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El enigma comercial del Tottenham Hotspur Stadium

En una Premier League plagada de marcas, hay un gigante que sigue yendo por libre. Desde que abrió sus puertas en 2019, el Tottenham Hotspur Stadium mantiene un detalle casi anacrónico en el fútbol moderno: su nombre no lleva patrocinador.

Mientras Arsenal juega en el Emirates Stadium y Manchester City en el Etihad Stadium, en el norte de Londres el coloso de los Spurs sigue siendo, simplemente, Tottenham Hotspur Stadium. Nada de logo en el rótulo. Nada de apellido comercial.

Cuando el estadio se inauguró en los últimos meses de la temporada 2018-19, muchos en el sector daban por hecho que el cambio de nombre sería cuestión de tiempo. El plan parecía evidente: estrenar la nueva casa, cerrar un gran acuerdo de patrocinio y rebautizar el recinto para apuntalar las finanzas del club.

Han pasado más de siete años desde que el Tottenham se instaló allí. El estadio se ha consolidado como una de las grandes arenas multifuncionales del país, capaz de albergar conciertos de primer nivel y partidos de la NFL, además del fútbol. Y, sin embargo, el nombre sigue intacto, limpio de marca.

No es que el club haya renunciado a esa vía de ingresos. No hay avances significativos ahora mismo en la venta de los naming rights, pero la puerta no está cerrada. Al contrario: en el despacho se asume que, a largo plazo, encontrar un patrocinador para el estadio forma parte del proyecto.

Un portavoz del club lo resume con crudeza económica en declaraciones a BBC Sport: aumentar los ingresos comerciales es crucial para seguir siendo competitivos sin salirse de los límites de las normas financieras. En un contexto en el que cada libra cuenta, el nombre del estadio es un activo demasiado valioso como para ignorarlo.

Desde dentro se insiste en que la obtención de un patrocinador para el recinto es “una parte clave del conjunto más amplio de oportunidades” que se ofrecen a posibles socios. El argumento es claro: el derecho a organizar hasta 30 grandes eventos no futbolísticos al año eleva el atractivo y el valor de cualquier acuerdo de naming rights. No se trata solo de fútbol, sino de un escenario global, con calendario casi todo el año.

La dificultad está en el mercado. El club asume que compite en una industria feroz, rodeado de entidades con las mismas aspiraciones y con estadios igualmente modernos. En ese entorno, el Tottenham marca una línea roja: solo se sentará a negociar en serio con marcas “respetadas y reconocidas” que encajen con los valores del club y que, además, aporten algo tangible a la experiencia del aficionado.

Mientras el gran acuerdo de nombre no llega, el Tottenham explora otras fórmulas. Ha lanzado “The Collective”, un nuevo programa de patrocinio pensado para activar acuerdos a medida en cada grada del Tottenham Hotspur Stadium. Sports Illustrated se ha convertido en el primer socio dentro de esta iniciativa, una señal de que el club busca exprimir cada rincón comercial del recinto sin precipitarse con el activo más visible: el nombre del estadio.

La pregunta ya no es si el Tottenham venderá algún día los naming rights de su casa. La cuestión es cuánto tiempo más podrá permitirse el lujo —o el riesgo— de que uno de los estadios más modernos del mundo siga sin apellido en una liga donde casi todo, tarde o temprano, acaba teniendo marca.