Fouzi Lekjaa y el litigio con Senegal: La batalla por la CAN 2025
Fouzi Lekjaa no se mueve un milímetro. A tres semanas de la audiencia clave en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS), el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol mantiene una línea dura en el pulso jurídico con Senegal por la final de la Copa Africana de Naciones 2025. Para él, no es una batalla política ni diplomática. Es una cuestión de reglamento, de principios y de autoridad en el fútbol africano.
En una extensa entrevista con la revista Jeune Afrique, cuyos pasajes más destacados fueron retomados por el diario Al-Shorouk, Lekjaa desgranó la estrategia de Marruecos, su lectura del conflicto con Senegal y, en paralelo, la ambición de su país de albergar la final del Mundial 2030. Dos frentes distintos, un mismo discurso: respeto absoluto a las normas… y defensa férrea de los intereses marroquíes.
El litigio con Senegal: una final que sigue jugándose en los despachos
Lekjaa insiste en que la posición marroquí en la crisis de la final de la CAN no está contaminada por consideraciones políticas ni por equilibrios de poder en la Confederación Africana de Fútbol. Según su relato, todo se sostiene en el reglamento de la competición y en el concepto de juego limpio.
El núcleo del conflicto, tal y como lo expone el dirigente, se sitúa en el comportamiento de la delegación senegalesa durante la final, cuando jugadores y cuerpo técnico abandonaron el terreno de juego. Para Marruecos, ese gesto no es un simple episodio de tensión competitiva: es una infracción directa de las normas que rigen las competiciones internacionales.
Lekjaa subraya un punto que considera clave: tras aquellos incidentes, la FIFA modificó parte de su marco disciplinario para endurecer las sanciones en casos similares. Para el presidente marroquí, ese movimiento del organismo mundial refuerza su tesis: las reglas existen para proteger la integridad de las competiciones y no pueden relativizarse según el contexto o el rival.
Con ese argumento, la Federación Real Marroquí de Fútbol ha optado por una vía estrictamente legal. Lekjaa remarca que el organismo seguirá recurriendo a las instancias competentes para “proteger sus derechos” y garantizar que el reglamento se aplique de forma uniforme a todas las partes. No hay intención de negociar en los pasillos. La batalla se libra en los tribunales deportivos.
8 de octubre: una fecha clave, pero no definitiva
La audiencia ante el CAS, fijada para el 8 de octubre, se presenta como un punto de inflexión, pero Lekjaa se encarga de rebajar la expectativa de una resolución inmediata. No es, advierte, necesariamente el día del veredicto final.
El dirigente marroquí recuerda que el procedimiento ante el CAS suele ser largo, con posibles audiencias adicionales y un análisis detallado del expediente antes de que llegue una decisión firme. En otras palabras, el caso puede prolongarse durante meses, mientras Marruecos se mantiene anclado a su postura inicial: que el desenlace del litigio sirva para blindar el respeto a los reglamentos en el fútbol continental e internacional.
No se trata solo de ganar un caso. Para Lekjaa, el mensaje es más amplio: fijar un precedente que disuada comportamientos que, a su juicio, socavan la credibilidad de las grandes competiciones.
Marruecos mira al Mundial 2030
Del conflicto jurídico a la gran vitrina global. Lekjaa cambia de registro, pero no de tono, cuando aborda el Mundial 2030, que organizarán Marruecos, España y Portugal. Aquí también habla de normas, de procesos y de legitimidad.
El presidente asegura que Marruecos se ha alineado con todos los procedimientos marcados por la FIFA: visitas de comités de inspección, criterios para la elección de estadios y ciudades, cumplimiento de plazos y exigencias técnicas. Cada paso, insiste, se ha dado dentro del marco establecido.
En ese contexto, Lekjaa defiende con firmeza el derecho de su país a pugnar por la organización de la final. Marruecos, recuerda, es el representante del continente africano en este proyecto tripartito, y esa condición le otorga, a su juicio, un peso específico en la candidatura para el partido más importante del torneo.
Su mensaje es claro: la ambición de acoger la final no choca con el respeto a las reglas. Marruecos jugará con el reglamento en la mano, pero no renunciará a su aspiración de ver el partido decisivo del Mundial 2030 disputarse en suelo marroquí.
Infantino, la gobernanza y el poder en el fútbol mundial
En la parte final de la entrevista, Lekjaa se adentra en un terreno más político: su apoyo a Gianni Infantino. Un respaldo que, en el tablero del fútbol internacional, nunca es neutro.
El dirigente marroquí explica que su alineamiento con el presidente de la FIFA nace de una convicción: el fútbol puede servir como puente entre pueblos y culturas. Infantino, en su visión, encarna un proyecto que apuesta por esa dimensión global e integradora del juego.
Eso no significa, matiza, un cheque en blanco. Lekjaa subraya que el apoyo al máximo dirigente del fútbol mundial no implica renunciar a la exigencia de mejorar la gobernanza dentro de la propia FIFA. Reclama más equilibrio, más transparencia y estructuras más sólidas en la gestión del fútbol a escala planetaria.
Su discurso se aleja de los personalismos. Dice mirar menos a los nombres y más a los principios y a las instituciones. Aboga por construir un sistema robusto, capaz de gestionar los intereses cruzados de federaciones, confederaciones, clubes y organismos internacionales sin perder de vista el bien común del juego.
Entre el litigio con Senegal, la carrera por la final del Mundial 2030 y su posicionamiento en la política del fútbol global, Lekjaa se coloca en el centro de varios ejes de poder. La pregunta es evidente: ¿hasta dónde puede llegar Marruecos en este nuevo mapa del fútbol mundial si la justicia deportiva y la FIFA terminan avalando su hoja de ruta?




