Frances Tiafoe logra remontada épica en el US Open
Arthur Ashe Stadium volvió a ser el escenario de una de esas noches que se quedan grabadas. Frances Tiafoe, con el público neoyorquino detrás y el marcador completamente en contra, se negó a irse a casa. Perdía por dos sets ante Alex Michelsen y terminó ganando uno de los partidos más salvajes de su carrera: 5-7, 3-6, 7-5, 6-3, 7-6 (10-6). Vuelve así a las semifinales del US Open por tercera vez en su trayectoria.
Lo que parecía una despedida se convirtió en una declaración de carácter.
Del abismo al éxtasis
Durante dos sets, el duelo entre estadounidenses tuvo dueño claro. Michelsen mandó con autoridad: 7-5, 6-3. Controlaba los intercambios, imponía ritmo y jugaba con la soltura del que no tiene nada que perder. Tiafoe, agarrotado, sin encontrar el tiempo de bola ni la precisión, veía cómo el partido se le escapaba punto a punto.
El giro llegó tarde, pero llegó. En el tercer set, Tiafoe empezó a leer mejor el saque de Michelsen, a alargar los peloteos, a obligarle a jugar un golpe más. El 7-5 que cerró ese parcial no solo le dio aire; cambió el tono de la noche. Michelsen, que había manejado el encuentro con madurez, empezó a sentir el peso del escenario.
El cuarto set fue la confirmación. Tiafoe ya jugaba con otra velocidad, otra confianza. Se adueñó de la pista, atacó con más decisión y se llevó el parcial por 6-3, calcando el marcador que había sufrido en contra al inicio. De 0-2 a 2-2. Arthur Ashe despertó del todo.
Un ‘super tie-break’ para la historia
El quinto set se jugó con la tensión propia de un Grand Slam. Michelsen llegaba con un dato demoledor: 0-5 en partidos a cinco sets en su carrera. Tiafoe, más curtido en estas batallas, acumulaba un 11-17 en ese mismo terreno. La experiencia pesaba, pero las piernas ya iban al límite.
Ninguno cedió su saque. Cada turno de servicio era un pequeño examen de nervios. Todo terminó abocado al super tie-break definitivo.
Ahí, Tiafoe dio el primer zarpazo. Tomó ventaja pronto y llegó a mandar 7-4. Michelsen, lejos de hundirse, apretó una vez más y recortó hasta colocarse a un solo punto. El estadio contuvo la respiración.
Entonces apareció el Tiafoe más agresivo. Sacó un cañonazo a 135 millas por hora directo a la línea, un ace que le devolvió el control del marcador. En el punto siguiente, un resto fallido de Michelsen le dejó a un paso del triunfo. Y en la bola de partido, Tiafoe encontró un passing paralelo por la línea, limpio, inapelable. Victoria sellada. Arthur Ashe estalló.
En la red, la imagen fue tan potente como el resultado: Michelsen, roto, llorando en brazos de Tiafoe. El veterano consolando al joven que había tenido el partido en sus manos. El tenis, en estado puro.
Respeto y ambición
Tiafoe no escondió lo duro que había sido el duelo ni el nivel de su rival. Reconoció que Michelsen le había “jugado un partido durísimo”, que le dio “algunos regalos” al inicio de la remontada, suficientes para que él encontrara poco a poco su ritmo. Subrayó, sin dudar, que Michelsen es “un jugadorazo” y que “perfectamente podría haber ganado hoy”.
Lo que quedó claro es que Tiafoe no solo sobrevivió físicamente a cuatro horas y 40 minutos de batalla. También superó un examen mental mayúsculo, levantando dos sets en contra en un escenario donde la presión multiplica cada error.
Ahora le espera un muro aún más alto. En semifinales se medirá al ganador del duelo entre Ben Shelton y Carlos Alcaraz, un choque de estilos explosivos que definirá su próximo obstáculo camino a la final. Tiafoe, pese al desgaste, ya avisó que no piensa perderse ese espectáculo: ha jugado casi cinco horas, pero se sentará a ver quién será su siguiente reto.
La pregunta, después de una noche así, ya no es si Tiafoe puede competir con cualquiera. Es otra: ¿hasta dónde está dispuesto a llevar esta versión indomable de sí mismo en Nueva York?




