Harriet Dart rompe su sequía en Grand Slams en Nueva York
Harriet Dart necesitaba algo más que tenis para salir del agujero. Encontró una grada llena de familia, una ciudad que siente propia y una victoria que llevaba 19 meses persiguiendo. En Flushing Meadows, la británica remontó ante la local Peyton Stearns y se metió en segunda ronda del US Open con un 3-6, 6-3, 6-2 que sabe a desahogo.
No ganaba un partido de cuadro final en un grande desde la segunda ronda del Australian Open 2025. Desde entonces, un vía crucis: se quedó fuera de cuatro de los siguientes seis majors en la fase previa y cayó a la primera en las dos últimas ediciones de Wimbledon pese a entrar con invitación. Una jugadora acostumbrada a remar, pero con la sensación de no llegar nunca a la orilla.
En Nueva York, volvió a elegir el camino largo.
Remontada con acento familiar
En la pista, Stearns, más de 75 puestos por encima de Dart en el ránking, empezó mandando. La británica tuvo cuatro bolas de break en el primer juego del partido y no aprovechó ninguna. La estadounidense cerró la puerta y ya no volvió a conceder otra opción en todo el set inicial. Presionó sin descanso el saque de Dart y logró el break en el octavo juego para firmar el 6-3.
El guion parecía el mismo de tantas otras veces. Pero alrededor de la pista, algo era distinto. En la grada estaban sus padres, su tío, varios primos. Un pequeño núcleo de apoyo repartido por la ciudad, que Dart define como su “casa lejos de casa”. Su madre la acompañaba desde la fase previa; su padre había aterrizado la noche anterior. Su tío y unos primos residen en Nueva York, otra prima había volado desde Reino Unido. No era un partido cualquiera. Era casi un encuentro de familia.
El arranque del segundo set fue un nuevo golpe: Dart perdió de nuevo su servicio en el primer juego. Pero Stearns empezó a deshilacharse. Su agresividad se convirtió en precipitación. Terminó el partido con 40 golpes ganadores, pero también con 47 errores no forzados. Dart olió la grieta y se metió por ahí. Devolvió el break, apretó desde el resto y se llevó dos roturas para igualar el duelo con un 6-3 que cambió por completo la atmósfera.
El sello de Bartoli y un tercer set de carácter
La británica llegó a este US Open tras un camino áspero incluso en la previa: tres partidos, tres veces a tres sets, remontando también tras perder el primero ante Kristina Penickova y Heather Watson. Nada de eso la desanimó. Más bien la endureció.
Desde enero trabaja con Marion Bartoli, campeona de Wimbledon 2013, ahora integrada en su equipo técnico. La mano de la francesa no se ve en un solo golpe, sino en la forma de gestionar los días largos, los partidos que se tuercen, los momentos en que la cabeza pesa más que las piernas. Dart lo explicaba con claridad: Bartoli entiende “cómo empieza y cómo termina el día, de las cosas pequeñas a las grandes”. Esa experiencia, dice, la está empujando a mejorar y la mantiene motivada.
En el tercer set, esa mezcla de oficio y resistencia mental marcó la diferencia. El inicio fue un intercambio de golpes nervioso, con tres breaks consecutivos que mantenían el marcador en el alambre. El partido olía a batalla psicológica. Entonces, en el sexto juego, Dart cerró un turno de saque clave. Aguantó, se sostuvo, frenó la racha de roturas. Ese juego fue el ancla.
A partir de ahí, la número 131 del mundo tomó el control. Leyó mejor los tiros de Stearns, castigó cada error y se adueñó de los intercambios largos. Necesitó cuatro bolas de partido para cerrar la victoria, en algo menos de dos horas y media, pero no tembló cuando más quemaba la raqueta. El último punto desató una carrera directa hacia su equipo, hacia ese pequeño círculo que ahora también incluye a Bartoli.
Nueva vida en un escenario conocido
Esta victoria no llega aislada. Se suma a los cuartos de final en el Challenger de Vancouver en julio y a la clasificación para el cuadro del Cincinnati Open en agosto. No son trofeos, pero sí señales de una tendencia. De una jugadora que, tras un tramo oscuro, empieza a encadenar resultados.
Ahora le espera la cabeza de serie número 25, Marie Bouzkova, en segunda ronda. Un reto mayor, sí, pero también una oportunidad para comprobar hasta dónde alcanza este nuevo impulso.
Dart ya ha cumplido un primer objetivo: romper la barrera que la perseguía desde hace casi dos años en los grandes escenarios. Y no lo ha hecho sola. Lo ha logrado en una ciudad que siente como propia, rodeada de los suyos, con un equipo reforzado y una ex campeona de Wimbledon a su lado.
Se une así a sus compatriotas Toby Samuel y Katie Boulter en la segunda ronda del US Open. En un torneo que suele medir más la resistencia que el brillo puntual, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llevarla esta nueva versión, sostenida por una comunidad que ruge su nombre en Nueva York?




