Canelo recupera el cinturón del WBC ante Mbilli
Un año después de la noche más dura de su carrera ante Terence Crawford, Saúl Canelo Álvarez regresó al cuadrilátero como lo hacen los grandes: sin red, sin combate de rodaje y frente a un campeón invicto. En Riad, el mexicano recuperó el título mundial supermedio del WBC dominando por decisión unánime a Christian Mbilli en una pelea que empezó incómoda y terminó en exhibición de oficio.
Las tarjetas hablaron claro: 115-112, 116-111 y 117-110. El cinturón vuelve a una cintura que lo conoce de memoria.
Un campeón incómodo y un inicio tenso
Mbilli no viajó a Arabia Saudí a hacer de figurante. En la primera mitad del combate, el francés se ganó el respeto de todos, incluido el de Canelo. Presionó con ráfagas constantes, manos en serie y un ritmo que empujó al mexicano hacia las cuerdas más veces de las que a su esquina le hubiera gustado.
No se arrugó. Se plantó delante del ídolo y le obligó a pensar, a ajustar, a recordar que el trono supermedio ya no le pertenecía y que había que ganárselo de nuevo golpe a golpe.
Álvarez, sin embargo, no es un campeón cualquiera. Es un veterano de 68 peleas que ha visto todos los estilos, todos los ritmos y casi todas las trampas del boxeo. Aguantó la marea, midió las distancias y, a partir del sexto asalto, empezó a cambiar la historia de la noche.
El giro del combate: el uppercut como llave maestra
Desde el sexto round, el combate dejó de ser de Mbilli y pasó a ser de Canelo. No fue un cambio brusco, fue una lenta asfixia. El mexicano encontró el golpe que necesitaba: un uppercut de derecha que abrió el camino para un cruzado igual de duro.
A partir de ahí, el mexicano se sintió cómodo incluso en las cuerdas. Ya no estaba acorralado: estaba cazando. Empezó a trabajar a la contra, a castigar cada intento de entrada de Mbilli y a sembrar dudas en un campeón que hasta entonces había peleado sin miedo.
El uppercut, repetido y venenoso, convirtió la valentía del francés en prudencia. Mbilli dejó de soltar tantas manos. No era casualidad; cada error se pagaba caro.
En el octavo asalto, Canelo coronó una combinación de cuatro golpes con una derecha limpia a la cabeza. Mbilli reaccionó con orgullo, se fue hacia delante, y en plena refriega llegó un momento clave: el árbitro le descontó un punto al campeón por golpear en la nuca. Un castigo que añadía aún más cuesta arriba a una noche que ya se estaba inclinando hacia el mexicano.
Mbilli necesitaba cambiar la inercia. Lo sabía él, lo sabía su esquina, lo sabía todo el mundo. Pero quien apretó el acelerador fue Canelo.
Álvarez salió de las cuerdas para mandar desde el centro del ring. Desde ahí, empezó a taladrar con el gancho de derecha, sólido, seco, cada vez más dueño del combate.
Un cierre de campeón y un gesto de orgullo
En el último asalto, Mbilli todavía tuvo arrestos para conectar un buen golpe. Pero en lugar de lanzarse a por todo, retrocedió. Canelo, consciente del momento, le hizo un gesto, lo llamó al intercambio. El francés no respondió.
El mexicano avanzó, fiel a su instinto, y se llevó una derecha dura. No retrocedió. Quiso terminar como lo que es: un peleador que no negocia el intercambio. Respondió con otra derecha excelente, de las que dejan claro quién manda en la noche.
Cuando sonó la campana, la sensación era nítida: Mbilli había sido valiente, incómodo y digno, pero Canelo había sido mejor, más frío, más preciso y, sobre todo, más campeón.
Las tarjetas lo confirmaron: decisión unánime y el título del WBC de vuelta a manos de Álvarez.
Al término del combate, el mexicano dejó ver algo más que satisfacción. Había alivio. “Es tan difícil de explicar. Es algo increíble”, reconoció, recordando que hace 21 años debutó como profesional y que hacía 16 que levantó su primer cinturón. Volver a la cima, después de haberlo ganado todo, pesa diferente.
Sabía a quién tenía delante: “Sabía que era un peleador fuerte. No lanzó muchos golpes porque es difícil lanzar golpes conmigo… Lo hice perfecto”. Sin alardes, pero con la seguridad de quien se siente vigente. “Voy a seguir aprendiendo, voy a seguir trabajando duro. Tomaré un par de semanas libres y volveré”.
El mensaje es claro: Canelo no se ve al final del camino todavía.
Munguia sobrevive al susto y defiende su corona WBA
La velada en Riad dejó otro capítulo de alta tensión. Jaime Munguia defendió su título mundial supermedio de la WBA ante Nikita Zon, un zurdo incómodo que rozó la campanada antes de desfondarse.
Zon, zurdo de guardia rara y manos pesadas, encontró pronto el hueco para su izquierda de atrás. En los primeros asaltos clavó repetidos zurdazos que empujaron a Munguia hacia las cuerdas y las esquinas. El campeón, por momentos, pareció sorprendido por la precisión y el ángulo de los golpes.
El drama llegó en el sexto. Zon lanzó un uppercut de izquierda larguísimo que impactó lleno y dejó muy tocado al mexicano. Munguia reculó como pudo, tambaleante, mientras el retador se le echaba encima dispuesto a terminar la pelea. Lo castigó con dureza, lo acorraló, pero el campeón se negó a caer. Aguantó a puro orgullo.
Ese esfuerzo le pasó factura a Zon. Cuando el aspirante empezó a acusar el desgaste, Munguia cambió el guion. Tomó la iniciativa, endureció sus combinaciones y se adueñó de los asaltos finales. El mexicano cerró fuerte y se aseguró la victoria por decisión unánime: 116-112 y doble 117-111 en las tarjetas.
No fue una defensa limpia. Fue una defensa sufrida, de esas que dejan lecciones. Pero el cinturón sigue en manos de Munguia.
Espinoza, sin sobresaltos: defensa cómoda del título WBO
La noche se completó con una actuación contundente de Rafael Espinoza. El espigado peso pluma defendió sin problemas su título mundial de la WBO ante el sustituto de última hora Ricardo Blandon.
Espinoza impuso desde el inicio su altura y alcance. Encontró rápido el tiempo y la distancia para su cruzado, y uno de esos golpes, seco y directo a la parte alta de la cabeza del nicaragüense, abrió un corte feo en el párpado de Blandon.
La herida no admitía riesgos. Tras la revisión del médico de ring en el tercer asalto, la decisión fue tajante: combate detenido. Espinoza retenía el título sin necesidad de alargar la noche.
En Riad, los cinturones cambiaron de manos, sobrevivieron a sustos y confirmaron jerarquías. Canelo volvió a reinar, Munguia demostró que sabe sufrir, Espinoza que sabe resolver sin drama. La pregunta, ahora, es quién se atreverá a sacarles el trono.




