Hurkacz reaccionó y se apuntó el segundo por 7-5, pero el estadounidense no se descompuso. En el cuarto set, con 6-5 a su favor, aprovechó su punto de partido y cerró el encuentro para avanzar a la tercera ronda.

Tres rivales duros. Tres victorias que hablan de algo más que talento: hablan de consistencia en las grandes noches.

Tsitsipas, cuentas pendientes y papeles cambiados

El domingo, el escenario sube un peldaño más. En cuartos de final le espera Stefanos Tsitsipas, ex número 3 del mundo. No se ven las caras desde hace tres años, cuando el griego se impuso en un disputado partido a dos sets en Cincinnati.

Aquella vez, el contexto era otro. Shelton ocupaba el puesto 41 del ranking y Tsitsipas era número 4. Hoy los roles se han invertido: el estadounidense llega como número 9 del mundo y el heleno aparece fuera del top 50.

El duelo, además, tendrá un matiz simbólico. Para Shelton será su segundo cuarto de final de Grand Slam este año, después de alcanzar esa ronda en el Australian Open. Para Tsitsipas, una oportunidad de reivindicarse ante uno de los nombres emergentes del circuito.

Nueva York ya ha visto cómo Shelton sobrevive a madrugadas, tiebreaks y remontadas. Ahora, la pregunta es otra: ¿está listo para que esta sea la edición en la que, por fin, un estadounidense vuelva a mandar en el US Open?