Desafíos del Manchester United Femenino tras la salida de Skinner
El Manchester United femenino tocó techo hace apenas unos meses. Bajo el mando de Marc Skinner levantó su primer gran título en 2024 y se asomó por primera vez a los cuartos de final de la Champions League. Parecía el inicio de algo. Una plataforma para consolidarse entre la élite.
Hoy, el paisaje es otro. Skinner ya no está. El equipo es colista de la Women’s Super League, con peor diferencia de goles que el recién ascendido Charlton. Tras años de construcción paciente, la sensación es de retroceso evidente.
Los números son tozudos: el United atraviesa su racha más larga sin ganar en liga desde su refundación en 2018, seis partidos. Solo van dos jornadas, sí, pero ambos encuentros han destapado problemas profundos. Dos golpes muy duros para Eva Olid nada más aterrizar, que colocan el foco sobre su figura desde el primer minuto.
Sería injusto cargar todo el peso sobre la nueva entrenadora. Ha heredado una plantilla, un contexto y un techo que se venía bajando desde antes. Tras el 5-0 encajado ante Chelsea, Olid dejó una frase que retrata el estado de ánimo: “No me gustan las cabezas agachadas. Cabeza arriba y tenemos que seguir”. Necesita aferrarse a esa rebeldía. No le queda otra.
Lo que sí puede cuestionar es el respaldo que recibe. Y ahí la mirada se dirige hacia arriba. La falta de confianza que transmite el equipo sobre el césped parece un reflejo exacto de la tibieza del club con su proyecto femenino.
El giro estratégico del United este verano ha sido claro: apostar por la cantera y abaratar costes en lugar de reforzarse con talento contrastado. Ese cambio de rumbo, más contable que competitivo, fue uno de los motivos que empujó a Skinner a la salida, envuelta en un “acuerdo mutuo” que sonó más a resignación que a convicción. El técnico dejó claro que quería más herramientas. No las tuvo.
El desafío que afronta Olid ha quedado desnudo en solo dos partidos. El United ha igualado el registro de menos disparos de un equipo no recién ascendido en las dos primeras jornadas, empatando con el Leicester del curso pasado, que acabó descendiendo. Es un dato que va mucho más allá de un mal día: habla de un equipo que apenas amenaza.
Hay margen para la adaptación a un nuevo cuerpo técnico, por supuesto. Pero el contexto no ayuda. El United no ha ganado ninguno de sus 14 partidos de WSL contra Chelsea. Lo de este fin de semana no fue una anomalía estadística, sino la enésima entrega de una misma historia: el United no sabe ganar a Chelsea.
Lo que sí es inusual es el tamaño de la brecha. Perder de cinco no entra en la normalidad de un club que, con Skinner, había construido una base sólida. Esa estructura ahora parece tambalearse. Y el calendario no concede tregua: el próximo sábado espera Arsenal, en directo por televisión, con tanto por corregir que cuesta saber por dónde empezar. Quizá, simplemente, ya no haya más margen para caer más bajo.
Para Olid, el tiempo para las excusas se ha terminado antes casi de empezar.
Chelsea se sacude las dudas… con Lauren James como arma total
En el otro lado del ring, la victoria de Chelsea tuvo algo de aviso al resto de la liga. Venían de dejar escapar dos puntos ante Aston Villa, señaladas por no rematar un partido que tenían en la mano. La respuesta fue contundente. Casi cruel.
El United fue un rival complaciente, sí, pero el despliegue de las de Sonia Bompastor no admite matices. “Cuando tienes la oportunidad de hacer daño de verdad a un equipo, la mejor forma de respetarlo es marcar todos los goles que puedas”, explicó la entrenadora. Chelsea no tuvo piedad. El fuerte devoró al débil. Exhibición de un bloque de élite ante un conjunto que hoy parece muy lejos de ese nivel.
Lauren James volvió a ser la gran diferencia. La futbolista que altera partidos por sí sola. Esta vez, además, arropada por un entorno que funcionó como un reloj. El juego se canalizó por los pies de Keira Walsh, mientras Sjoeke Nüsken y Wieke Kaptein dominaron los duelos en la medular, imponiéndose una y otra vez.
Por fuera, Katie McCabe y Ellie Carpenter no dejaron de atacar los espacios, estirando el campo para que James pudiera recibir por dentro, donde más daño hace. Desde atrás, Lucy Bronze se permitió incluso lanzar balones al último tercio desde el centro de la zaga. Y casi todo lo que llegaba a la zona caliente terminaba en los pies de James.
El dato lo explica mejor que cualquier adjetivo: 19 disparos en dos jornadas, récord de la liga. James se está convirtiendo en un falso 9 temible, una solución de emergencia de lujo cuando las delanteras puras no llegan por lesiones o por falta de forma. Bompastor tiene ahí una carta ganadora, pero sabe que no puede abusar de ella cada fin de semana. Un plan tan dependiente de una sola figura se vuelve previsible con el tiempo.
En el horizonte inmediato aparecen Arsenal y, después, Lyon en Champions League. Rivales que no conceden los mismos espacios ni las mismas dudas que el United. Ahí se verá si este Chelsea es solo un martillo contra equipos frágiles o una máquina fiable en las grandes noches.
Georgia Stanway, la brújula que necesitaba el Arsenal
Entre tanto ruido, una jugadora ha empezado la temporada con una discreción engañosa: Georgia Stanway. Su regreso a la WSL, después de su etapa en Bayern Munich, trae de vuelta a una futbolista distinta a la que se marchó en 2022. Más completa. Más influyente con balón.
Su estreno con Arsenal fue una declaración de intenciones: 98 pases completados en su debut. Tras las dos primeras jornadas, solo la central del Liverpool Grace Fisk la supera en pases totales, 194 por los 194 de Stanway, de los cuales 91 han sido hacia el último tercio. Nadie en la liga ha afinado tanto en esa zona del campo.
Esa precisión cambia el mapa ofensivo del Arsenal. Reduce la dependencia de Mariona Caldentey como única gran generadora por dentro y abre líneas de pase que antes no existían con tanta continuidad. Contra Crystal Palace, Stanway creó cuatro ocasiones claras. Más que suficiente para que el marcador se hubiera movido.
Alessia Russo, sin embargo, no tuvo su día. Falló lo que normalmente no perdona. Pero si la línea de suministro se mantiene a este nivel, las ocasiones volverán. Y los goles, también.
En un campeonato que se decide por detalles, Arsenal ha encontrado en Stanway algo más que una centrocampista de calidad: una brújula. La pregunta es si el United, hundido en el fondo de la tabla, está preparado para resistir esa precisión milimétrica el próximo fin de semana.




