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Boulter se estrella en el US Open mientras Jones logra una victoria clave

Boulter se estrella bajo el techo de Nueva York y Jones firma una victoria de carácter

En el Billie Jean King National Tennis Center, la lluvia lo detuvo todo. Todo menos a Karolina Muchova. Con las pistas exteriores paralizadas por un aguacero furioso y solo los estadios techados en juego, Katie Boulter quedó expuesta en el foco más crudo posible. Y la británica sufrió una paliza dolorosa: 6-1, 6-0 en la segunda ronda del US Open.

El plan original era muy distinto. Boulter y Muchova debían jugar en la pista 17, después del duelo entre el prometedor Rafael Jodar y Yunchaokete Bu. El diluvio cambió el guion. Organización en marcha, jugadores recolocados a toda prisa y, de repente, Boulter en Louis Armstrong Stadium, escenario grande, techo cerrado, ruido constante. Y al otro lado de la red, una séptima cabeza de serie en estado de gracia.

Muchova no tuvo piedad. Sacó su repertorio habitual: tenis de toda la pista, cambios de ritmo, toques suaves, ángulos imposibles. Una exhibición. Boulter, en cambio, nunca encontró el partido. Ni la pista. Ni el silencio.

La británica reconoció después que el contexto la sobrepasó. El techo, la acústica, el murmullo incesante de un público más pendiente de la noche neoyorquina que del silencio sagrado del tenis tradicional. Justo la marca de la casa del US Open.

“Ella fue mejor que yo hoy, seguro”, admitió. “Estoy intentando ser amable conmigo misma. Me costaron las condiciones. Me costó el techo, me costó el ruido. Dejé que esos pequeños detalles me distrajeran un poco. Al final, fue un mal día en la oficina”.

Lo fue. Y llega en un año que lo tenía todo para ser el de su consolidación. Boulter vive un verano que le ha cambiado la vida fuera de la pista, tras casarse en julio con el jugador Alex de Minaur. Sobre el cemento, la historia empezó bien: título en Ostrava, el cuarto WTA de su carrera, regreso al top 60 y una victoria de prestigio ante la número 2 del mundo, Elena Rybakina, en Queen’s.

A partir de ahí, frenazo. Antes de su triunfo en primera ronda en Cincinnati el mes pasado, había encadenado cinco derrotas seguidas, incluida una caída especialmente dolorosa en la primera ronda de Wimbledon, en dos sets. La confianza, ese combustible invisible, se ha ido evaporando.

Nueva York representaba una oportunidad y un desafío. Era la primera vez que Boulter pisaba una pista de estadio en el US Open. Apenas había entrenado una vez en Louis Armstrong. El impacto fue inmediato.

“Muchas veces, cuando calientas, hay bastante ruido”, explicó. “Esperaba que bajara un poco cuando empezara el partido, pero no fue así. Desde el primer punto pensé que el público se callaría, que es lo normal. Pero no cambió. En mi cabeza era: ‘Tienes que ajustarte, tienes que estar preparada, tienes que ir resolviéndolo sobre la marcha’. Ese era el plan”.

El plan nunca llegó a ejecutarse. Muchova marcó el ritmo, dominó desde el fondo y en la red, y convirtió la noche en un monólogo. Boulter, que suele disfrutar del ambiente y de la energía de las gradas, se vio, por una vez, desbordada por lo que normalmente la impulsa.

“Siempre quiero atmósfera, siempre quiero ruido. Me encanta. Normalmente disfruto esa sensación”, dijo. “Hoy ha sido diferente, me he sentido un poco distraída por eso. Ha sido algo anormal para mí”.

Mientras Boulter empezaba a digerir la derrota, el tenis británico encontró un contrapunto mucho más luminoso en otra pista.

Francesca Jones resiste la tormenta y firma una victoria clave

Francesca Jones, salida de la fase previa, dio un paso enorme en su carrera al derrotar a Magda Linette, ex top 20, por 6-4, 1-6, 6-3 y meterse por primera vez en segunda ronda del US Open. El marcador cuenta solo una parte de la historia. El contexto, la otra.

El partido fue una montaña rusa. Jones había brillado el martes, llevándose el primer set con autoridad, antes de que la lluvia interrumpiera la jornada entera. Regresó el miércoles, calentó, y la lluvia volvió a mandar a las jugadoras al vestuario. Cuando por fin pudieron reanudar, Linette salió encendida, arrolló el segundo set y se colocó con un inicio demoledor en el tercero.

Jones necesitó toda su concentración y una dosis generosa de carácter para aguantar el chaparrón tenístico. Lo definió con una frase muy suya: intentó sacar su “northern grit”, esa dureza del norte de Inglaterra, para resistir, aguantar y, punto a punto, equilibrar el duelo. Cuando Linette bajó un ápice el nivel, Jones se lanzó. Cerró el partido con temple, consciente de la dimensión del triunfo.

No ha sido un año sencillo para ella. Tras irrumpir en el top 100 la temporada pasada, pasó gran parte de este curso parada por distintas lesiones y una conmoción cerebral fortuita que cortó en seco su progresión. Recién en julio pudo encadenar entrenamientos sin sobresaltos, recuperar sensaciones y ganar ritmo de competición.

Los resultados llegaron rápido: dos títulos seguidos en torneos WTA 125 sobre tierra batida. Con esa base, aterrizó en el último grande del año en buenas condiciones físicas y mentales. Superó las tres rondas de la previa y, ya en el cuadro principal, convirtió todo ese esfuerzo acumulado en una de las victorias más importantes de su carrera.

Choinski y Fearnley caen, Jodar sufre un baño de realidad

No todo fueron buenas noticias para la delegación británica. Jan Choinski se despidió en primera ronda, superado 6-3, 6-1, 7-6(5) por Botic van de Zandschulp. Jacob Fearnley, que entró como lucky loser, también quedó fuera al caer 6-3, 6-3, 3-6, 6-3 ante el cabeza de serie número 27, Tomas Etcheverry.

El gran golpe del día, sin embargo, llegó de la mano de uno de los nombres más comentados en la previa del torneo. Rafael Jodar, 19 años, foco de atención y expectativas crecientes, se encontró con un muro llamado Yunchaokete Bu en la pista 17. El resultado fue contundente: 6-2, 6-1, 6-1. Una lección dura, de esas que marcan, en el escenario donde debía empezar a confirmarse.

Entre techos cerrados, partidos interrumpidos y carreras en puntos de inflexión, el US Open volvió a demostrar que no perdona distracciones. Para Boulter, la noche dejó más preguntas que respuestas. Para Jones, abrió una puerta que llevaba tiempo golpeando. El resto del torneo dirá quién sabe aprovechar mejor este giro del guion.