logo

Fabio Wardley defiende a su entrenador Ben Davison tras críticas

Fabio Wardley no solo piensa en recuperar su título mundial. También quiere limpiar el nombre de su entrenador. El británico ha salido en defensa de Ben Davison después de la oleada de críticas que ha sacudido al técnico tras la derrota de Moses Itauma frente a Filip Hrgovic en el O2 Arena de Londres.

El sábado, Itauma, con solo 21 años, rozó la historia. Dominó a Hrgovic durante ocho asaltos, lo llevó al límite, impuso ritmo, potencia y ambición. Pero pagó un precio altísimo: se vació. En el noveno, el cuerpo ya no respondía. Exhausto, desfondado, quedó a merced del croata hasta que su esquina decidió tirar la toalla.

Antes del combate, el joven había reconocido que jamás había hecho 12 asaltos en sparring. Tras la derrota, ese detalle se convirtió en munición. Las miradas se giraron hacia el gimnasio, hacia Davison, hacia la planificación. Las redes y los corrillos del boxeo cargaron contra el entrenador.

Wardley, que también trabaja con Ben Davison, sabe lo que es perder de forma cruel. Contra Daniel Dubois, en su primera pelea, vivió un guion parecido: gran inicio, dominio, castigo… y gasolina agotada en la parte final. Cayó en el undécimo asalto, sin toalla, con el árbitro deteniendo la pelea. Ahora se prepara para la revancha del 17 de octubre, con el objetivo de recuperar su cinturón WBO y, de paso, reivindicar a su equipo.

Para él, las críticas a Davison rozan lo absurdo.

“Sí siento que es mi turno”, aseguró Wardley, después de mostrar plena confianza en que Itauma acabará siendo campeón mundial. “Es mi turno de hacer mi parte por el gimnasio. Mi turno de demostrar, porque me he visto abrumado por la cantidad de críticas que ha recibido y casi en estado de shock. No conozco a otro entrenador en el boxeo británico que reciba tantos palos después de una derrota”.

La palabra que elige para definir ese ruido es contundente: “delirante”.

“Me resulta desconcertante, es delirante para mí. Si acaso, eso me ha echado un poco más de gasolina al fuego. Es como: ‘Vale, perfecto, sin problema. Os voy a enseñar lo que nosotros, el equipo, Ben Davison, lo que todos podemos hacer. Os lo voy a demostrar. Me lo cargo a los hombros. Lo llevo yo, sin problema’”.

La gestión de la esquina, en el punto de mira

La comparación entre los finales de Itauma y Wardley ha alimentado el debate. A uno le pararon la pelea con la toalla en el noveno; al otro le dejaron seguir hasta que el árbitro intervino en el undécimo. Dos noches duras, dos decisiones distintas, un mismo banquillo bajo escrutinio.

Wardley, sin embargo, no duda ni un segundo de los suyos.

Insiste en que su esquina actuó “a la perfección” frente a Dubois. Y no habla desde la teoría, sino desde una relación larga, construida a base de horas de gimnasio y noches complicadas.

“Lo repetiré una y otra vez: la gente en mi esquina no es nueva”, explicó. “No estoy cambiando de entrenador a entrenador, pasando de uno a otro que no me conoce. He tenido a Robert Hodgins, que ha sido mi entrenador desde que empecé. Y lo digo desde la primera vez que me puse unos guantes. Confío en ese hombre con mi vida”.

La lealtad se extiende a Davison.

“Lo mismo con Ben Davison. Está conmigo desde hace cinco, seis, quizá ya casi siete años. También confío en ese hombre. No son gente nueva. No son tipos frescos, inexpertos o que no me conozcan. Me han visto en sparrings duros. Me han visto en peleas duras, en momentos difíciles y en grandes ocasiones. Conocen mi durabilidad, lo que puedo soportar y cómo puedo salir por el otro lado”.

El entorno de Wardley no ve improvisación ni falta de criterio. Ve experiencia, conocimiento del boxeador y decisiones tomadas con información real, no desde el sofá.

Frank Warren pide reflexión

Desde la promotora, la lectura es más matizada. Frank Warren, jefe de Queensberry y responsable de la carrera de Itauma, también salió en defensa de Davison, aunque dejó claro que habrá que revisar lo ocurrido.

Warren subrayó que el perfil mediático de Davison, presente en grandes veladas y al lado de nombres importantes, lo convierte en blanco fácil. Cuanto más grande el escenario, más alto el volumen de las críticas cuando algo sale mal. Aun así, no esquivó el análisis.

“En lo que respecta a Ben, tendremos una charla”, admitió Warren. “Hay ciertas cosas que vi en la pelea y que vi esa noche que, obviamente, hay que tratar”.

El promotor puso el foco en la gestión del ritmo de Itauma frente a Hrgovic. Para él, el joven británico pisó el acelerador desde el primer segundo… y nunca levantó el pie.

“Hay que saber manejar una pelea. Lo que hizo fue subirse al ring, pisar el acelerador, meter la marcha larga y no soltarla”, describió Warren. “Nunca salió de ahí; nunca volvió al jab, a moverse, a tomárselo con calma, a tranquilizarse. Si simplemente se hubiera limitado a boxear… ¿Qué era, ocho asaltos arriba en todas las tarjetas? Todo lo que tenía que hacer era boxear”.

La lectura es clara: el talento está, la ventaja existía, pero faltó gestión. Faltó pausa en medio de la tormenta.

Wardley, mientras tanto, ha decidido convertir la crítica en gasolina. Su revancha con Dubois ya no es solo una pelea por un cinturón. Es también un juicio silencioso a un gimnasio, a un equipo y a un entrenador que, entre golpes y reproches, se juega algo más que un título: su crédito en la élite del boxeo mundial.