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Cerúndolo logra una remontada épica y deja a Fritz sin palabras en el US Open

Taylor Fritz salió a la pista como noveno cabeza de serie, finalista el año pasado y abanderado de la ilusión local. Salió mandando, pegando, dominando. Y terminó sin saber qué decir, sin entender cómo un partido que tenía encarrilado se le escurrió entre los dedos ante un Francisco Cerúndolo que se negó a rendirse en la Arthur Ashe.

El argentino, número 27 del cuadro, firmó una remontada monumental: 3-6, 4-6, 6-3, 6-4, 6-4 para meterse en octavos de final y añadir su nombre a una primera semana que está dinamitando la jerarquía del torneo.

Fritz había roto pronto en el tercer set. Dos mangas arriba, break de ventaja y todo el estadio oliendo a trámite. Pero el partido cambió de temperatura. Cerúndolo empezó a encontrar más pista con la derecha, a restar más profundo, a obligar al estadounidense a jugar siempre un golpe más. El público, que esperaba una victoria cómoda del héroe local, empezó a notar el giro.

El argentino se agarró al encuentro con un 6-3 en el tercer set que abrió una grieta. Después, golpeó de nuevo: 6-4 en el cuarto, 6-4 en el quinto, imponiéndose en los intercambios largos y soportando la presión de cerrar ante un jugador que ya había saboreado la final en Flushing Meadows.

Al terminar, Fritz apenas encontraba explicación: “No sé ni qué decir. No quiero hablar con nadie, ni ver a nadie. Necesito irme un par de días y volver al trabajo. No sé cómo he dejado que pase esto hoy”.

El lamento de alguien que sabía que el cuadro se había abierto como pocas veces para él.

Un cuadro que se rompe por todos lados

La derrota de Fritz no fue un caso aislado, sino otro capítulo de un caos creciente en la parte alta del cuadro masculino. Menos de una hora después, el quinto cabeza de serie, Flavio Cobolli, también se desplomó.

El italiano arrancó sólido, se llevó el primer set en el desempate, 7-6 (7-4), y parecía tener el control. Pero se descompuso ante Alexander Blockx, que le dio la vuelta al duelo con un marcador contundente: 6-7, 6-3, 6-0, 6-3 para el belga. A partir del tercer set, Cobolli desapareció: perdió ese parcial en blanco en apenas 20 minutos y ya no encontró respuestas.

“Creo que mi energía estaba un poco más baja que otros días. Me sentía más tenso y quizá más cansado”, admitió Cobolli, que no puso excusas y reconoció el mérito de su rival. “Alex es muy buen chico fuera de la pista. Mereció ganar, y ganó”.

La consecuencia es clara: Cerúndolo y Blockx se jugarán ahora un puesto en cuartos de final. Un cara a cara impensable para muchos cuando se realizó el sorteo, pero perfectamente lógico en este US Open que está derribando favoritos a un ritmo inusual.

El golpe inicial: Djokovic, fuera a la primera

El terremoto, en realidad, empezó desde el primer día. La mayor sorpresa del torneo no llegó en la segunda semana, sino en el estreno: Novak Djokovic, cuarto cabeza de serie y a un paso de la historia, cayó ante Mariano Navone.

El serbio perseguía su 25º título de Grand Slam, un registro sin precedentes. Se encontró, en cambio, con una derrota a cinco sets ante el número 49 del mundo que lo dejó entre lágrimas y dejó el cuadro huérfano de su gran favorito desde el minuto uno.

Poco después se sumó otra víctima ilustre: Arthur Fils, décimo cabeza de serie, se despidió también a las primeras de cambio. El francés cayó en cuatro sets ante Stefanos Tsitsipas, ex número tres del mundo, que volvió a mostrar su colmillo en las grandes citas.

La lista de bajas de peso siguió creciendo. El tercer cabeza de serie, Felix Auger-Aliassime, se marchó en segunda ronda frente a Karen Khachanov. En ese mismo escalón cayó el sexto cabeza de serie, Alex de Minaur. Demasiado pronto para tantos nombres grandes.

Todo eso parecía allanar el camino para Fritz y Cobolli. Sin Jannik Sinner en el cuadro y con Carlos Alcaraz aún en plena readaptación tras su lesión de muñeca, el horizonte se despejaba para un posible campeón inesperado. En Estados Unidos, la ilusión por un nuevo título local 23 años después de Andy Roddick volvía a sonar con fuerza.

Esa esperanza sigue viva, pero ya no pasa por Fritz. Él sabe que ha dejado escapar una oportunidad de oro en su Slam de casa.

Zverev, ante una autopista hacia la final

Las derrotas de Fritz y Cobolli han dejado un paisaje insólito en la parte alta del cuadro. Junto al primer cabeza de serie, Alexander Zverev, solo quedan dos jugadores del top 20: Learner Tien, 14º preclasificado, y Jakub Mensik, 17º. Se enfrentan entre sí el viernes.

La lectura es evidente: Zverev podría plantarse en la final sin cruzarse con un solo top 10 y sin ver a nadie del top 20 hasta las semifinales. Un escenario que, en un Grand Slam, roza lo inverosímil, pero que refleja el derrumbe masivo de favoritos en apenas una semana.

En un torneo que empezó hablando del récord de Djokovic y del regreso de Alcaraz, la historia empieza a girar hacia otro eje: quién sabrá aprovechar el caos.

Jornada agridulce para el dobles británico

Entre tanto sobresalto en el cuadro individual, el dobles dejó una mezcla de sonrisas y frustración para los representantes británicos.

Arthur Fery y Joshua Paris avanzaron con una victoria trabajada por 6-4, 5-7, 6-4 ante la pareja formada por Anirudh Chandrasekar e Ivan Liutarevich. Partido largo, apretado, resuelto con temple en el tramo final.

Neal Skupski, junto a su compañero estadounidense Christian Harrison y como quintos cabezas de serie, también cumplió con autoridad: 6-0, 7-6 (7-3) ante los franceses Arthur Reymond y Luca Sanchez, combinando un primer set arrollador con un segundo mucho más cerrado.

No todos pudieron celebrar. David Stevenson y Marcus Willis se quedaron a las puertas, derrotados por los undécimos cabezas de serie, Sadio Doumbia y Fabien Reboul, por 5-7, 7-6 (7-2), 6-3, en un duelo que se les escapó tras ganar el primer parcial.

Mientras el dobles sigue su propio camino, la gran historia del US Open masculino se escribe en un cuadro que ha perdido a sus referencias y se ha llenado de oportunidades. Algunos ya las han dejado escapar. Otros, como Cerúndolo o Blockx, acaban de descubrir que el torneo, de repente, les mira de frente.