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David Benavidez y su ambición de grandeza: Cieslak y Usyk en la mira

En un boxeo de calendarios calculados y carreras protegidas, David Benavidez va por otro carril. El actual campeón mundial crucero WBA (Super) y WBO no solo habla de la próxima pelea. Habla de legado, de riesgo, de grandeza. Y lo hace mirando mucho más allá del hombre que tiene delante.

La próxima parada es Michal Cieslak, monarca WBC, en una pelea de unificación. Sobre el papel, una cita enorme. En la mente de Benavidez, casi un trámite dentro de un plan mucho más ambicioso.

Cieslak no llega como figurante. Tiene un 78,5% de triunfos por nocaut y una victoria de prestigio ante Jean Pascal camino del cinturón WBC. Pega duro, tiene experiencia y se ha ganado su sitio. Pero cada vez que Benavidez abre la boca, el polaco suena más a badén en la carretera que a muro infranqueable.

El estadounidense entra como claro favorito y lo sabe. Si gana, se convertirá en campeón unificado y, con ello, en el hombre que marca el paso en la división. Desde ahí quiere controlar rivales, fechas y escenarios. No solo defender cinturones: ordenar el peso crucero a su antojo.

Opetaia en el horizonte… y una palabra clave: indiscutido

El siguiente nombre en la lista es Jai Opetaia. Benavidez apunta a mayo para ese choque. El australiano fue despojado del cinturón IBF, pero el campeón WBA (Super) y WBO le resta importancia al papeleo. Para él, la etiqueta deportiva está por encima de la burocracia.

“Indiscutido. Va a ser indiscutido; es solo cuestión de qué va a pasar. No importa. Yo voy a ganar. Esa m… se viene conmigo. Eso no importa. Al final del día estamos peleando por cinturones indiscutidos. Él es el campeón del que todos decían que yo estaba huyendo y les dije que yo no rehúyo a nadie”, lanzó Benavidez, sin matices.

El duelo con Opetaia lleva tiempo flotando en el ambiente. Dentro del circuito se menciona desde hace años como una pelea inevitable. Y hay un detalle que la empuja todavía más: figura en la lista de deseos de Turki Alalshikh. Cuando él quiere un combate, el dinero deja de ser problema y todo se reduce a logística, cláusulas y firmas.

Benavidez lo sabe. Sabe que una victoria ante Cieslak lo deja con poder de negociación. Sabe que un choque con Opetaia, con o sin siglas oficiales de por medio, tendrá aroma de final por el trono absoluto del peso crucero.

El sueño mayor: bajar a Usyk al crucero

Pero el plan de Benavidez no se detiene ahí. Su mirada apunta aún más arriba. O, mejor dicho, más abajo en la báscula, pero mucho más arriba en dimensión histórica: Oleksandr Usyk.

En medio de este proceso de coleccionar cinturones, el estadounidense quiere firmar la que sería la pelea más grande de su carrera ante un boxeador generacional. Y pretende hacerlo con una vuelta de tuerca: convencer a Usyk de regresar al peso crucero.

“Hay muchas grandes oportunidades. Hemos hablado con Usyk sobre venir de nuevo a crucero”, reveló Benavidez.

El posible Usyk vs. Benavidez lleva tiempo sobre la mesa de los debates. El ucraniano inició su carrera profesional en el peso crucero, arrasó con la división, unificó todos los cinturones y después dio el salto al peso pesado, donde volvió a reinar. Pedirle que vuelva a bajar es mucho más que un simple ajuste de dieta: es un reto físico, deportivo y económico de enorme calibre.

Precisamente por eso el desafío seduce tanto a Benavidez. No se conforma con dominar su categoría; quiere medirse a un hombre que ha limpiado esa misma división y ha conquistado la cima del peso pesado. Quiere que su nombre se escriba al lado de uno de los grandes de esta era.

Entre la ambición y el peligro de mirar demasiado lejos

El mapa que dibuja Benavidez es fascinante: Cieslak, luego Opetaia, después Usyk. Títulos unificados, peleas de alto impacto, noches grandes. Un relato perfecto… sobre el papel.

La realidad del ring es menos amable con los planes a largo plazo. Antes de pensar en mayo, antes de soñar con Usyk, Benavidez tiene que resolver un problema inmediato: un campeón WBC con pegada, oficio y poco que perder. Cieslak llega sin el foco mediático del estadounidense, pero con una oportunidad de arruinar una hoja de ruta multimillonaria.

Y después, si supera esa primera prueba, le esperará un zurdo incómodo, técnico y orgulloso como Opetaia, un hombre al que muchos en el mundillo llevan tiempo queriendo ver frente a Benavidez.

En una época en la que los campeones prefieren ir paso a paso, Benavidez ya habla de tres escalones a la vez. Esa ambición le da magnetismo. También le coloca al borde del abismo. Porque en boxeo, basta una mano equivocada para que todo un plan de grandeza se desmorone en una sola noche.