Borussia Dortmund y Villarreal se enfrentan en el Westfalenstadion
El eco de una goleada y el rugido del Westfalenstadion
Borussia Dortmund y Villarreal vuelven a cruzarse en el Westfalenstadion, rebautizado para Europa como Signal Iduna Park, con un recuerdo demasiado fresco como para ser ignorado: el 4-0 del curso pasado en el primer duelo oficial entre ambos. Aquella noche, el equipo ahora dirigido por Niko Kovac arrolló sin miramientos. Hoy, el escenario es el mismo, pero las piezas sobre el tablero han cambiado lo justo como para encender la intriga.
Dortmund se presenta con una mezcla sugerente de jerarquía y renovación. Joey Veerman, fichaje llamado a dar criterio y ritmo en la sala de máquinas, entra de inicio en el centro del campo. A su lado, la perla Konstantinos Karetsas, otro de los nombres que la grada amarilla empieza a pronunciar con ilusión, también aparece en el once titular. Son dos apuestas claras: balón, personalidad y piernas frescas en una noche de Champions.
En el banquillo espera Ethan Nwaneri. Su presencia entre los suplentes no le resta peso a su figura: viene de ser decisivo, iniciando la jugada del gol de la remontada ante Hoffenheim. Kovac le guarda como recurso de impacto, una carta preparada para cuando el partido se rompa o necesite un giro de guion.
Arriba, la referencia es conocida y temida: Serhou Guirassy. El delantero firmó los dos primeros tantos en el 4-0 de la temporada pasada y vuelve a ocupar la punta del ataque. No necesita presentación para Villarreal; sí un plan mejor que el de la última vez para contenerle.
Un viejo conocido vuelve a Alemania
Enfrente, Villarreal se agarra a la experiencia de un guardián que conoce cada rincón del país: Péter Gulácsi. El legendario ex portero de RB Leipzig regresa a Alemania para su primer partido continental con la camiseta del Submarino Amarillo. Un regreso cargado de matices: nuevo escudo, mismos escenarios, idéntica exigencia.
La imagen en la grada visitante, en cambio, será mucho más modesta. Los informes de la mañana hablaban de solo 39 aficionados desplazados para apoyar al equipo en uno de los estadios más intimidantes de Europa. Un pequeño núcleo amarillo intentando hacerse oír en medio de la marea negra y amarilla del muro sur. Pocos, pero ruidosos por necesidad.
El once de Dortmund, confirmado
Niko Kovac apuesta por un bloque reconocible, con matices claros en la estructura:
BVB: Kobel; Gadou, Anton ©, Svensson; Ryerson, Veerman, Nmecha, Sabitzer; Karetsas, Beier; Guirassy.
Gregor Kobel sostiene la portería, protegido por una zaga en la que Anton porta el brazalete de capitán y asume el mando defensivo. A los costados, Ryerson ofrece profundidad y despliegue, mientras la línea de tres en el medio —Veerman, Nmecha, Sabitzer— promete control, llegada y un punto de agresividad en la presión.
Más arriba, Karetsas y Beier se mueven entre líneas, flotando por detrás de Guirassy, que fija centrales, ataca el espacio y vive del área. Un once que habla de iniciativa, de balón y de intención ofensiva desde el primer minuto.
La herida del 4-0 aún late. El escenario, el ruido y los protagonistas invitan a pensar en otra noche grande. La cuestión es si Villarreal, con Gulácsi como nuevo guardián y apenas un puñado de fieles en la grada, será capaz de cambiar el relato o si Dortmund volverá a imponer su ley en casa.




