Canelo recupera el título del CMB tras vencer a Mbilli
En Riad, en medio de un clima político enrarecido y bajo la sombra de los misiles, Saúl Canelo Álvarez volvió a ser Canelo. El mexicano recuperó el título supermediano del CMB con una actuación de las que marcan época ante Christian Mbilli, al que dominó de principio a fin para imponerse por decisión unánime.
Las tarjetas hablaron claro: 115–112, 116–111 y 117–110. El campeón regresó.
Un veterano con alma de debutante
A sus 36 años y en su combate profesional número 69, Álvarez llegaba con más preguntas que certezas. Hacía poco más de un año que había perdido sus cinturones frente a Terence Crawford. Más de doce meses sin subirse al ring. Por primera vez desde 2015, peleaba sin un título en juego a su nombre.
Parecía el comienzo del declive. Él se encargó de desmentirlo.
Mostró la versión que lo llevó a ser considerado uno de los mejores libra por libra de su generación: defensa elástica, cintura eléctrica, lectura fría del combate y contragolpes que pesan. Fue su victoria número 64 como profesional, en una carrera repartida en cuatro divisiones mundiales. Del otro lado, Mbilli, de 31 años, conoció la derrota por primera vez tras 31 peleas.
Al sonar el veredicto, el mexicano apenas pudo contenerse: «Es tan difícil explicarlo», confesó. «Es algo increíble, esta sensación. Como mi primer título. Treinta y un años como profesional. Hace dieciséis años gané mi primer título. Ahora gané el título otra vez. Estoy muy orgulloso».
Mbilli aprieta, Canelo manda
El camerunés, afincado en Canadá, defendía por primera vez el cinturón del CMB tras ser elevado a campeón en enero. Salió a morder. Desde el primer asalto buscó encerrar a Álvarez contra las cuerdas, soltando ráfagas constantes, intentando ahogar al mexicano con volumen.
Durante unos instantes pareció que el plan podía incomodar al retador. Mbilli empujaba, presionaba, lanzaba. Pero cada vez que conectaba, Canelo respondía con un gesto que decía más que cualquier golpe: negaba con la cabeza, como si espantara una mosca. Lo invitaba a seguir. Lo provocaba.
La diferencia estaba en la calidad del impacto. El africano tiraba más, sí, pero el que hacía daño era Álvarez. En el sexto asalto llegaron dos uppercuts de derecha que marcaron la noche: secos, precisos, directos al mentón. Golpes que no solo suman puntos, también erosionan la confianza del rival.
El patrón se repitió en los siguientes episodios. Mbilli, activo, voluntarioso, pero cada vez más previsible. Canelo, sereno, plantado en el centro, castigando cada error con una respuesta limpia. Cuando el campeón empezó a recurrir a golpes a la nuca, llegó el castigo: el árbitro le descontó un punto por pegar en la parte trasera de la cabeza. Un golpe moral y en las tarjetas.
A partir de ahí, el mexicano manejó los tiempos con autoridad.
Clase magistral en territorio hostil
El contexto no era el habitual de una gran velada. En las semanas previas, crecieron las dudas sobre la seguridad del evento por el aumento del conflicto entre Arabia Saudí y el movimiento hutí en Yemen. Dos días antes del combate, la agencia de prensa saudí informó de la interceptación de dos misiles balísticos sobre Riad. En octubre, un ataque con misil en el aeropuerto internacional King Khalid había dejado 13 muertos y más de 300 heridos.
Varios eventos deportivos en el país se cancelaron: una exhibición de tenis, la última prueba del Campeonato del Mundo de Rally 2026 y los Mundiales Urbanos de Ciclismo del mismo año. El boxeo, sin embargo, siguió adelante. En ese escenario cargado, Canelo ofreció una lección de calma.
Su defensa, basada en pequeños movimientos de cintura y pasos cortos, desactivó la mayoría de las ofensivas de Mbilli. Cuando el camerunés encontraba el hueco y conectaba alguna derecha en los asaltos finales, ya era tarde. El mexicano absorbía, respondía lo justo y volvía a tomar el control.
Mbilli nunca dejó de avanzar. Nunca dejó de intentarlo. Pero dejó de creer en la remontada mucho antes de la última campana. La sensación era clara: por más que se lanzara hacia delante, no tenía la llave para abrir la guardia del mexicano.
El futuro vuelve a estar en sus manos
Con el título del CMB de nuevo en su cintura, Álvarez se coloca otra vez en el centro del tablero de los supermedianos. No dio nombres en la entrevista posterior. No habló de rivales, ni de revanchas, ni de unificación. Prefirió mirar hacia dentro.
«Voy a descansar. Voy a seguir aprendiendo. Voy a seguir trabajando duro», dijo. «Y ahora voy a tomarme un par de semanas libres y luego volver».
La noche en Riad respondió a una pregunta clave: ¿quedaba todavía un Canelo campeón en ese cuerpo castigado por casi siete décadas de peleas profesionales? La respuesta, bajo las luces y con un nuevo cinturón sobre el hombro, fue contundente.
Ahora la duda es otra: ¿hasta dónde piensa llevar este último capítulo de su reinado?




