logo

Denver Nuggets y el caso de Jonas Valanciunas: decisiones financieras clave

Los Denver Nuggets han puesto precio a su margen de maniobra. Y el nombre que aparece en la factura es Jonas Valanciunas.

El pívot lituano, veterano de 14 temporadas en la NBA, fue cortado en julio tras solo un año en Denver, pese a tener en el horizonte un contrato de 10 millones de dólares para la campaña 2026-27. Sobre el papel, era un seguro de calidad detrás de Nikola Jokic. En la práctica, su situación contractual y el nuevo mapa salarial de la liga lo convirtieron en un lujo difícil de sostener.

Un contrato que no desaparece, se estira

La última pieza del puzle ha llegado a finales de agosto. Según informó Michael Scotto (HoopsHype), los Nuggets han decidido acogerse a la regla de estiramiento con el salario restante de Valanciunas: los 2 millones de dólares no garantizados que quedaban para 2026-27.

Traducido al día a día de la franquicia: en lugar de asumir esos 2 millones de golpe en un solo curso, Denver repartirá esa cantidad en tres años, pagando algo menos de 700.000 dólares por temporada hasta 2028-29.

No es una jugada espectacular. No cambia el cartel del equipo ni decide una serie de Playoffs. Pero sí moldea el techo de cristal que ahora mismo condiciona cada movimiento de la franquicia. Es dinero muerto en el tope, sí, aunque rebajado desde los 10 millones iniciales que habría supuesto mantener su contrato íntegro como suplente.

El matiz clave está ahí: el acuerdo de Valanciunas no era totalmente garantizado. Eso abrió una puerta que Denver no dudó en cruzar.

Un suplente fiable atrapado por el segundo apron

Sobre la pista, Valanciunas cumplió. En la temporada 2025-26 disputó 65 partidos con los Nuggets, firmando 8,7 puntos, 5,1 rebotes y 1,2 asistencias por noche, con un 58,2% en tiros de campo, todo ello en poco más de 13 minutos de juego.

Producción sólida. Eficiencia alta. Un pívot grande, con oficio, capaz de sostener minutos de calidad cuando Jokic descansaba. Cualquier entrenador lo firmaría.

El problema no estaba en el jugador, sino en el contexto.

Denver es ahora mismo la única franquicia de la NBA que supera el temido segundo apron, esa segunda barrera del impuesto de lujo que convierte cada dólar extra en una losa competitiva. Mantener a Valanciunas por 10 millones para un rol de 13 minutos por partido significaba, en la práctica, pagar mucho más que esos 10 millones cuando se suman las penalizaciones y las limitaciones asociadas al nuevo convenio colectivo.

La dirección deportiva eligió el camino frío pero lógico: cortar el contrato no garantizado, asumir un impacto menor en el tope salarial y ganar algo de oxígeno para completar una plantilla ya de por sí apretada.

Un lastre ligero hasta 2028-29… a cambio de aire inmediato

La decisión tiene un coste a largo plazo: el nombre de Jonas Valanciunas seguirá figurando en los libros de Denver hasta la temporada 2028-29, pese a no vestir ya su camiseta. Tres años de pequeños pagos, tres años de una cantidad modesta que seguirá ocupando espacio en el tope.

A cambio, los Nuggets logran lo que buscaban ahora: aliviar la presión del segundo apron y abaratar su masa salarial para 2026-27 en más de un millón de dólares respecto a lo que habría supuesto mantener el acuerdo original. Es un ajuste fino, casi quirúrgico, en una estructura financiera que ya no admite errores.

No es el tipo de movimiento que llena titulares en verano, pero sí el que define cómo compite un aspirante en el nuevo ecosistema económico de la NBA. Denver ya ha elegido: menos peso en el banquillo, más margen en la calculadora.

La pregunta es si, cuando lleguen los minutos calientes de la próxima postemporada, echarán de menos a ese pívot fiable que ahora solo existe en su contabilidad.