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Emma Raducanu y su regreso inspirado por Andre Agassi

Emma Raducanu busca el camino de regreso a la cima con un viejo conocido del tenis como brújula: el libro de Andre Agassi.

Cinco años después de aquel US Open que cambió su vida y sacudió el circuito, la británica, entonces una adolescente de 18 años salida de la fase previa, se aferra ahora a las páginas de la autobiografía del estadounidense publicada en 2009. No por nostalgia, sino por necesidad competitiva.

De Nueva York al abismo físico

Raducanu irrumpió en 2021 como un meteorito. Primera jugadora en la era Open que, partiendo de la fase de clasificación, conquista un Grand Slam. Un título de cuento. Una presión descomunal desde el día siguiente.

En julio de 2022 ya figuraba en el número 10 del ranking mundial. Hoy, con 23 años, aparece en el puesto 98. El talento sigue ahí; el cuerpo, no siempre. Una fractura por estrés en la parte baja de la pierna derecha la dejó fuera del último US Open, otra muesca en una secuencia de problemas físicos que no le dan tregua.

Su pretemporada se vio alterada por una lesión en el pie. Después, dos meses y medio fuera de las pistas por una enfermedad post-viral a principios de año. Cada vez que intenta tomar impulso, algo la frena.

Y, aun así, cuando el cuerpo le permite competir, la calidad asoma. En junio, en Queen’s Club, firmó una de las mejores semanas de su carrera, alcanzando su final más importante desde aquella hazaña en Nueva York. Una señal de que el tenis sigue vivo. Falta continuidad.

Agassi, del número uno al 141… y vuelta

No es casual que Raducanu se haya enganchado al relato de Andre Agassi. El estadounidense también fue un prodigio precoz. Ganó el primero de sus ocho grandes en Wimbledon 1992, con 22 años. Parecía el inicio de un dominio sin fisuras.

No lo fue. Entre sus años dorados se abrió un agujero: cuatro temporadas sin levantar un Grand Slam, un desplome hasta el puesto 141 del mundo, una relación tóxica con el propio deporte. Justo ahí, en ese descenso, se ha detenido Raducanu.

“Me intrigó especialmente el pasaje en el que sale de su bache a finales de los noventa creando su propio plan de entrenamiento y encontrando el camino de vuelta a la cima”, explicó la británica a Uniqlo. “Habla en profundidad de sus éxitos tempranos y de los bajos que alcanzó, quizá como consecuencia de ellos. Mucho de eso me resultó muy cercano”.

Agassi escribió su libro con una intención clara. Que su historia sirviera de espejo a otros.

“Es maravilloso escuchar que cualquiera pueda identificarse”, afirmó el estadounidense en BBC Breakfast. “Literalmente, la esperanza era que si una persona lo leía y le daba esperanza, algunas herramientas para entender que no está sola, que puede encontrar la manera y llegar a un lugar más sano sin tener que dirigir su frustración contra el tenis, entonces para mí era un éxito. Así que, escuchar que 17 años después todavía puede impactar a alguien, especialmente en este deporte, me hace sentir bien”.

Consejos desde la experiencia

No se trata solo de inspiración literaria. También de consejo directo. Agassi, uno de los pocos en la historia que ganó los cuatro Grand Slams y el oro olímpico individual en los Juegos de 1996, sabe lo que supone vivir dentro del torbellino.

Preguntado por qué le diría a Raducanu, fue claro: “La animaría a centrarse en ser la mejor versión de sí misma cada día, pero sin juzgar eso por los resultados ni pensar que de algún modo tiene que estar al 100%. Tienes que aprender a ser el 100% de cualquier porcentaje en el que estés y estar cómoda con tu propia identidad dentro de eso, no con lo que dice la gente”.

Ahí asoma otro matiz generacional. “En mi época, podía simplemente dejar el periódico y no leerlo. Ahora parece más difícil para estos chicos evitarlo”. Las redes sociales no perdonan. El ruido es permanente. El margen para aislarse, mínimo.

El peso de una infancia dirigida

La relación de Agassi con el tenis nunca fue sencilla. No fue un amor a primera vista, ni mucho menos. Su padre, obsesionado con fabricar un número uno, lo presentaba a los demás como “el futuro número uno del mundo”. Aquella etiqueta, lejos de impulsarlo, lo atenazó.

Esa presión, reconoce, lo llevó a jugar “con miedo”. Solo cuando cayó del número uno al 141 sintió que podía reconectar con el deporte en sus propios términos. Desde ahí, desde el fondo del pozo, construyó la versión más sólida y madura de su carrera.

En paralelo, puso en marcha una fundación para ofrecer educación a niños en situación vulnerable. Un proyecto que, según él, también le ayudó a reordenar prioridades. “Tuve más éxito desde ese punto en adelante que cuando jugaba desde el miedo”, admite.

Por eso, su mensaje a los padres es tan contundente como simple: “Lo primero que aconsejaría a un padre es que piense que no es su vida, es la de su hijo. Crías a un niño según su camino y nunca se apartará de él. Solo tienes que averiguar cuál es ese camino”.

Un aviso que encaja con la historia de Raducanu, empujada muy pronto al foco mundial y obligada a madurar en público, entre lesiones, expectativas y cambios constantes.

Un capitán en Londres y una alumna en reconstrucción

Mientras Raducanu sigue reconstruyendo su cuerpo y su tenis, Agassi regresa a la primera línea en otro papel. Esta semana será el capitán de Team USA en la Laver Cup, en The O2 de Londres, del 25 al 27 de septiembre.

“El tenis es una especie de rueda de hámster: el hecho de que estos chicos hagan hueco en su calendario para jugar este evento increíble te dice lo grande que es”, subrayó. “Obviamente jugamos contra Team Europe, en Europa, así que no sé dónde va a estar el corazón del público. Pero sé una cosa: van a ver un tenis espectacular”.

Raducanu, mientras tanto, sigue leyendo, entrenando y esperando que su cuerpo le permita competir con continuidad. Ya sabe que el camino de vuelta no es lineal. Agassi lo escribió hace años: se puede caer del cielo al puesto 141 y volver. La cuestión, para ella, es si podrá transformar la lección en su propia segunda vida en la élite.