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Carlos Alcaraz regresa triunfante al US Open

NUEVA YORK — Carlos Alcaraz volvió a sentirse tenista. Nervioso, sí. Excitado, también. Pero, sobre todo, sin dolor.

En su regreso a los Grand Slams tras más de cuatro meses parado por la muñeca derecha, el español despachó a Roman Safiullin por 6-4, 6-4, 6-4 en Arthur Ashe Stadium y dejó una sensación nítida: el cuerpo responde, el tenis está ahí y el campeón del US Open vuelve a ser una amenaza seria.

“Sentía que estaba golpeando normal, jugando mi estilo, y el brazo, la muñeca, todo se sentía genial”, explicó después. Sobre la pista, el lenguaje corporal contaba lo mismo: derecha suelta, dejadas, subidas a la red y ese gesto tan suyo de llevarse la mano a la oreja para pedir más ruido a la grada. Nueva York respondió.

Un regreso sin red de seguridad

Alcaraz, 23 años, se había perdido Roland Garros y Wimbledon. Ni un solo torneo de preparación antes de lanzarse al cemento de Flushing Meadows. O todo o nada.

“Tenía más nervios de lo habitual”, admitió. Su objetivo, al menos de puertas afuera, suena modesto: competir, disfrutar, ver cómo reacciona el cuerpo partido a partido. Nada de prometer rondas. Nada de hablar de finales.

Pero el contexto del torneo lo empuja, quiera o no, hacia el centro del escenario. Nadie encadena títulos en el US Open desde la racha imperial de Roger Federer entre 2004 y 2008. El cuadro, de repente, se ha abierto como pocas veces.

Jannik Sinner, número 1 del mundo, está fuera por lesión de rodilla. Novak Djokovic, número 4, cayó el domingo por primera vez en su carrera en la primera ronda en Nueva York, donde llegaba con un 19-0 inicial y cuatro coronas en un total de 24 grandes. El shock aún retumba en el torneo.

Si la muñeca de Alcaraz aguanta, su candidatura al título puede crecer a una velocidad brutal. El estadio ya ha elegido favorito emocional. Falta que el físico acompañe.

Sabalenka devuelve algo de normalidad

Tras la caída de Djokovic, el cuadro parecía caminar sobre arena movediza. Aryna Sabalenka se encargó de devolver algo de orden.

La bielorrusa, dos veces campeona vigente del US Open, arrancó su defensa con un 6-4, 6-4 ante Camila Osorio y abrió su intento de firmar una gesta que solo Serena Williams ha logrado en la era reciente: tres títulos consecutivos en Nueva York, como hizo entre 2012 y 2014.

Sabalenka pisa Ashe como si fuera su casa. Ha jugado las tres últimas finales del torneo: perdió ante Coco Gauff en 2023, reaccionó con el título en 2024 y repitió el año pasado ante Amanda Anisimova. Lo dijo a pie de pista: aquí ha vivido “las mejores emociones” de su carrera.

Esta vez también llamó la atención su indumentaria. Mismo naranja de Nike, pero con malla naranja en lugar de la negra que lució hace unos días en el dobles mixto con Djokovic y que generó críticas en redes sociales. Ella zanjó el ruido: lo único importante, aseguró, es que a ella le gusta. El cambio tuvo una explicación sencilla: descubrió en la visita a la marca que tenía vestido de día y de noche, negro para sesión nocturna y naranja para el día.

Mucho más relevante fue su nivel de juego. Llegaba con dudas, tras caer en octavos en Toronto, Cincinnati y también en Wimbledon. Una racha pobre para la número 1 del mundo, que ahora incluso podría perder el trono aunque levante el trofeo en Nueva York.

Elena Rybakina, número 2, la superará en la clasificación si alcanza las semifinales. Y ni siquiera necesitaría ganar un partido si Sabalenka no retiene el título.

Wawrinka se despide, Tsitsipas se rebela

La jornada dejó también un adiós pesado. Stan Wawrinka, campeón del US Open en 2016 y triple ganador de Grand Slam, jugó su último partido grande. Cayó ante Matteo Berrettini y, con 41 años, se marcha del circuito de los majors.

“Lo voy a echar de menos, seguro. Lo voy a echar de menos muchísimo”, confesó el suizo. Una frase corta para una carrera enorme.

Mientras uno se va, otro intenta volver a ser el que fue. Stefanos Tsitsipas, hoy sin cabeza de serie en Nueva York por primera vez, tumbó al número 10 del cuadro, Arthur Fils, campeón en Cincinnati, por 4-6, 7-6(3), 6-1, 6-4. Le preguntaron si puede recuperar la versión que lo llevó al número 3 del mundo y a dos finales de Grand Slam, ambas perdidas ante Djokovic.

“¿Por qué no?”, respondió. Una frase, una declaración de intenciones.

Entre las favoritas, avanzaron también Iga Swiatek, cabeza de serie número 8, y Sloane Stephens, campeona en 2017. Naomi Osaka, doble ganadora en Flushing Meadows, entraba en escena por la noche.

En el cuadro masculino, Ben Shelton, octavo favorito, arrancó con un desastre: tres roturas en contra en apenas 28 minutos y un 1-6 en el primer set frente a Tallon Griekspoor. Después cambió el guion con autoridad: 6-1, 7-6(3), 6-2 y billete a la siguiente ronda.

La marea checa y un estallido de rabia

La armada checa volvió a dejar huella en el cuadro femenino. Linda Noskova, número 6 y vigente campeona de Wimbledon, se estrenó con triunfo. También pasó Karolina Muchova, séptima cabeza de serie y finalista precisamente ante Noskova en el All England Club. Amanda Anisimova, número 10, siguió su camino con victoria.

No todas las checas sonrieron. Sara Bejlek, 28ª favorita y verdugo reciente de Sabalenka en Cincinnati, se despidió en tres mangas ante Cristina Bucsa.

El cierre dramático del día lo puso Emma Navarro. La estadounidense, 26ª cabeza de serie, necesitó dos días, lluvia mediante, para doblegar a Lois Boisson: 7-6(6), 6-7(1), 6-3 en un duelo de primera ronda que se reanudó el lunes.

Una cámara de ESPN captó el contraste perfecto: Navarro, puño al aire, celebrando ante la grada; al fondo, Boisson, fuera de sí, destrozando la raqueta una y otra vez contra la pista. La gloria y el derrumbe en el mismo encuadre.

El US Open apenas ha levantado el telón y ya ha perdido a Djokovic, ha visto llorar a Wawrinka, rugir a Sabalenka y renacer a Alcaraz. Si este es solo el primer acto, ¿qué clase de torneo se viene en Nueva York?