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Davor Suker y su impacto en el fútbol de Hong Kong

Hace dos años y medio, recién aterrizado en la Asociación de Fútbol de Hong Kong, el entonces nuevo director técnico John Morling lanzó una pregunta que sonó casi a desafío: mirando a Croacia, se preguntó en voz alta: “¿por qué no podemos ser nosotros?”.

El referente no era menor. Un país de menos de 4 millones de habitantes, que en menos de tres décadas se ha plantado en una final de la Copa del Mundo y en otras dos semifinales. Un modelo de resiliencia, talento y estructura que ha logrado competir con gigantes demográficos y económicos.

Ahora, uno de los símbolos de esa historia, Davor Suker, asoma en el horizonte futbolístico de Hong Kong. No como goleador, sino como figura de referencia. El exdelantero de Real Madrid y Arsenal, héroe de aquella generación croata de 1998 que alcanzó las semifinales del Mundial, ha sido nombrado presidente honorario del club Eastern District, de la Hong Kong Premier League.

El movimiento ha sorprendido a más de uno. Hong Kong, con 7 millones de habitantes y anclado en el puesto 156 del ranking mundial, sigue lejos de cualquier sueño de clasificación a una Copa del Mundo, incluso con un formato ampliado a 64 selecciones. La llegada de Suker, por tanto, se lee menos como un golpe de efecto inmediato y más como una apuesta simbólica: importar ideas de un país que ha sabido maximizar cada recurso.

Suker no aterriza en un territorio desconocido. Durante sus nueve años al frente de la Federación Croata de Fútbol, forjó una relación estrecha con Eric Fok Kai-shan y Timothy Fok Tsun-ting, actual y expresidente de la Asociación de Fútbol de Hong Kong, China. Esos lazos personales han allanado el camino para su desembarco en Eastern District, en un rol sin poder ejecutivo directo, pero con un evidente peso de imagen y experiencia.

Su etapa como presidente de la federación croata terminó en 2021, dejando un legado difícil de ignorar: bajo su mandato, Croacia alcanzó la final del Mundial de 2018, confirmando que lo de 1998 no había sido un accidente aislado, sino parte de una cultura competitiva arraigada.

Ahora, la gran incógnita es cuánto de esa cultura puede trasladarse a un contexto tan distinto como el de Hong Kong. ¿Puede el fútbol de una ciudad-estado que mira de lejos los grandes torneos encontrar inspiración real en la ruta croata o se quedará en un gesto protocolario? La respuesta, esta vez, ya no depende solo de las palabras, sino de lo que Eastern District y todo el ecosistema del fútbol hongkonés estén dispuestos a hacer con la figura de Davor Suker.