Epic Remontada de Botic van de Zandschulp en el US Open
Durante unos segundos, Arthur Gea tuvo el US Open entre las manos. Un punto. Un solo punto le separaba de convertirse en el primer “lucky loser” de la historia en alcanzar los cuartos de final de un Grand Slam. Tres horas después, estaba eliminado, exhausto y con la sensación de haber dejado escapar algo irrepetible.
El francés, de 21 años, dispuso de bola de partido en el ‘tie-break’ del tercer set ante Botic van de Zandschulp, dominó el cuarto hasta tener la oportunidad de cerrarlo al saque y, sin embargo, acabó cayendo por 3-6, 6-7 (0-7), 7-6 (9-7), 7-6 (7-3) y 6-4 tras cinco horas y 13 minutos, en el cuarto partido más largo registrado en Flushing Meadows.
Del milagro de la repesca al golpe más duro
La historia de Gea en este US Open ya era singular antes de que la pelota echara a volar en la pista. Número 87 del mundo, su ranking no le alcanzó para entrar directamente en el cuadro principal. Tuvo que pasar por la clasificación. Era el primer cabeza de serie de la ‘qualy’ y, aun así, se quedó fuera: perdió en la última ronda ante el estadounidense Nishesh Basavareddy.
Parecía sentenciado a los 66.000 dólares del premio por la previa. Entonces se abrió una puerta inesperada. La baja por lesión de Casper Ruud, finalista en 2022, le rescató como “lucky loser” en la víspera del torneo. Gea saltó al cuadro principal sin nada que perder y con un cuadro que fue derribando a base de tenis valiente: primero Juan Manuel Cerundolo, luego Zachary Svajda y después Michael Zheng. De la nada a los octavos de final.
Frente a Van de Zandschulp, el guion volvió a sonreírle al inicio. Se llevó el primer set por 6-3, manejó con autoridad el segundo y lo remató con un ‘tie-break’ perfecto, 7-0. El holandés, número 70 del ranking, parecía desbordado. Pero los grandes partidos, en Nueva York, rara vez se rinden tan pronto.
La bola de partido que lo cambió todo
El tercer set se convirtió en una batalla de nervios. Gea siguió golpeando primero, mantuvo la iniciativa, llegó al ‘tie-break’ y ahí, otra vez, se puso por delante. Tuvo bola de partido. El punto que habría escrito su nombre en los libros de historia.
No la convirtió.
Van de Zandschulp sobrevivió, se aferró a cada intercambio y acabó volteando el desempate 9-7. El impacto psicológico fue inmediato. El francés, que hasta entonces había jugado suelto, empezó a sentir el peso del momento. Aun así, encontró fuerzas para volver a mandar en el cuarto set. Sirvió para cerrar el partido. Tampoco entonces pudo dar el golpe definitivo.
La presión, esta vez, cambió de lado. El holandés olió la duda, subió un peldaño en agresividad y se adueñó del cuarto ‘tie-break’ por 7-3. El quinto set ya fue otra historia: el físico, la cabeza y la inercia se alinearon del lado de Van de Zandschulp, que cerró el parcial definitivo por 6-4 y completó una remontada que él mismo definió como un “crazy comeback” y de la que, según admitió, no tenía “ni idea” de cómo la había logrado.
Gea se marcha como el décimo tercer “lucky loser” que se queda en octavos de final de un Grand Slam. No habrá hazaña deportiva, pero sí un salto económico monumental: de los 66.000 dólares que creía haber asegurado en la previa a los 480.000 por alcanzar la cuarta ronda. Un consuelo frío tras rozar la gesta.
Zverev, a cuartos sin trasnochar
La recompensa de Van de Zandschulp será mayúscula: un cruce de cuartos de final ante Alexander Zverev, primer cabeza de serie en Nueva York y campeón de Roland Garros este año. El alemán, a sus 29 años, firmó un día casi inédito en su torneo: ganó sin necesidad de estirar la noche hasta la madrugada.
Zverev superó con autoridad al italiano Luciano Darderi, cabeza de serie número 21, por 6-2, 6-2 y 7-6 (7-3). Un triunfo sólido, directo, con apenas turbulencias en el tercer set, y con un detalle llamativo: terminó antes de la medianoche. Un lujo para alguien que venía de encadenar tres partidos con finales a las 1:55, 2:15 y 1:09 de la madrugada.
Con humor, el alemán deslizó que no sabía qué hacer con tanto tiempo libre tan pronto y bromeó con la posibilidad de volver a entrenar o incluso salir a un bar. Más en serio, dejó claro su deseo: quiere volver al turno nocturno el miércoles ante Van de Zandschulp. Aseguró que ha “alquilado” la pista de 23:00 a 2:00 durante dos semanas y que espera seguir siendo protagonista del horario estelar.
Blockx aguanta el dolor y hace historia para Bélgica
La jornada dejó otra historia de resistencia, esta vez con acento belga. Alexander Blockx, cabeza de serie número 28, confesó que estuvo “muy cerca” de retirarse por lesión ante Francisco Cerundolo. Se llevó el partido por 6-3, 4-6, 7-5 y 7-5, con molestias constantes en las costillas y una lucha interna contra el dolor que se fue agudizando con el paso de los juegos.
El belga, de 21 años, explicó que sufría sobre todo al sacar y que el malestar no dejaba de crecer. Llegó a plantearse seriamente abandonar, y reconoció que, de haber perdido el tercer set, las opciones de retirada habrían sido muy altas. No se rindió. Aguantó, encontró huecos cuando más dolía y acabó firmando el mayor resultado de su carrera: primer cuarto de final de Grand Slam y, además, el primer tenista belga en alcanzar los cuartos en Nueva York.
Si el cuerpo responde, Blockx se medirá el miércoles a Karen Khachanov, número 50 del mundo. El ruso también necesitó cinco sets para seguir vivo: 7-5, 4-6, 6-7 (6-8), 6-1 y 6-4 ante el estadounidense Learner Tien, decimocuarto cabeza de serie, que perseguía un hito para el tenis local.
Tien aspiraba a formar parte de un cuarteto histórico: cuatro estadounidenses en los cuartos de final del US Open masculino por primera vez desde 1995. Khachanov apagó ese sueño con una reacción contundente en el cuarto set y temple en el quinto.
Mientras la noche caía sobre Flushing Meadows, el torneo dejaba una certeza: en Nueva York, los partidos no se acaban cuando alguien sirve para ganar. Se acaban cuando el rival deja de creer. Y algunos, como Gea, aprenderán esa lección de la forma más cruel posible.




